Nicaragua:Rosario Murillo: el poder detrás, abajo arriba y delante del presidente

JUAN FERNANDO LARA S. jlara@nacion.com
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, tiene una ventaja en el ejercicio de su cargo de la cual otros mandatarios no pueden jactarse: su esposa, Rosario Murillo, le maneja el 50% del Gobierno.

Murillo junto al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en el Palacio Miraflores en Caracas en enero del 2008. En la vida diaria del país, la primera dama de Nicaragua comparte el ejercicio del Gobierno con su esposo.

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Cables de la Embajada de EE. UU. en Managua filtrados por WikiLeaks, indican que “la Chayo”, como se le llama en su país, centraliza bajo su control todas las comunicaciones oficiales del Gobierno, a menudo escribe comunicados de prensa de ministerios específicos y ordena al ministerio que los emita sin edición alguna.

Ella, personalmente, aprueba (o niega) todos los viajes al extranjero para funcionarios gubernamentales y controla todo el presupuesto estatal de publicidad.

La sede agrega que cualquier ministro que se atreva a hablar en público sin su permiso explícito “es rápidamente eliminado”.

Su poder es tal que, el 13 de junio del 2008, el decreto 26-2008 publicado en el diario oficial La Gaceta de ese país garantiza a Murillo control de todos los programas sociales e instituciones del Estado.

La prensa nicaraguense posteriormente denominó a Murillo “co-presidenta”, dada la declaración de Ortega que un 50% del poder del Gobierno reside en la gestión de su esposa de la política pública, detalla el embajador Robert Callahan en uno de sus despachos a Washington de julio del 2008.

“Murillo es también coordinadora de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC). A través de este decreto, Ortega esencialmente fusiona la gestión de los Consejos con los programas sociales del Gobierno, haciendo más borrosa la distinción entre el Gobierno, los CPC y el partido”, afirma Callahan.

Desde la toma de posesión de Ortega el 10 de enero del 2007 quedó claro quién manda en Managua.

El equipo del Ministerio de Asuntos Exteriores que participó en la planificación y logística de la ceremonia expresó exasperación con Murillo por introducir cambios de último minuto sin consultar.

“Funcionarios de la embajada asignados a la delegación de EE. UU. vieron de primera mano el estilo de gestión errática de Murillo y su tendencia a controlar los acontecimientos, reuniones y fiestas en el transcurso de la inauguración”, anota un despacho diplomático.

En los cables se dice de Murillo que nació el 22 de junio de 1951 y fue educada en Francia: habla francés e inglés y es “extremadamente brillante, instruida y articulada”.

“Murillo es una gran creyente en el espiritismo, una hipocondríaca, y, poniéndolo suavemente, luce un vestuario ecléctico”, agrega otro despacho de marzo del 2007 del entonces embajador de EE. UU. en Managua, Paul Trivelli.

Antes de involucrarse en el movimiento sandinista, fue profesora de lenguaje y trabajó diez años como asistente del fallecido periodista Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa.

Ortega y Murillo, apunta la embajada en un despacho de marzo del 2007, han estado juntos desde 1970 y “ella es su más cercano confidente”. La pareja se casó legalmente en el 2006.

Desde cuando era jefa de campaña de Ortega para la elección del 2006, la Embajada la veía como “el poder detrás del trono” pasándole notas a su esposo y susurrando en su oído indicaciones.

Sin embargo, la presencia de Murillo en el Gobierno, no ha estado exenta de fricciones.

En un despacho de setiembre del 2008, se señala que la primera dama “es odiada tanto por la base del partido (el Frente Sandinistas ) como por muchos otros en la jerarquía del partido”.

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