ESA HIPÓCRITA IZQUIERDA “REVOLUCIONARIA”…


Por: Guillermo Illuminati

Por Guillermo Illuminati para el Informador Público

Tenía yo entonces diez años y había comenzado a tomarle el gusto a la lectura e indagar en una gran variedad de temas, y así sucedió que un día me puse a hurgar en un arcón que mi tío había traído de su querida y lejana Italia. Era oriundo de un antiguo pueblo (Pausola) en el que todos eran socialistas. Hasta el cura párroco lo era, según me contó.

Así, entre sus libros, encontré uno titulado “La Revolución desfigurada”, de León Trotsky y estaba escrito en italiano. El tío -soltero y hermano de mi padre-, vivía con nosotros y esa noche, durante la cena, le pregunté quién era Trotsky.

Primero me miró en silencio un largo rato. Quizás en esa pausa recordaba su época de estudiante en esa Italia que el primer cuarto del siglo pasado hervía de socialistas revolucionarios y anarquistas que querían cambiar el mundo en que vivían.

Y luego, casi con tristeza, me dijo: “Deja de leer esas porquerías. Ahí tienes para leer, muchacho, unos libros de Manzoni y Leopardi que, al menos, no te llenarán la mente de mentiras”.

Él sabía de qué hablaba pues había padecido por portación de sus ideas, a manos de los grupos de choque de Mussolini y tuvo que irse fugado de su Patria porque peligraba su vida. En ese último período de persecuciones sufrió varias decepciones por la defección oportunista de muchos correligionarios. Por tal motivo llegó a la Argentina en busca de otra forma de vida más tranquila, olvidado de sus tiempos revolucionarios.

Le pregunté: “¿Por qué son porquerías, tío?” Y él me dijo: “Mirá, cuando avances y conozcas un poco más la historia contemporánea, te vas a encontrar con algunas sorpresas, como éstas:

* Que casi ninguno de los más importantes ideólogos y activistas del socialismo revolucionario (o izquierda) proviene de la clase obrera ni fue proletario de las fábricas.

* Que casi todos fueron intelectuales surgidos de una clase media ilustrada y económicamente acomodada.

* Que ninguno de ellos, a pesar de que siempre se apoyaron en las organizaciones obreras y alegaban luchar por éstas, supo alguna vez lo que es trabajar ni conoció los duros rigores del trabajo. Casi todos fueron mantenidos y vividores de la política, a los cuales nunca se les vieron nunca callos en las manos ni transpirar algo más que la camiseta.

* Que hasta sus símbolos contenían grandes mentiras, como es el caso de la hoz y el martillo, que representan el esfuerzo del trabajo. Y si no, que alguien diga en qué talleres o fábricas trabajaron -y ganaron su pan con el sudor de su frente- Marx, Engels, Lenín, Stalin, Trotsky y muchos más.

* Que en la Primera y Segunda Internacional de anarquistas y socialistas, tampoco encontramos a alguno que haya sido un auténtico obrero. Todos fueron hijos de familias de buen pasar económico y pudieron estudiar en las mejores universidades y seminarios católicos. No hay ninguno que haya salido de un taller o una fragua, como aprendiz. Todos fueron discípulos de la gran corriente intelectual europea que es y ha sido enemiga del orden natural y la filosofía realista,

* Que todos estos ideólogos como Lafargue, Bebel, Gramsci, Jaurés, Bakunin, Bernstein, Malatesta, etc., supieron lo que es alimentar y sostener una familia con el exiguo salario de un obrero. Sólo fueron unos vividores y charlatanes que usaron al proletariado como un trampolín para llegar al poder político.

* Que a todos ellos les ha gustado llevar cómodas vidas de oligarcas. Hablaban de la dignidad del trabajo y de los trabajadores, mientras ellos se cuidaban muy bien de romperse el lomo como el sufrido y explotado obrero al que decían defender, pero con el cual no tenían similitud o cercanía alguna.

Estas palabras que oí de mi tío no las he olvidado. Y, con el tiempo, pude comprobar y constatar hechos que le daban la razón. Como es el caso de uno de los principales jerarcas socialistas de la Argentina, un gran “defensor” de los obreros, hablando de los obreros como si fuera uno de ellos y era dueño de la más grande cadena de conventillos de Buenos Aires, en donde aquéllos vivían miserablemente.

En este mismo orden de cosas, hay una que nunca la termino de entender y que me hace preguntar: “¿Cuándo y dónde trabajó ese médico argentino con tan lustrosos apellidos: Ernesto Guevara Lynch de la Serna? Ni siquiera trabajó como médico. Ni hablar del otro sátiro asesino de Fidel Castro, quisiera saber cuándo y dónde trabajó. La respuesta es un silencio rotundo. Sólo se sabe que siempre ha vivido como un rico oligarca, una suerte de “sultán caribeño” en medio de una isla de pobres desarrapados.

Y ayer, leyendo sobre los chanchullos y desaguisados de esa tenebrosa asociación Bonafini-Schoklender, volví a recordarme de mi tío y de los supuestos revolucionarios que dicen defender a la humilde clase trabajadora y terminan viviendo como plutócratas y magnates. ¡Cuánta falsía! No tengo ya dudas: en manos de estos revolucionarios “idealistas” o de esta “izquierda progresista” la clase trabajadora seguirá cada vez más pobre, desprotegida y engañada.

Córdoba, 17 de junio de 2011.


About these ads