LOS CUATRO GATOS LOCOS, Y LA PAPA CALIENTE.
Lo de “papa caliente”, es algo así como un latiguillo que solía utilizar un viejo sicólogo, ya fallecido, a quien recuerdo con profundo cariño y gratitud. Le comento que allá por el 1993, elaboré la idea del suicidio. Lo que todavía no tengo del todo claro es si me salvó la vida, o me la encarajinó.Y con ésto de modo alguno pretendo hacer la apología del suicidio, así me sepa enrolado en la doctrina de los estoicos de la antigüedad, y los moralistas pesimistas y materialistas de los tiempos modernos que sostienen la legitimidad del acto. Punto.
Por supuesto que hoy, ya transitando “la recta final” de la vida, prefiero abrazarme a la “muerte digna”, hoy legalizada por el Poder Legislativo de la Nación, así sea muy poco lo que conserve de honorable…me refiero al Poder.
¡Sí!; me vuelvo a ir un poco al carajo…me vuelvo a dispersar, tal cual lo hacemos esos cuatro gatos locos, dispuestos a ganar la calle para decirle a éste Gobierno, que la corrupción, el odio, la mentira, la perversidad, el delito criminal que sostiene por acción u omisión, ha provocado un estallido que poco tiene de social, remitiéndose a los ovarios, y a los testículos de “cuatro gatos locos”, que pretendemos sacarnos de encima semejante “papa caliente”, que era para aquel viejo sicologo, la causal de la que uno debía desembarazarse, para desalentar el pasaje de semejantes ideas, habitualmente emparentadas con la depresión supina.
De todos modos, y como para no volver a comenzar a elaborar la idea del suicidio, me concedo el beneficio de suponer que “el resto de los indignados”, carecen de la capacidad de sobreponerse al “miedo que paraliza y desalienta el compromiso con la Patria”, así tenga la convicción que los grandes hombres o las grandes mujeres, están hechos, justamente para los grandes desafíos.
Ricardo Jorge Pareja











































