ES COMO QUE DE REPENTE…
…nos damos cuenta que los años han transcurrido vertiginosamente. Volvemos la cabeza hacia atrás en el recuerdo, y asumimos que la vida es demasiado corta, o no le hemos dispensado la devolución que merecía. Y la vejez, esa que suponíamos tan lejana, nos enseña que siendo parte de ese tramo final, es capaz de regalarnos el beneficio de la reflexión que nos habrá de precipitar a ese balance implacable capaz de señalarnos hasta que punto hemos quedado en deuda con la misma. Y es como que de repente, nos damos cuenta que estamos dispuestos, no solo a asumirla, sino a disfrutarla con esa intensidad, a veces malgastada en la trivialidad, el impulso inconducente, el arrebato que golpea, la ceguera que no nos deja ver, la sumisión que nos deja sin dignidad.
Y entonces, la nostalgia se refugia en esos hijos ya hechos hombres; en esos nietos que nos proponen la regresión a ese tiempo pasado del que tan intensamente disfrutamos, o dejamos se escurriera de nuestras manos, como el agua cristalina de ese manantial de sueños. Es como que de repente, nos queremos apoderar de esos hijos que no nos pertenecen, que son hijos de la vida, como bien dice Gibrán Khalil Gibrán, en su obra cumbre, “El Profeta”, cuya lectura recomiendo, aún tratándose de un excepcional filósofo de raíz netamente oriental.
Es como que de repente, la Patria se nos vino encima, pasándonos esa factura con la que deberán cargar esos hijos, esos nietos. Hemos hecho muy poco por ella; nos hemos encargado de descansar sobre ella, en la convicción de esa supuesta invulnerabilidad, capaz de resistir hasta la más cruenta de las tropelías, obra de los humanos encargados de que a veces, y como de repente, reneguemos de nuestra condición.
Es como que de repente, descubrimos que el sagrado beneficio de la condición humana, nos pone de cara al más grande desafío. Ocurre que la condición humana, es auto inmune, y entonces no es capaz de quitarse de encima, a esos gérmenes nocivos que la contaminan, y hacen posible se convierta en una suerte de melange, donde conviven éstos con los bien nacidos. Aquellas películas que veíamos de pequeños, nos aseguraban que el bien, siempre prevalecía sobre el mal. Así debió haber sido; así debería ser. Pero esas mismas películas, nos enseñaban que para ello había que luchar, a veces muy fuertemente, a veces resignando la vida misma. Y entonces, es como que de repente nos damos cuenta que el héroe, ya fatigado, extenuado, reclama en silencio de nuestra ayuda, esa que le han dispensado y le dispensan, solo aquellos realmente comprometidos con esa devolución que tanto nos cuesta dispensar.
Es como que de repente, estoy transitando la vejez que tanto me ha costado asumir. Esa vejez a la que tanto temía, y hoy me permite hacer del compromiso, una obligación hasta anhelada. ¿Por qué no formar parte acaso, de esa comunidad a la que hasta el día de hoy, me he dedicado a contemplar, y forma parte de ésta, mi Patria querida, que al igual que el héroe, pero en agonía, me pide en silencio, le rescate del ataque de esos gérmenes nocivos, deleznables, quienes ya la han vejado, y ahora pretenden terminar con su existencia?. He tenido la desdicha de asistir a muchos funerales, hasta el de esa criatura de un año que llevaba mi sangre. ¡No estoy dispuesto a asistir a los funerales de mi Patria!; ¡no estoy dispuesto a renegar de mi condición, ni de todas las etapas que la vida me regaló, cuando la devolución, así sea mínima, me pone de cara a un desafío que estoy dispuesto a asumir.
Ricardo Jorge Pareja
parejaricardo@hotmail.com











































