Ese minúsculo 1% para el deporte olímpico


Los “proyectos nacionales” de “modernización y actualización doctrinaria” o el actualmente en boga, llamado de “inclusión social”, necesitan de ingentes fondos para sobrevivir. El dinero puede provenir de la privatización y estatización de empresas para obsequio de sindicalistas y empresarios muy amigos que inciertamente parecerían ser socios de los funcionarios; de la entrega del patrimonio nacional a precio vil; de la invasión de productos extranjeros confeccionados por manos de obra esclava; del festival de la emisión de bonos cuyos intereses usurarios son pagados puntualmente por los gobiernos a costa del esfuerzo de los argentinos; de la inmoral sobrefacturación en la obra pública; del dinero negro proveniente de gobiernos “amigos” de Argentina; del sostén de un escandaloso IVA al 21%; de la superposición de impuestos; de la no prestación de servicios esenciales o, por no detallar más despropósitos, de la continua confiscación de los fondos jubilatorios.A pesar de tan descarnado análisis, debe decirse que al igual que en la fábula del alacrán, el político medio no pueden hacer otra cosa porque el camino elegido se encuentra en su naturaleza, porque hasta su llegada al recinto o no ha trabajado – los menos – (si por trabajar se entiende lo que piensa la mayoría de las personas) o ha vivido en su estudio de la confrontación entre dos productores. Ése es uno de los grandes problemas argentinos a resolver: producción y ahorro vs. consumo y distribución. Son dos realidades antagónicas que se enfrentan en una guerra sin cuartel y en donde una de ellas, como un derecho de pernada de los tiempos modernos, está ordeñando a la otra como una vaca hasta secarle totalmente las ubres.En este orden de cosas, la Cámara de Diputados dio ayer media sanción a un proyecto impulsado por el reciente electo titular del Comité Olímpico que establece un impuesto a la telefonía celular del 1% para financiar el deporte de alta competición. Como se esperaba, la nueva imposición recaerá sobre la clase media debido a que sólo sufrirán el descuento aquellos usuarios que tengan abono en su teléfono celular y no los que han optado por el sistema de tarjetas prepagas, usado generalmente por los sectores de bajos recursos y adolescentes. Según los legisladores, el nuevo fondo será administrado por el propio presidente del Comité Olímpico, accionista a su vez de Telecom, empresa dueña de Personal, una de las compañías más importantes de telefonía celular.El proyecto peca de ligereza y exceso de populismo en su confección como asimismo de un posible desconocimiento del estado de los bolsillos de los contribuyentes. Si bien los economistas no suelen ocuparse de estas microscópicas imposiciones porque se encuentran sumergidos en las grandes cuestiones macroeconómicas que solo ellos entienden, el impuesto, por mínimo que sea, no deja de ser una gabela más que se suma a las ya existentes y que son exorbitantes. Debería ser, en todo caso, la gota que rebalsa el vaso o, si se prefiere, la última metida de mano en el bolsillo que acaba por desfondarlo.Creemos que en un acto carente de toda discriminación, cualquier argentino que haya jugado al fútbol o a la pelota al cesto debería estar en condiciones de administrar el millonario fondo recientemente creado. Es más, por qué no podrían crearse otros impuestos sobre la telefonía, el consumo de agua, la electricidad, el gas, el patentamiento de automóviles o combustible para la compra de radares para el espacio aéreo, aumentarle las renumeraciones a los jubilados, maestros, policías, enfermeros, inundados, piqueteros y a los niños pobres que tienen hambre o a los niños tristes que tienen tristeza. ¿O es que esos sectores no están necesitados como los deportistas de elite? ¿Tienen otra nacionalidad o es que acaso no existe un impuesto en la tarifa eléctrica para que los hermanos de Santa Cruz tengan una electricidad mejor? ¿Por qué no sancionar una ley para que el 1% de las ganancias de las telefónicas se destinen al deporte de alta competición?El deporte olímpico es la punta de la pirámide del deporte escolar y federado. Este último funciona en base a la dedicación y el dinero que aportan familiares y dirigentes sin ningún tipo de ayuda estatal. Así, a los ponchazos se forma deportivamente a la juventud. En ese campo son inexistentes las revisaciones médicas que muchas enfermedades podría prevenir, los gimnasios cerrados o los campos de deportes. Piénsese que la rica Ciudad de Buenos Aires no tiene una pista de atletismo comunal ni piletas olímpicas cerradas en cantidad suficiente donde puedan concurrir en forma recreativa los mayores o los alumnos de establecimientos primarios y secundarios. De las “clases” de Educación Física dictadas en estrechos tinglados y sin material didáctico, mejor no hablar.Hay que informarse mejor, no legislar al voleo por instancias del populismo deportivo, dejar de esquilmar al contribuyente porque en algún momento puede reaccionar y esperar que el Senado, con la sabiduría que ha mostrado últimamente, desapruebe esta demagógica ley.

Fuente:http://www.correodebuenosaires.com.ar/nota.asp?idnota=384

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