LOS ACTOS CUBANOS,por Esteban Fernandez.

 Calle 8,Little Havanna ,Miami

A los actos cubanos casi siempre van los mismos patriotas de siempre: “Las mismas caras”. Son los que demuestran un absoluto respeto por los organizadores que se han pasado más de un mes trabajando para darle lucidez al acontecimiento.

¿Cuales son los objetivos de los banquetes, reuniones, tómbolas, y hasta guateques criollos? Son dos: uno, mantener viva la llama de la causa cubana y muy en alto la antorcha de la libertad, y otro recoger fondos para poder seguir adelante en las actividades.

Es decir, que los anticastristas se ven obligados a darles comida y a veces hasta un show artístico a los asistentes, mejor que pedirles una contribución porque muy pocos la darán.

Los que estamos acostumbrados a estar asistiendo por medio siglo sabemos eso y entonces aunque un día el pollo lo encontremos medio crudo y la carne de puerco con pellejos y más dura que un palo NOS SONREÍMOS Y NO LANZAMOS NI LA MÁS LEVE CRÍTICA. No hacemos ni una lígera mueca.

Perfectamente estamos claros en que los que dan los actos no son cocineros, ni camareros, ni son oradores, ni cantantes, ni declamadores. Simplemente son militantes de Alpha 66, o de la Junta Patriótica o del CID o de los Ex Presos Políticos…

Ah, pero por esas cosas raras de la vida en determinados momentos asisten individuos que han vivido ajenos por completo al ajetreo patriótico y algunos son unos imprudentes y majaderos. No todos, desde luego.

Van al acto porque alguien los embulló, y creen que van a una pachanga, y que los que laboran en la fiesta son empleados de ellos. Y que los 50 dólares, por ellos y sus acompañantes, que dieron en la entrada los acredita a recibir un servicio especial de primera. Van a la Cofradía de la Caridad del Cobre con ínfulas de que van al Tropicana bajo las estrellas. Se sorprenden cuando tocan el Himno Nacional Cubano porque estaban esperando ver a las Mulatas de Fuego bailando.

Les voy a contar una de las poquitas discusiones que he tenido en un acto cubano. Fue en una verbena que daba una agrupación cubana. Me acerqué a la cantina donde estaba un grupo de compatriotas tratando de que les sirvieran urgentemente unas cervezas.

Uno gritaba: “Socio, dame una cerveza Heineken que llevo 10 minutos aquí esperando y me parece que me estás ignorando”… Otro decía: “Yo llegué primero y pedí hace casi media hora una Corona”…

Hasta ahí yo estaba escuchando las quejas con tremenda ecuanimidad, pero de pronto un hombre de unos 30 años dijo en voz alta: “No entiendo por qué ponen a un viejo cañengo a servir en la cantina en lugar de tener ahí a un joven bartender”…

Y como daba la casualidad que “el viejo cañengo” es uno de los cubanos más ilustre y patriota que ha dado el exilio californiano, llamado Antonio Rotella, ahí me le exploté al tremendo atrevido que lo estaba agitando y le dije:

“Es cierto que este caballero no es un cantinero profesional, es una persona de avanzada edad, pero no pertenece a esta organización sino que es dirigente de la Junta Patriótica y está ahí porque dondequiera que lo llamen a servir a la causa él nunca se niega, y tiene mas moral en las suelas de los zapatos que tú en tu cochina cara”… Hizo en alarde de fajarse pero los amigos que lo rodeaban los aguantaron.

Y así usted se encuentra con zangaletones y sus esposas criticando que el agua no está fría, que le falta sal a la carne, que los discursos estuvieron muy largos, que la próxima vez debían traer a Willy Chirino para amenizar el acto…

Por eso yo, mis estimados amigos, hace rato que asisto pero no organizo. Ya la época en que le servía de criado a los que no han disparado ni un chicharo en contra del castrismo de acabó. Pero aplaudo con todas mis fuerzas a los que estoicamente siguen manteniendo viva la causa cubana. Dios los bendiga.

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