Hebe de Bonafini – Las malas palabras,por Jorge D’Amario Cané

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“No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.” Vives, Juan Luis.

Las comunidades se reconocen por su lenguaje: su idioma, el sentido de lo que dicen y la forma de utilizar sus palabras. Y dentro del enorme grupo de palabras comunes, las de todos los días, las que sirven para manejarse en las escuelas, en el trabajo, en la calle, con la familia, etc. están las expresiones habituales que incluyen valores como el respeto, la consideración, la calidez, la bondad, la belleza, el amor, el afecto y otras tantas que indican virtudes, y el otro grupo de palabras que cada comunidad considera como las de la incultura, o sea, el de las palabras groseras, atrevidas, irrespetuosas, indignas, obscenas, toscas, ordinarias, brutas, de mal gusto, rayanas en lo despreciable, en lo ofensivo, en el insulto, en lo procaz.

Según el lenguaje empleado, podemos decir que una persona es culta o, cuanto menos, educada. Utiliza correctamente las buenas palabras y de buenas maneras.

Si utiliza todos los barbarismos y los términos callejeros de lo agresivo, lo vulgar, lo puerco, lo atrevido, lo que la mayoría define como lo grosero u obsceno, diremos que esa persona es una mal educada, porque para hablar mal de alguien, si se guardan las formas y las reglas de la urbanidad, se podrían decir cosas terribles pero con “estilo”.

En los últimos años, apreciamos una caída vertical de la cultura en general y, particularmente la de la expresión oral de nuestra sociedad. Palabras que cuando éramos chicos no oíamos decir ni a nuestros mayores, hoy las escuchamos dichas a viva voz, incluso, en los medios de difusión.

Cuando escuchamos criticar a un determinado hombre de la política expresándose “contra” un adversario, no es difícil percibir expresiones de total desprecio y absoluto menoscabo hacia el otro, definiéndolo como un imbécil, un estúpido, un mediocre, idiota o burro…

Por respeto a los burros, en tiempos pasados se mencionaba con respeto a estos inocentes y caprichosos animales. Ahora, cualquiera que odiemos es un burro aunque sea un ilustrado ciudadano. El único título que le cabe a ese ciudadano por los mal educados, no es el de ingeniero, doctor o escribano. Sólo es un ignoto burro.

Hemos llegado a niveles de verdadero jolgorio con las palabras que conocemos como malas, cuando oímos a gente vinculada al gobierno nacional que se expresa con liviandad, libertad, desvergüenza y desparpajo diciendo todas las atrocidades que se les ocurra, como si estuvieran encerrados en una habitación de cuatro por cuatro y entre amigos íntimos tan pequeños como ellos.

Un caso modelo para este análisis, es la Sra. Hebe de Bonafini, la Madre de Plaza de Mayo (línea Usurpadora), muy allegada al gobierno, cuando, por ejemplo, debió referirse a un funcionario del gobierno que ella misma defiende pero caído en desgracia, luego del accidente ferroviario de Once, cuando dijo de Juan Pablo Schiavi: “Me da vergüenza ajena que un funcionario sea tan pelotudo”…

Obviamente, la Sra. también se queja de todo y de todos, y especialmente de los jueces, a quienes injuria gratuitamente y falta el respeto con el desparpajo de los callejeros que no tienen códigos, ni cultura ni instrucción, y utilizan las palabras groseras con tanta facilidad como si dijeran bonito.

Por eso hace rondas en Tribunales diciendo estupideces ante el periodismo que todavía le da cabida, olvidándose de los papelones vividos con los “negociados” de las Madres de Plaza de Mayo (línea Usurpadora) y su nieto preferido Sergio Schoklender. En realidad, debiera esconderse y callarse la boca por una cuestión de dignidad, porque el día que los expedientes que llevan su nombre lleguen a manos de un Juez serio, aprenderá lo que es hacer una ronda… pero no fuera de tribunales, adentro y en calidad de detenida. Debiera agradecerle a la justicia que no la moleste porque, en realidad, ella todavía goza de libertad.

Al parlotear en otro acto público, con eximia locuacidad, como siempre, la Sra. dijo: “Hoy hay muchos que están acá, vorazmente, esperando a ver qué carajo va a decir la Hebe. Y se van a tener que morder la cola porque la Hebe lo único que quiere es que este país sea lo que querían nuestros hijos. Nuestros hijos dieron la vida, hay demasiada sangre para perder el tiempo en pelotudeces.” O sea: hoy la Argentina es un desastre, -como querían los hijos de las mujeres usurpadoras de Madres de Plaza de Mayo-, con un desgobierno político absolutista, donde abunda la droga, la prostitución a la que le llaman “trabajo”, con funcionarios corruptos y en libertad sin que a nadie se le mueva un pelo, porque “robar y delinquir de todas las formas posibles es parte de este juego de la moderna democracia instaurada”, que, seguramente y de acuerdo a la Sra. de Bonafini, “es lo que querían sus hijos”.

Al decir “cuánto falta por construir” en el país, la respetable sra. dijo textualmente, en su mejor lenguaje de hogar y familia: “Falta mucho construir, pero es mucho más lo que hemos hecho. Y si nosotros nos ponemos firmes, digo nosotros porque yo me considero todavía una pendejita y con los chicos de la Cámpora podemos hacer un gran lío”. La lengua española está de fiesta con una señora -una abuela- tan respetuosa de la lengua española y de las formas. Pero es cierto: mucho ha hecho Hebe durante este gobierno: levantó una Universidad por la que recibe carradas de dinero cuyo monto nadie conoce y nunca se blanquea para saber, por lo menos de quién es esa plata, y transformó a las usurpadas Madres de Plaza de Mayo en empresarias inmobiliarias.

Cuando atacó a los jueces de la Corte Suprema, Hebe de Bonafini gritó a los cuatro vientos: “Vamos a entrar a los Tribunales”… “A ver si se ponen las pelotas”.

La Dra. Argibay dijo “Esta Sra. habla un español muy raro… ¿Yo no sé qué pide cuando pide lo que pide?”

La Sra. de Bonafini debiera saber, en primer lugar, que no se debe “entrar a los Tribunales” a apretar a los jueces, porque hay un código mínimo de respeto y educación que debemos aceptar “democráticamente” todos los habitantes de la Nación. Lo que ella ha perdido y la presidenta y su séquito también, es que, constitucionalmente, el Poder Judicial de la Nación es independiente del poder Ejecutivo y del Legislativo, y que son, por ello mismo, los Jueces más probos y respetables del país. Si la justicia funcionara como lo desea la Sra. de Bonafini -y seguramente era lo que también sus hijos hubieran querido- el país ya estaría planeando en el abismo. Sin Justicia, dejaría de contar con uno de los “tres poderes que fundamentan la democracia”.

Seguramente, la respetable abuela, por la edad chochea, debe haber ido a una escuela hace muchos, muchos años, donde no llegó a aprender Educación Democrática ni leyó la Constitución Nacional y lo que dice sin conocimiento “corresponderá al cúmulo de adeudadas materias tras haber mamado tanta ignorancia y tanta lucha en los barrios pobres que se le pegó el estilo”.

Pero, andando el tiempo, nos hemos acostumbrado al perfil “culto” de nuestro gobierno: facturar aún manoteando la caja Fuerte del Banco Central, pese a estar prohibido por ley; atacar a los opositores y maltratarlos públicamente; atacar a los medios que no le son afines; mentir para afirmar una mentira anterior; hacer negocios con el Estado a espaldas de los ingenuos que “no quieren creer semejante infamia”; no pagar la deuda externa y echarle la culpa a los fondos “buitres”; perseguir a quienes poseen dólares para arrebatárselos con cualquier pretexto; haber recuperado la Fragata Libertad sin pagar un sólo dólar de las deudas argentinas que pagará el pueblo, como siempre; oír las diatribas en cadena nacional de la desestabilizada presidenta tan culta como la señora de Bonafini, que se expresa con tanta clarividencia; burlarse del pueblo con los miserables sueldos de jubilados, madres solteras, con los planes de Jefes y jefas de familia, y el resto de los vergonzantes planes sociales que han inventado. Y como si ello fuera poco, nos hemos acostumbrado a los escraches a los funcionarios públicos como Boudou en San Lorenzo (3 de febrero de 2013) y de Kicillof en Buque Bus, cuando eligió ir de vacaciones a Punta del Este no a Mar del Plata como el gobierno obliga al pueblo argentino a veranear. La mayoría de los argentinos ya no pertenece al mentiroso y falso 54% que le votó a la presidenta la última vez (y será sí la última vez), sino a la mayoría auténtica del pueblo argentino que ya no se “come la galletita” y no cree más en las fábulas de la mitómana presidenta aunque ella, por ahora, ha llenado de mármol su rostro y no se pone colorada para mentir cuanto más puede, lo cual ya es observado por la gente. De ahí los escarches.

Pronto, seguramente este juego de política libertina que como broma va para demasiado larga ya, y pronto, el desgobierno de Cristina, con Hebe, Kicillof, Boudou, la Cámpora, el Vatayón de la desvergüenza y otros grupitos, van a terminar con todos ellos juntos y abrazaditos como hermanos, como el juego campero de la taba, pero no cayendo del lado de la “suerte”, sino del reverso.

Jorge D’Amario Cane

Jorge D’Amario Cané

Director periodístico de Radiomercosur.com

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