La Carpeta de Iván

Cuando Román, un guantanamero alto y flaco, que lleva tres años residiendo clandestinamente en La Habana, siente deseos de sexo con antelación planifica sus juergas.

Luego de trabajar 12 horas vendiendo pacotilla textil y tenis de marcas piratas, en una feria montada en la calle Galiano que le reportan ganancias diarias entre 20 y 30 dólares, se va al cuarto precario que tiene alquilado por 40 dólares al mes en la barriada de San Isidro. Se baña y afeita. Se pone un jean vistoso y por todo el cuerpo se echa perfume fuerte y barato.

 

 

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