Andy P. Villa
Escritor
Prisión cubana. Foto: cortesía de Andy P. Villa.

(www.miscelaneasdecuba.net).- Hacer una exposición aquí de los tratos inhumanos y degradantes que sufren los cubanos en las prisiones de los Castro, las violaciones a los derechos humanos, las golpizas, las torturas, la falta de mínimas condiciones de vida, haría este artículo muy largo. Puedo decir, porque lo viví en 100 y Aldabó durante 40 días, que en esa prisión está PROHIBIDO:

– Leer o escribir nada en lo absoluto, todo tipo de libros, revistas,
papel, lápices. Incluso, se le quitan las envolturas y etiquetas a
jabones y desodorantes para que no se puedan leer ni los detalles de la marca o de su fabricación.

– Nada de comer ni de beber que no sea la comida de la prisión,
generalmente con olor a cucarachas y sabor indefinido, y el agua que sale por la tubería.

– Ropa para abrigarse o taparse y protegerse del frío, tanto en la
celda como en los interrogatorios a bajas temperaturas; tener acceso al aire libre o alguna forma de mitigar el calor insoportable.

– El acceso al agua para poder beber, bañarse, o limpiar el baño,
excepto en tres breves momentos al día.

– Cualquier tipo de juego o nada que sirviera para distraerse.

– El papel sanitario.

– Toda forma de comunicación con el exterior, cartas, llamadas
telefónicas, recados.

– Limpiar la celda con ningún tipo de utensilio, ni de producto
químico para limpieza.

– Salir de la celda, tapiada y cerrada herméticamente, en un espacio reducido de dos metros por tres metros y compartida con tres personas más, a no ser que fuera para ir a los interrogatorios.

El régimen cubano se ha cansado de criticar la «mala situación» en que se encuentran los cinco espías, llamados por ellos: «Los Cinco Héroes Prisioneros del Imperio». Pero es curioso que ellos mismos han comentado que constantemente hablan por teléfono, se intercambian correos electrónicos, que pasan el tiempo navegando en Internet, practican diversos deportes, escuchan la radio y ven noticias por televisión. Incluso, uno de ellos, Antonio Guerrero, aficionado a la pintura, dedica su tiempo a elaborar cuadros al óleo que después son expuestos en galerías cubanas, norteamericanas y de otros países…

Ya no digamos que los presos cubanos no pueden, ni de broma, disfrutar de esos privilegios. Tampoco los 11 millones de cubanos que están presos en la isla pueden tener acceso al correo electrónico, la Internet, televisión que no sea la del gobierno, materiales para confeccionar arte y mucho menos exponerlo en su propio país o en el extranjero.

Para que el lector saque sus propias conclusiones sobre las
diferencias que hay entre las prisiones de Fidel Castro y las de sus adversarios, reproduzco aquí fragmentos de una carta escrita el 4 de abril de 1954 por Fidel Castro, estando en el «Presidio Modelo» de Isla de Pinos, luego de haber asaltado un cuartel del ejercito cubano que resultó en decenas de muertos de ambos bandos. Lo que en la actualidad sería catalogado como un acto terrorista:

«Desde las seis de la tarde he estado leyendo una obra de Lenin. Tengo  hambre y puse a hervir unos espaguetis con calamares rellenos. Mientras, cogí la pluma para hacerte unas líneas más. No te había dicho que arreglé mi celda el viernes. Baldié el piso de granito con agua y jabón primero, polvo de marmol después, luego con lavasol, y  por último agua con creolina. Arreglé mis cosas y reina aquí el más  absoluto orden. Las habitaciones del Hotel Nacional no están tan limpias…

Me estoy dando ya dos baños al día obligado por el calor. ¡Que bien me siento cuando acabo! Cojo mi libro y soy feliz en ciertos instantes. Me han servido de mucho mis viajes por el campo de la Filosofía. Tanto Marx como Lenin tenían un terrible espíritu polémico, y yo aquí me divierto, me rio y gozo leyéndolos.

Me voy a cenar: espaguetis con calamares, bombones italianos de
postre, café acabadito de colar y después un H. Upmann 4, ¿No me envidias? Me cuidan, me cuidan un poquito entre todos, siempre estoy peleando para que no me manden nada. Cuando cojo sol por la mañana en shorts y siento el aire de mar, me parece que estoy en la playa, luego un pequeño restaurante aquí. ¡Me van a hacer creer que estoy de vacaciones!, ¿Qué diría Carlos Marx de semejante revolucionario?»

¿Qué opinan los lectores de semejante sinvergüenza?