CUBA en la memoria

Imagen:http://cubaenlamemoria.wordpress.com/2012/09/

No saben ustedes lo mucho que siento no haber tenido, durante mis 17 años vividos en Cuba, una buena cámara y haber fotografiado todos los momentos sagrados para mí. Gracias a Dios que me dio una magnifica memoria y una mejor imaginación e inventiva. Llevó en mi corazón y en mi cerebro hasta los olores sabrosos de mi Patria como los que despedían los Centrales Providencia y Amistad…

El principio, no quiero engañarlos, fue nebuloso. Un muchacho mayor, llamado Aris Caso, me contaba – y todavía hoy lo asegura- que fue un 16 de septiembre del año 44 cuando una cigüeña me dejó en la casa de una comadrona llamada Eulalia. Dice que mi madre, Ana María, lucía muy adolorida, mientras mi padre decía sin quitarse su tabaco Pita de la boca: «¡Tiene pinta de pelotero, va a ser primera base del Almendares, voy a tratar que Andrés Fleitas le de un vistazo!»…

Sin embargo, como siempre he padecido de «precosidad retardada» como mi amigo Güicho Crónico, poco a poco voy acordándome de algunas cosas ¿A usted no le pasa, que muchísimas boberías, sin apenas importancia, que hizo, o vio, o sintió, en Cuba, se han convertido en «históricas» con el pasar de los largos años en el destierro? No me pasaba por la cabeza, ni tenía la menor idea, de que cada paso que yo diera allí iba a convertirse en sagrado en mi mente.

Por ejemplo, aquí vamos a restaurantes varias veces a la semana, no le damos la menor importancia a comer fuera, sin embargo, jamás yo olvido un día que mi padre me llevó a La Habana a comerme tremendo sándwich (allí no había que decirle «cubano» como aquí ) en una cafetería muy famosa en aquella época llamada Los Parados. Jamás olvidaré cuando un compañerito en el Colegio Presbiteriano, llamado Carlos Fandiño, en un intercambio de regalos me regaló un jabón Camay…

Que mi tío, Enrique Fernánde Roig, me montara en su Buick del año 56 durante una inundación en Güines (para dar un recorrido por el pueblo) es un “hecho histórico” inolvidable. ¡Se había desbordado el Mayabeque! La picada de un mosquito en la Playa del Rosario, una caida montando patines, ver por primera vez La Familia Pilón en la televisión, un canario solitario cantando dentro de una jaula en la casa del dentista Panchitín Ortega, y mi madre planchándome una camisa. ¿Cómo olvidar aquel primer papalote, aquel trompo, aquella visita al Stadium del Cerro, y aquel jonrón de mi coterráneo Miguelito de la Hoz como dándome la bienvenida?

Un día “histórico” fue cuando en un episodio de «Los Tres Villalobos» descubrí que “El Látigo Negro” era Rodolfo Villalobos con amnesia. De pronto abrieron «La Dulcería Quintero» en mi pueblo y eso fue un acontecimiento inolvidable para mí. ¡Mi primer batido de fresa! ¿Cómo borrar de mi mente aquel instante desagradable cuando aquel muchacho impertinente gritó ¡arrebato!, se robó las canicas y salió corriendo?…

Imagen:taniaquintero.blogspot.com

Ir a una tienda en La Manzana de Gómez y comprarme un par de zapatos que esa misma noche los estrené dándole vueltas al parque de mi pueblo. Ese fue un día impresionante. ¿Cómo iba a imaginarme que al entrar una tarde en el cine Campoamor a disfrutar “Y Dios creó a la mujer” con Brigitte Bardot vería a la primera mujer semidesnuda en esa película y que eso se convertiría en un hecho importantísimo en mi vida? Observar ese monumento femenino me quitó los deseos de ser cura. A veces pienso que si no hubiera ido al cine ese día quizás en lugar del Papa Francisco fuera el Papa Esteban de Jesús…

Increíble que comerme un día una minuta de pescado en un lugar llamado La Pescadora (el dueño se llamaba Nicomedes Granda) jamás lo podría borrar de mis recuerdos. Cierro los ojos y me parece estar de nuevo en el Instituto de Güines una noche: una velada artística donde cantaron Marta Pérez e Isidro de Cámara. Y ¿Cómo olvidar aquel instante, a las 12 de día, en que enciendo el televisor y veo «Patrulla de Caminos» con Broderick Crawford, el programa preferido de mi amigo Carlos Hurtado?…

Todos los 6 de Enero, Días de los Reyes Magos, han cobrado una fuerza enorme en mis recuerdos. En mi memoria están cada guante, cada revolver de fulminantes, cada bate, cada pantalón, cada camisa, cada regalo, y son apreciados y añorados en mi vida actual. ¡Y…aquella bicicleta Niagara que me acompañó por el resto de mi vida en Güines! Sin desdorar aquella primera vez que con admiración vi volar a un cocuyo en una noche oscura y sin estrellas.

Una visita relámpago a la Playa de Varadero, sus aguas cristalinas, y mi padre diciendo: “Tira una peseta al agua para que veas que la puedes ver de lejos” Y su risotada cuando yo le contesté: “Está bien, pero dame tú la peseta”. ¡Un instante eterno! Grabado en mi mente está mi tristeza cuando me dieron la noticia de que nos mudaríamos al pueblo de San José de las Lajas. Un pueblo precioso pero que no era “mi pueblo”. Nunca olvidaré el instante de la despedida cuando mi hermano y yo besamos las paredes de la casa de la calle Pinillos esquina a Soparda.

Y de pronto, cuando menos lo esperaba, todo a mí alrededor se tiñó de sangre, gritos de «paredón», milicianos, chivatos, y llegó el momento más inolvidable e histórico de todos: Montarme en un avión de la Pan American, y después tener que conformarme con recordar un millón de “momentos históricos”. Aunque, quizás no hayan sido verdaderamente históricos. Que sé yo, pero ¡para a mí lo fueron!.