Zoé Valdés

De los escritores que he leído, leo y releo, desde mi juventud, o desde hace unos años hacia acá, no he conocido a nadie más arraigado a su condición originaria y al mismo tiempo a su elección de nómadas o trashumantes que Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar quien casi todo lo que escribió tuvo que ver con París y fue escrito en esta ciudad, y Roberto Bolaños quien hizo gran parte de su obra en Chile pero también fuera de su país natal y, sin embargo, su eventual desarraigo devino -gracias al poder inmenso de la literatura- arraigo profundo a la hora de narrar historias de personajes oriundos de sus mundos y de describir sus tierras mismas. Esto no los convierte, gracias a la universalidad del viaje, en escritores del terruño, que es otra cosa bien distinta.

He querido citar solamente tres ejemplos latinoamericanos, ya que hay más, como

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