Los hijos que nadie quiso

Quiero insistir en el aspecto de la desidia dentro de la oposición cubana, porque –a mi criterio– es lo que más corroe nuestra fuerza política, y es quien hace el lamentable trabajo del enemigo común.

Y ni siquiera me refiero a aquellos que deben estar sembrados haciendo el terrible y cobarde trabajo de sátrapas, sino a esa parcelación de ideas y movimientos, donde se piensa que cada uno es el mejor y el más importante, y que su trabajo debe ser el más reconocido.

He escuchado a quienes hablan de sí mismos y de sus labores y –sin dejar de reconocerles sus méritos– luego he visto cómo terminan rebajándose, demeritándose como seres humanos, y dejando mucho que desear de esos sentimientos que –doy por sentado– de todo luchador por los Derechos Humanos debe tener.

comprension y respeto

A veces, la osadía de enfrentar a un régimen no es suficiente cuando obviamos el sentido…

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