La honradez vale más que la política | Jorge Guldenzoph

Basta mirar las noticias de las últimas semanas en América Latina para reafirmar que existe un problema muy serio, con raíces muy fuertes aún: la corrupción. Más precisamente el abuso del poder y el uso ilegítimo de los dineros públicos, acompañado en muchos casos de líderes con vidas personales plagadas de traiciones a sus cónyuges. Este punto del cuál muchos prefieren no hablar esta en la raíz o en el origen de crímenes, mentiras, y robos que se cometen por parte de las clases dirigentes. Ejemplos sobran. Veamos una somera descripción de varios de los hechos de los que nos han informado recientemente los medios de comunicación:

–           Brasil: El gobierno brasileño desencadenó una operación sin precedentes contra la corrupción en la justicia, la Operación Anaconda, que apunta a desactivar una vasta red de ventas de sentencias judiciales, en la que participarían jueces, policías y empresarios.

–           Paraguay: Un escándalo de corrupción cada dos semanas es el promedio que ostenta el Presidente de Paraguay, Nicanor Duarte Frutos, a menos de tres meses de asumir el gobierno del país sudamericano. Dos ministros, tres presidentes de entes estatales, el jefe de la policía nacional y dos funcionarios de alto rango de la presidencia integran la lista de manchas en el gobierno que todavía no ha cumplido 90 días de gestión.

–           Colombia: El director de la policía nacional de Colombia, renunció a su cargo en medio de una serie de escándalos de corrupción al interior de esa fuerza y se destituyó al comandante de la Policía Metropolitana de Medellín, quién supuestamente utilizó dinero de una cuenta reservada para pagar suntuosos regalos y almuerzos en exclusivos restaurantes de Medellín.

–           Perú: El vicepresidente de Perú, renunció al ministerio de Comercio Exterior tras ser acusado de usar sus influencias en beneficio de familiares de su supuesta novia, enfrenta la posibilidad de perder también la vicepresidencia de prosperar una acusación en el Congreso.

–           Argentina: Se descubrieron maniobras dolosas en la administración de los fondos del avión presidencial Tango 01 y el país presencia acusaciones en contra de políticos y policías por ser parte de una red mafiosa en la provincia de Buenos Aires.

–           Chile:  Desde semanas atrás hay un estado de alarma pública por la supuesta vinculación de políticos con una red de pedofilos. Aunque no han surgidos pruebas que confirmen esa participación, han trascendido los nombres de dos senadores. Para los analistas chilenos una cuestión a tener en cuenta es con que facilidad la gente cree que los políticos actúan deshonestamente. Cabe agregar que Chile es sin duda el país de mayor honradez administrativa pública del continente.

La lista es sin duda más extensa y abarcaría todos los países del continente sin excepción.

En  primer lugar aunque parezca a esta altura de los tiempos, palmario y elemental decir que la corrupción es algo que trasciende todas las fronteras, ya sean ellas de orden ideológico, cultural, social o racial, me parece importante reafirmarlo. No es una enfermedad de la derecha o de la izquierda, de los ricos o de los pobres, o solo de los gobernantes,  es por el contrario el resultado de la tendencia hacia el egoísmo con la cual todos nos enfrentamos.

Mi segunda observación se refiere a que la corrupción es generalmente asociada al robo o mal uso de los dineros públicos o al uso de las posiciones de poder público para el enriquecimiento personal y todo ello siempre vinculado a la clase política. Y no es que eso no suceda. Sucede en mayor o menor grado, dependiendo de muchos factores, en todos los países del mundo. Como dicen los evangelios aquel que dice que no tiene pecado, miente. La diferencia es como los gobiernos y las sociedades afrontan el mal.

No obstante ello me parece absolutamente limitativo e insuficiente tanto el hablar de corrupción sólo en referencia al mal uso de los dineros públicos o del poder, como el señalar a los gobernantes o a los políticos, como los únicos que tienen la tendencia a caer en actos de corrupción. Me gustaría usar para calificar esta situación el mismo título de un artículo de prensa que leí recientemente: “Ese exquisito arte de culpar a los otros”.

Un acto de corrupción es un acto por el cual se altera y trastoca la forma original de una cosa. Por ello, podemos ver que la corrupción económica y política puede ser la imagen más visible o escandalosa de alterar o trastocar la forma original una cosa. En este caso, lo que cualquier sociedad espera, es que sus gobernantes y líderes actúen con rectitud y sean ejemplos para todos. O sea que mantengan y perfeccionen el estado original de las cosas, lo que es simplemente un buen gobierno.

La realidad sin embargo es que  la corrupción de los gobernantes o líderes políticos es solo una parte de la corrupción que hay en la sociedad, aún de la económica. Cuando cualquier funcionario público, aun de un escalafón menor, usa el grado de poder que tiene en su favor, eso es corrupción. Cuando cualquiera de nosotros como ciudadanos, dejamos de cumplir con nuestros  deberes, estamos haciendo un acto de alterar y trastocar lo original. Una sociedad y una nación no pueden llegar a ser sanas moral, social y políticamente sin que los ciudadanos tengamos la aptitud positiva de cumplir con nuestras responsabilidades.

Aunque la sociedad debe establecer leyes y normas precisas en contra de la corrupción debemos saber que en esto, como en otras cuestiones tan importantes, la primer línea de combate esta dentro de uno mismo. Cuando un gobernante o un líder llegan a cometer un acto de corrupción lo hace apoyado en las oportunidades que le da el acceder a recursos o poderes a los que no accede el resto de la ciudadanía. Pero no es que esas circunstancias lo determinen a ello. Sin duda ya había algo dentro de él, una debilidad moral, que lo hizo vulnerable a la tentación. Muchas veces cuando criticamos a quienes gobiernan o ejercen el poder y generalizamos diciendo que ellos se “llenan los bolsillos“, y más allá de no tener tal vez ninguna prueba concreta que avale nuestro juicio, deberíamos primero pensar en como actuaríamos nosotros en esa misma posición y circunstancias. Cuanta veces hemos dicho, con respecto a algún gobernante, y como forma de justificarlo y alabarlo, “robaba pero dejaba vivir”. Ese “vivir” no era sino la “vista gorda” frente a nuestros propios actos de corrupción, menores, pero no por ellos menos nocivos.

Para todos, líderes y nosotros ciudadanos, es válido lo que Emmanuel Kant, afirmó en “La Paz Perpetua”: “La proposición siguiente: la mejor política es la honradez, es una teoría mil veces, ¡ay¡ contradicha por la práctica. Pero esta otra proposición, también teórica: La honradez vale más que la política, está infinitamente por encima de cualquier objeción y aún es la condición imprescindible de aquella.”

La honradez vale más que la política | Jorge Guldenzoph: Crónicas, Columnas y Ensayos.

3 comentarios en “La honradez vale más que la política | Jorge Guldenzoph

  1. ¿Sabías que Jorge Guldenzoph, alias “el charleta”, con complicidad de la dictadura cívico-militar uruguaya, violó, torturó y mató durante esos años? Violó a la mujer que lo había rechazado, torturó utilizando perros, traicionó a cientos de compañeros, condenándoles a lo peor. Parece que no lo sabías. Todo esto está documentado en la justicia uruguaya.

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  2. Jorge Guldenzoph “EL CHARLETA”, por qué será este apodo ? El zorro hablando de honradez a las gallinas, que tipo más chanta e HIJO d P. Quién puede fiarse de él ? Es un PERSONA DESPRECIABLE en muchos aspectos humanos y viene con historia de “valor – honradez – paz” dime de qué habla y te diré de qué careces. CUIDADO CON ESTE TIPO, ES PELIGROSO.

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