“Los ojos me miraban burlonamente. Usaba un largo sobretodo negro y lustroso, lleno de grandes discos blancos … Me sonrió con sorna y desabrochó el sobretodo. Vi que debajo había un largo traje enterizo del mismo material y con los mismos discos blancos … y supe (como se saben todas las cosas en los sueños) que debajo había otro. En aquel preciso momento sentí el inconfundible sabor de la pesadilla y me desperté” (Jorge Luis Borges, fragmento de “Una pesadilla”, cuento del libro “Atlas”, 1984, con fotos de María Kodama).

La política da para todo. No es un poco ciencia (herramienta intelectual) y un poco profesión (gestión rentada de los elencos del poder) como la describió Max Weber, padre de la sociología moderna, en una célebre conferencia en la Universidad de Munich, en 1918. Hoy por hoy, la política combina promesa, rosca, relato, fragor y algo más. De a ratos es casi una ficción: más virtual que real. A veces, desconcierta por lo desopilante. ¿Cómo explicar, si no la última perla de la ex presidenta que reveló la periodista Marina Calabró? Con semejante apellido, imposible llevarle la contra a esta chica. Calabró contó que en una tertulia Ricardo Montaner, exitoso cantautor nacido en el suburbio canyengue de Valentín Alsina, artísticamente venezolano, le confesó haber compartido cadenas de rezo con la señora Fernández de Kirchner. Parece que cierta vez, acosada por alguna urgencia espiritual en épocas de campaña, ella lo llamó al celular y Montaner debió detener su auto para orar con esa cofrade ya no inmaterial, sino presidencial: parece que su reino no fue sólo de este mundo.

Digamos que no es pecado la hermandad entre creyentes. Lo raro es que este hombre, que lleva vendidas unas 20 millones de copias de sus éxitos, es un antichavista recalcitrante, como quien se persigna cada vez que oye nombrar al difunto comandante. Para colmo, supo dar recitales privados en La Ñata, en los tiempos en que Cristina ni soñaba con sacarse fotos con Scioli, como ahora, que vuelve a mostrarse en público y aspira a que le digan “militante”, algo que nunca fue. Más bien se encrespaba con el solo nombre de su candidato fallido y disfrutaba de ultrajarlo sin misericordia ni elegancia. Ella siempre se ufanó de su comunión con Teresa Parodi, Fito, Copani y otros elencos de la progresía kirchnerista. Lo de Montaner bien pudo ser una pesadilla borgeana, con esos “discos blancos” misteriosos que acompañaron simbólicamente esa rara pasión por los rezos con un cantante del vulgo.

Dios te salve, Cristina … ¿llena eres de gracia?

Osvaldo Pepe

opepe@clarin.com

 

Origen: Los rezos de Cristina con un furioso antichavista