Un año de Macri- Le doy mi palabra

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Mañana se cumple un año del triunfo de Mauricio Macri. En la segunda vuelta sacó el 51,34% de los votos contra Daniel Scioli que cosechó el 48,66%. Es un buen momento para el balance. Para establecer que es lo bueno, lo malo y lo feo de la gestión de Cambiemos.
Lo bueno.
Es un gobierno que no extorsiona ni persigue a nadie. Habla con todos, escucha y, a veces, corrige sus errores. Ya derrotó al fantasma de Fernando de la Rúa. El cristinismo extremo todavía sueña con asfixiarlo y obligarlo a huir en el helicóptero. Pero eso está descartado porque Macri lidera y conduce. Logró fracturar al Frente para la Victoria en varios pedazos y con la muñeca política de Emilio Monzó y Gabriela Michetti consiguieron 70 leyes, 5 de ellas fundamentales, pese a no tener mayorías parlamentarias.
Macri salió de la locura del cepo sin que el país entrara en un manicomio y al cancelar la deuda con los fondos buitres recuperó la tarjeta de crédito para el país. Y en poco tiempo volvimos al mundo civilizado, democrático y republicano. Mejoramos las relaciones con Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Uruguay, Japón y nos alejamos definitivamente del autoritarismo de Venezuela e Irán.
Se recuperó el criterio de verdad. Este gobierno no miente. Las cifras reales del INDEC muestran una pobreza y una indigencia terrible pero reconocerla y no ocultarla es el primer paso para solucionarla. Entre los activos del gobierno están los fracasos y las falsedades corruptas del gobierno de Cristina. Fue un plan sistemático para saquear al estado y una mala praxis brutal en todos los ministerios. Eso, por ahora, en la comparación favorece a Macri. Son el día y la noche con Cristina. El respeto como norma vs la agresión permanente.
Lo malo.
Lo peor es que la gestión tiene una lentitud inesperada. Todo tarda demasiado. La atomización de las decisiones económicas demora las medidas y decisiones y el tiempo pasa. La tormenta de obras públicas recién es una llovizna. Hay miedo a firmar y, en muchos ministerios, el presupuesto está insólitamente sub ejecutado. Tienen plata pero no quieren o no saben en qué gastarla pese a que la urgencia de las demandas sociales. Falta planificación y audacia.
El gobierno no cree en la generación de hechos políticos para modificar las cosas. Se resigna a manejar todo desde el tablero de comando. Es un grave error: no alcanza con apretar botones. Los cambios hay que parirlos. Producir nuevos escenarios. Convencer con argumentos y aumentar la base de sustentación del gobierno sumando a figuras independientes y de otros partidos. La coalición es muy débil. Elisa Carrió funciona como la francotiradora de la conciencia crítica y el radicalismo, con Ernesto Sanz fuera de la cancha, perdió protagonismo. Hay poca militancia radical en la universidad o en los gremios de clase media.
El gobierno debería comprender que no hay que resignarse a las cosas como son y pelear por como debieran ser. ¿Se entiende? Hablo de no humanizar lo inevitable. Hay que evitar lo inhumano.
Es verdad que la gente está cansada de las discusiones y los ataques de Cristina y sus cómplices. Pero si no se les sale al cruce del debate, las ideas populistas por más dañinas que hayan sido, van permeando y se consolidan en algunos sectores de la población. Es un gobierno que comunica poco y mal porque no cree demasiado en la política. Sus aciertos duran 15 minutos en los medios y sus fracasos se mantienen mucho más.
Encima algunos gerentes muy exitosos en la actividad privada entraron en pánico a la hora de lidiar con gremialistas y burocracias. Faltan mensajes a los ciudadanos y planes concretos que vayan anunciando la ruta que quiere recorrer el macrismo. Hay que enunciar el objetivo pero explicar las etapas.
Es absolutamente insuficiente decir únicamente que son el cambio.
La inflación sigue vivita y coleando. Y con recesión. De hecho en lo económico las cosas están peores que con Cristina.
El aumento de tarifas fue una metida de pata tremenda. Se pagó los costos de un ajuste feroz sin hacer ese ajuste feroz. Y es imprescindible que los indicadores mejoren lo antes posible porque si el oficialismo pierde las elecciones parlamentarias del año que viene está liquidado y resucita a Cristina y su candidatura.
El gobierno interviene muy poquito en la realidad. Subir o bajar tasas, es un detalle y no un plan económico. No se puede permitir que los precios aumenten en forma arbitraria sin siquiera decir una palabra de rechazo públicamente. O aplicar la ley a los abusadores. Falta mostrar firmeza y autoridad con los empresarios que especulan. Se equivoca feo el gobierno si cree que con solo arreglar las variables macroeconómicas, la vida cotidiana va a mejorar por añadidura. Este es el fracaso del segundo semestre. Prometía brotes verdes de buenas noticias. Y salieron nubarrones negros de inquietud e incertezas. El gobierno parece que todavía tiene puesto el freno de mano. ¿Cuáles son las políticas públicas que propone para cada sector? Por momentos parece que funciona por espasmos y corre detrás de los acontecimientos. No fija la agenda. Le marcan la cancha pese a que salvo los fanáticos del Frente para la Valija, todos los sectores han mostrado una actitud responsable y prudente. La CGT, la oposición del Frente Renovador y el peronismo no kirchnerista y los medios en general, evidenciaron paciencia pero eso tiene un límite que puede ser el primer trimestre del año que viene.
Lo feo.
Macri dijo que su utopía es la pobreza cero. Pero durante los meses que gobernó aumentaron los números de desocupados y de pobres. En el país de los alimentos hay 2 millones de compatriotas argentinos que tienen problemas para comer.
Las industrias tienen un 40% de su capacidad ociosa pese a que atravesamos la mayor presión impositiva de los últimos 15 años. El consumo se cayó a pedazos. El respetadísimo Javier González Fraga dice que muchas inversiones no llegan porque temen el regreso del populismo en el 2019. Cambiar esa sensación también es una responsabilidad del gobierno. Y otra vez, esto me lleva a la mayor crítica que le hago al presidente Macri. Este es un gobierno que quiere ser más desarrollista y heterodoxo que neoliberal. Pero a la hora de la verdad se quedan más en la tribuna intentando cambiar las reglas del juego por control remoto y entran poco a la cancha a definir los partidos poniendo el pecho y pierna fuerte.
Macri salió campeón con Boca y en la ciudad de Buenos Aires. Pero este es el partido más importante de su vida. Debe terminar su mandato como corresponde, sin terremotos sociales, con más trabajo y menos pobreza y con la Argentina de pié. Si lo logra, se habrá convertido en el primer presidente no peronista en 80 años en lograr algo tan simple y tan complejo como eso. Es la única forma de madurar institucionalmente. Es la única forma de crecer de golpe pero sin golpes.

Origen: Un año de Macri – 21 de noviembre 2016 | Le doy mi palabra

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