Luz, cámara, acción: actúa Cristina-Ricardo Roa

Escenas de suspenso en la Justicia. Cristina con Bonadio y un fiscal contra las cuerdas en La Plata.

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Hoy, como decía Serrat, puede ser un gran día para la Justicia o ser como uno de tantos más. Un gran día si al final un juez consigue ser juez ante Cristina Kirchner y Cristina Kirchner acepta ser tratada como cualquier hijo de vecino.

Le toca ir a la ex presidente al despacho de Bonadio, que investiga las maniobras con el dólar futuro, una de las tantas trampas que dejó de herencia. Podría haber costado 70 mil millones de pesos o más y costó 53 mil millones. Es la cifra que se gastó para venderles dólares a un precio irrisorio a los ricos siempre hablando en nombre de los pobres.

El trámite es de esos trámites más bien burocráticos: poner sus huellas digitales. Debió haber ido el viernes pero se amotinó como los carapintadas en los años de Alfonsín y en lugar de presentarse en Comodoro Py fue a un tribunal de su feudo santacruceño, filmándose a sí misma como en un reality de la tevé.

Enfocó su rostro hacia el celular y montó un show para victimizarse y provocar al juez como si fuera Fidel Castro proclamando que la historia lo absolvería. Teatralidad calculada para YouTube. También, la selfie de una señora sola vacía de sentido de la realidad y llena de narcisismo político y de patético histrionismo.

Bonadio no se dejó impresionar: volvió a citarla para hoy bajo amenaza de usar la fuerza. A la resistencia K le fascinan estos desafíos. A la mayoría, incluida la mayoría del peronismo, los cansa. O empiezan a cansarlo.

A Cristina le encantaría declarar ante un juez de Justicia Legítima. Pero justamente esos son los jueces que nunca van a citarla. Hoy en La Plata un jury resolverá si suspende a un fiscal de esa agrupación. Es Washington Palacios y está acusado de armar una causa para liberar al agente de inteligencia y ex prefecto Alcides Díaz Gorgonio que el kirchnerismo había infiltrado en la custodia de Sergio Massa y que robó una caja fuerte de la casa del diputado. Fue hace tres años, semanas antes de las elecciones en que Massa fue principal candidato opositor.

Díaz Gorgonio fue identificado por cámaras de seguridad y detenido. En su domicilio encontraron el arma con silenciador y las balas de punta hueca con que había entrado a la casa de Massa. En un juicio oral en San Isidro lo condenaron a 18 años de prisión.

En el medio hay un embrollo difícil de explicar pero que quizás termine por explicar cómo se cruzan los servicios de inteligencia, la Justicia y la política. Como en todo allanamiento, en el de la casa de Díaz Gorgonio hubo un testigo que tres veces confirmó judicialmente que allí se encontró lo que la policía dice haber encontrado.

Pero siendo vecino de Tigre se presentó sospechosamente en Pilar ante el fiscal Palacios para retractarse y denunciar que había sido amenazado. Raro. O no tan raro: esa era o es la llave para reclamar a San Isidro la causa de Massa, cerrarla y abrirle a Díaz Gorgonio la puerta de la cárcel.

Había teléfonos intervenidos. La operación se complicó: aparecieron llamadas entre Palacios y el equipo del ex secretario de Seguridad Sergio Berni de quien dependía Díaz Gorgonio. Y de la mujer de Díaz Gorgonio anunciándole que la mudanza de la causa a Pilar estaba en marcha.

Dos diputados del jury se oponen a separar a Palacios. Uno reporta al kirchnerismo y otro reporta a Carrió. Llama la atención la coincidencia. Pero está Massa en el medio.

Origen: Luz, cámara, acción: actúa Cristina

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