Jorge Riopedre:El hijo de Obama

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Todo el mundo intuye sin necesidad de razonamiento lógico o conocimiento de la tercera ley del movimiento formulada por el físico y matemático inglés, Isaac Newton, que toda acción provoca una reacción igual y contraria. Si uno rema en un bote, por ejemplo, empuja el agua con el remo en un sentido y el agua responde empujando el bote en sentido contrario. Es una ley física, pero también un concepto de uso práctico en la vida cotidiana de la gente.

Parece poco menos que imposible imaginar a Donald Trump camino de la Casa Blanca con anterioridad a la entrada en escena del presidente Barack Obama en 2008. Esa posibilidad no era ni siquiera factible en las presidenciales de 2012, cuando a juicio de muchos analistas el candidato republicano Mitt Romney desperdició la oportunidad de ganar las elecciones.

Paradójicamente, un segundo período de Obama parece haber creado las condiciones que faltaban para provocar la reacción popular que dio el triunfo a Donald Trump. Su reelección fue una victoria pírrica. El temor se apoderó de sectores importantes de la población ante un régimen inclinado cada vez más hacia la izquierda, vacilante en política exterior, distanciado inexplicablemente de los obreros, como hubo de admitir el vicepresidente Joe Biden. Obama remaba en una dirección y el público empujaba la barca en otro derrotero.

La percepción de inestabilidad interna fomentada por la violencia vinculada a una creciente división racial; el empobrecimiento de la clase trabajadora; el temor al terrorismo y la inmigración; la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba a cambio de nada; la colaboración de Washington y La Habana en favor de un acuerdo de paz en Colombia rechazado en las urnas por los colombianos, son algunos indicadores que explican el desenlace electoral.

Trump probablemente nunca hubiera llegado a la presidencia de Estados Unidos. No lo puso allí ni la providencia ni la historia ni el dinero, ni siquiera la desconfianza que inspiraba Hillary Clinton entre los votantes, sino el triunfalismo socialista de Barack Obama y el Partido Demócrata. Ellos serán los responsables de lo que ocurra en el futuro con el hijo que engendraron por falta de visión.

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