Castro: ¿revolucionario o tirano demagogo?. Carl Gershman

 

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(World Affairs Journal) Más que centrarme en Castro, en mi visión cabe recordar a quienes resistieron heroicamente su demagogia y su violenta brutalidad, y dejar que las historias de estas personas eluciden el ignominioso legado de Castro. Las historias de estos cuatro héroes – Pedro Luis Boitel, Huber Matos, Laura Pollán y Oswaldo Payá – hablan de un régimen de extrema inhumanidad e hipocresía. Quienes desafían su poder corren el riesgo de pagar el mayor precio, y muchos lo han hecho. Es en este contexto que Manuel Cuesta Morua recibió el Ion Ratiu Democracy Award del Woodrow Wilson Center.
Por Carl Gershman

(World Affairs Journal) Fidel Castro, quien murió el 25 de noviembre, fue un político tirano que tuvo éxito en convencer a mucha gente en el mundo democrático de que en realidad era lo opuesto. El Primer Ministro de Canadá lo llamó un “revolucionario legendario”, mientras que el Presidente de Irlanda lo consideró “un gigante entre los líderes globales, cuya visión no era sólo la de la libertad para su pueblo sino para todos los pueblos oprimidos y excluidos del planeta”.

Castro pudo engañar a tanta gente porque era un hábil demagogo que sabía cómo manipular las emociones y los prejuicios políticos para asegurar su poder y magnificar su imagen pública. Cómo fue capaz de hacerlo, y por qué los países democráticos produjeron tantos “idiotas útiles” que es como Lenin describió a los apologistas occidentales del comunismo, son preguntas que se han tratado en otras partes. Tampoco es mi intención responder a las mentiras y la propaganda sobre Castro, que sería un ejercicio infructuoso que solo dignifica ideas que no merecen ser tomadas seriamente. Más que centrarme en Castro, en mi visión cabe más en esta oportunidad recordar a quienes resistieron heroicamente su demagogia y su violenta brutalidad, y dejar que las historias de estas personas eluciden el ignominioso legado de Castro.

Quiero hablar de cuatro héroes cubanos. El primero es Pedro Luis Boitel, considerado la figura emblemática del movimiento pro-democracia cubano. Boitel fue activo en los años 50 contra la dictadura de Batista hasta su exilio forzoso en Venezuela donde estableció una  estación de radio que transmitía mensajes anti-Batista hacia Cuba. Regresó a Cuba luego de la revolución y fue candidato a la presidencia del Centro de Estudiantes como candidato del Movimiento 26 de Julio de Castro. Pero Castro apoyaba a un candidato rival, ya viendo a Boitel como una potencial amenaza porque era carismático, opositor al comunismo y tenía mucho apoyo del movimiento obrero. Cuando las intenciones totalitarias de Castro se hicieron claras, Boitel fundó el Movimiento para la Recuperación de la Revolución. Al poco tiempo fue arrestado y condenado a diez años de prisión.

Fue en las prisiones de Castro que Boitel pasó por una profunda transformación espiritual. Reunía a los presos en torno a una filosofía de resistencia no violenta al régimen, una que no aceptaba ningún tipo de negociación con sus carceleros. Fue el primero de los Plantados, que sufrió los peores castigos. Boitel comenzó una serie de huelgas de hambre y otras protestas como forma de defender su dignidad y la de sus compañeros presidiarios. El régimen lo mantuvo en prisión más allá de sus diez años de sentencia y el 3 de abril de 1972 comenzó una última huelga de hambre para protestar por la prolongación de su presidio y otras injusticias. Según sus compañeros presidiarios, cuando Boitel murió 53 días más tarde, no fue por la huelga de hambre sino porque un guardia de seguridad de la prisión lo asfixió con una almohada.

Por su liderazgo moral y resistencia intransigente al régimen, y no menos por la persistencia de su madre en hacer que su caso se conozca en todo el mundo, Boitel se convirtió en un ícono de la lucha anticastrista. Si bien fue enterrado en una tumba sin nombre, su leyenda vivió por el boca a boca en las calles de Cuba y especialmente en las prisiones. Los activistas prodemocráticos pronto encontraron su tumba y ahora todos los años hay un enfrentamiento con la policía cuando los activistas hacen una peregrinación a su sepulcro para recordar a Boitel y su lucha. Hoy muchos grupos disidentes que se oponen a la dictadura llevan el nombre de Boitel.

Huber Matos es otro héroe que se opuso a Batista, pero a diferencia de Boitel, era un líder en la lucha armada de Castro que derribó a la dictadura. Es conocido por haber llevado 5 toneladas de armas a los rebeles, liderado el asalto sobre Santiago de Cuba, e ingresado en La Habana arriba del tanque junto a Castro y otros revolucionarios en el desfile victorioso en enero de 1959. Castro lo nombró Comandante del Ejército en la provincia de Camagüey.

Al igual que Boitel, Matos pronto fue desafectado en los primeros movimientos de Castro para imponer un sistema totalitario, incluyendo la ejecución en manos de pelotones de fusilamiento de cientos de prisioneros de fortaleza La Cabaña y el establecimiento del primer campo de trabajo forzado de Cuba – Guanahacabibes – que se convirtió en el lugar para enviar disidentes, homosexuales, testigos de Jehová y pastores afrocubanos (Esta represión ha sido documentada por Nestor Almendros en su emocionante película Conducta impropia). Renunció a su puesto el 19 de octubre y fue inmediatamente arrestado, junto a cinco capitanes y 11 tenientes que protestaron por su arresto.

En el juicio subsiguiente, Castro dio una arenga de 7 horas acusando a Matos de hacer una campaña contra la revolución y promover los intereses de Estados Unidos, los grandes terratenientes y los partidarios de Batista. Matos fue sentenciado a veinte años de prisión, 16 de los cuales los pasó en una celda de confinamiento solitario. Fue torturado, realizó huelgas de hambre y muchas veces se le dijo que no saldría vivo de allí.

Pero fue liberado en 1979, en parte debido a un pedido firmado por 100 prominentes estadounidenses entre los cuales estaban los senadores Henry “Scoop” Jackson y Daniel Patrick Moynihan, el Premio Nobel Saul Bellow, el Presidente de la Federación de Organizaciones Laborales (AFL-CIO) Lane Kirkland, el líder de los derechos civiles Bayard Rustin e intelectuales como Jeane Kirkpatrick, Arthur Schlesinger y Sidney Hook.

En una conferencia de prensa en Nueva York semanas después de su liberación, Matos dio un fuerte comunicado sosteniendo que creía que la lucha cubana por la libertad tendría éxito. “La lucha contra el régimen será larga”, dijo. “De eso no tenemos ilusiones. Pero tendrá éxito por el compromiso de su pueblo con los valores democráticos básicos. No apoyamos el terrorismo o la invasión desde el exterior. No queremos una dictadura de derecha que reemplace al régimen represivo que tenemos ahora. Pero vamos a ganar”. Llamó a una “lucha ideológica contra Castro… para explicar la dura verdad de su gobierno: que su régimen viola todas las normas de libertad y bienestar humanos y lo desprecia la enorme mayoría del pueblo cubano”. Al año siguiente en Caracas, Matos estableció Cuba Independiente y Democrática (CID) para llevar adelante esta lucha y continúa activa a través de sus esfuerzos por apoyar los desarrollos de una sociedad civil fuerte a lo largo de la isla. Matos murió en el exilio en Miami en 2014.

El tercer caso es la heroína Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco. Era una mujer simple – madre, esposa, y maestra. Amaba la literatura. No era política, al menos hasta que su esposo, Héctor Maseda Gutiérrez, fue arrestado junto a otros 74 disidentes en la Primavera Negra de 2003. Desde el momento en que fue detenido, ella tuvo una misión – liberar a su esposo y convocar a otras mujeres cuyos seres queridos también habían sido detenidos. Hacia ese fin creó las Damas de Blanco. Marchaban todas las semanas desde la Iglesia de Santa Rita, vestidas de blanco y con gladiolos. Su ropa simbolizaba la pureza de sus motivos y las flores su integridad y fortaleza moral. Y cuando gritaban “libertad”,  lo hacían no sólo por sus maridos y padres, hijos y hermanos, sino para Cuba entera.

El régimen reaccionó a estas marchas pacíficas con violencia y veneno. Las mujeres eran insultadas, llamadas traidoras y mercenarias, y atacas por brigadas de respuesta rápida. Pero persistieron, y en la medida que lo hacían su reputación y autoridad moral fue creciendo en Cuba y en todo el mundo.

Luego, el 24 de septiembre de 2011, cuando las mujeres eran empujadas y golpeadas por estas turbas, Laura fue personalmente atacada por un agente de la seguridad del estado. Cayó en una condición crítica ocho días después. Murió el 14 de octubre, mártir en la causa por la libertad.

¿Laura fue asesinada? Su sucesora Berta Soler cree que sí – me lo dijo ella misma a comienzos de este año. Y también lo cree el músico cubano Amaury Gutierrez cuyo hermoso himno en memoria de Laura Pollán incluye estas poderosas líneas:

La maldad de tu verdugo te hizo eterna y la patria te agradece y te venera…

hoy el mundo está mirando y los cómplices callados se avergüenzan…

te quisieron silenciar y hoy tu voz suena más alto…

Dictadores asesinos de mujeres, la justicia no ha llegado pero viene

Son más de cincuenta años

Pero seguimos luchando

Laura, mujer valiente

Mientras la gente a lo largo de Cuba lloraba la muerte de Laura Pollán, el gobierno respondía con “infinito rencor ideológico”, en palabras de Yoani Sánchez. “Laura se fue – continuaba – y ahora todos los actos de odio que hicieron contra ella resuenan más grotescos. Laura se fue y nos dejó un país desperezándose de un totalitarismo vetusto que no sabe decir siquiera ‘lo siento’”.

El último héroe es Oswaldo Payá, uno de los opositores más prominentes a la dictadura cubana. Payá era un activista católico fundador del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) en 1988 y se lo conoce mejor por el Proyecto Varela, una petición lanzada en 2002 pidiendo elecciones libres y otros derechos. El proyecto enfureció al gobierno Cubano que respondió forzando una reforma constitucional a través de la Asamblea Nacional para que el sistema comunista en Cuba fuera “irrevocable”. A esto lo siguió la Primavera Negra cuando arrestó a 75 de los más prominentes activistas cubanos.

El régimen no arrestó a Payá por su reconocimiento internacional. El Parlamento Europeo le había entregado el Premio Sajarov en 2002 y ese mismo año fue nominado para el Premio Nobel de la Paz por cientos de parlamentarios en una campaña liderada por su amigo, el presidente checo Václav Havel. A diferencia de Aung San Suu Kyi de Birmania y de Liu Xiaobo de China, por quien también hizo campaña Havel, Payá nunca recibió el Nobel. Pero fue un activista del mismo molde – comprometido con la no violencia y la reconciliación y un líder moral de estatura moral.

Al igual que Laura Pollán antes que él, Payá murió en circunstancias misteriosas. El 22 de julio de 2012 fue asesinado en un accidente automovilístico cuando viajaba en un auto alquilado con tres demócratas cristianos – dos de ellos de Europa – para reunirse con miembros del MCL en el oriente de la isla. El régimen cubano sentenció al conductor español, Angel Carromero a una prisión de cuatro años por homicidio vehicular. Pero luego de que el gobierno español negoció su liberación, dio una entrevista a The Washington Post en la cual afirma que su auto fue embestido por detrás por un vehículo con placas estatales. Ocho senadores de EEUU pidieron una investigación sobre el choque a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sosteniendo que el relato de Carromero suscitó “cuestiones muy preocupantes respecto a que el auto de Payá fue deliberadamente apuntado por funcionarios gubernamentales cubanos bien conocidos por su acoso a Payá”. Hasta el momento el gobierno cubano se niega a cooperar en dicha investigación.

Las historias de estos cuatro héroes – Pedro Luis Boitel, Huber Matos, Laura Pollán y Oswaldo Payá – hablan de un régimen de extrema inhumanidad e hipocresía. Quienes desafían su poder corren el riesgo de pagar el mayor precio, y muchos lo han hecho. Es en este contexto que Manuel Cuesta Morua recientemente recibió el Ion Ratiu Democracy Award del Woodrow Wilson Center.

Lo conozco a Manuel desde hace ya varios años y sé que se para en la tradición de los héroes Cubanos que han buscado el camino no violento de la transición democrática y la reconciliación.

La visión estratégica de Manuel Cuesta Morúa está informada por un espíritu de unidad democrática y guiada por principios democráticos fundamentales:

  • Que las coaliciones opositoras existentes deben encontrar un camino para trabajar juntas, incluso manteniendo identidades separadas;
  • Que es importante recibir y apoyar diferentes estrategias para promover la democracia, porque uno nunca sabe qué generará el cambio y todos pueden hacer su parte en la lucha por la democratización;
  • Que los demócratas cubanos no deben aislarse a sí mismos de la comunidad internacional sino que deben intentar construir lazos de diálogo y cooperación;
  • Que es importante observar las políticas de lo que es posible, que es la mejor manera de ir hacia la política de lo deseable, al tiempo que se reconoce la inevitabilidad del gradualismo no se obvia la necesidad de la movilización y la resistencia para llevar adelante la lucha; y por último,
  • Que apoyar iniciativas que surgen de dentro de Cuba es la mejor manera de tomar un contacto cercano con el pueblo cubano.

El pueblo cubano tiene una profunda necesidad de solidaridad internacional del mundo exterior, que ha sido parcial e inadecuado debido a las mentiras y malas intenciones engendradas por el castrismo. Pero su liberación deben venir desde adentro, y también el esfuerzo para encontrar un equilibrio entre reconciliación y amigarse con la verdad del pasado de casi seis décadas.

Ahora que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se han normalizado, resulta urgentemente importante que las relaciones se normalicen entre el pueblo cubano y su gobierno. Muchos han sufrido y muerto para lograr el objetivo que se llama democracia y hay un creciente número de cubanos que comparten esta visión. Si se mantienen unidos, el futuro es de ellos.

Carl Gershman es Presidente del National Endowment for Democracy. Este artículo, publicado originalmente en inglés en World Affairs Journal, es una adaptación de las palabras dirigidas el 5 de diciembre de 2016 en la presentación del Ion Ratiu Democracy Award del Woodrow Wilson Center al líder demócrata cubano Manuel Cuesta Morúa.

http://www.worldaffairsjournal.org/

Traducción de Hernán Alberro.

 

Origen: Castro: ¿revolucionario o tirano demagogo?. Carl Gershman

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