El “Milagro” internacional de la delincuencia indígena | El talón de América-Videos

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Argentina no tiene más remedio que asumir su pasado pero podría ahorrarse un presente que le intentan imponer otros. Me explico, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, con suma ligereza, declaró “el sistema político no puede declarar culpable a Milagro Sala”  . El uruguayo se refería a la indígena que sembró el terror en Jujuy, actualmente  procesada y detenida por un juez -no por un político- a la espera de juicio.   Otros organismos y organizaciones internacionales (incluida la ONU), se han manifestado, con mayor o menor diplomacia, en una línea similar. La mano de hábiles kirchneristas (el ex canciller Jorge Taiana entre otros) mueve buena parte de los hilos del exterior que pretenden enredarse en la garganta de los derechos humanos de Mauricio Macri.


Sala , con un historial sangriento, está detenida en Jujuy con una colección de cargos en su contra (llegó a tener más de 60 querellas) . La líder de la organización Tupac Amaru, con más poder que el propio gobernador en época de Cristina Fernández, se tomó la justicia por su mano de forma permanente y se puso a la cabeza de un virtual Estado dentro del Estado.


La detención se produjo a principios de año, después de que la diputada electa del Parlasur (sin jurar y sin fueros) instalara un campamento, durante más de 40 días en la plaza principal, en vísperas de que asumiera el nuevo gobernador, el radical Gerardo Morales. Durante el bloqueo de buena parte de la ciudad montó tiendas de campaña, piscinas móviles, restaurantes y parrillas modelo chiringuito. Quería conservar lo que tenía: los fondos del Estado que le servía en bandeja el kirchnerismo. Morales no cedió. En su lugar, conversó  y regularizó a las cooperativas que vivían bajo su yugo, víctimas también del abuso de poder y el maltrato de “la mami” o “la flaca” como la conocen en su tierra.

Es posible que la causa que permitiera la primera detención de Milagro Sala fuera discutible. En cualquier caso, Sala fue sobreseída por esa pero los suyos siguen agitándola, dentro y fuera de Argentina, como si estuviera vigente. Las acusaciones que tiene pendientes son más graves, asociación ilícita, incitar a la violencia, robo en banda, agresiones físicas, explotación de personas, vínculos con el narcotráfico, malversación de fondos públicos y delitos de sangre.

Milagro Sala, dentro de la cárcel, como los capos del crimen organizado, todavía manda. Logró obstaculizar la justicia y hasta los suyos fueron atrapados corriendo por un descampado con bolsas repletas de documentos. Los “arrepentidos” como “el Lobito” necesitan escolta policial a domicilio porque no están seguros. Tampoco el juez que ha denunciado amenazas y explicado su situación entre rejas,  ”porque entorpece el proceso constantemente estando presa, imagínese en libertad”, advirtió

Entre tanto, los que recibían las casitas -se supone del Estado- que construía ella  (buena parte con las ventanas descuadradas y grietas en los muros) intentan recibir el título de propiedad que Milagro Sala jamás les entregó. Los tenía en un puño.

Milagro Sala no es una santa pero merece un juicio justo y eso es lo que se está haciendo.

Llama la atención cómo desde instancias internacionales se cae en el facilismo, por ser indígena,  de defender  a una criminal sin escrúpulos que ejerció el poder como un cacique sin respetar la ley ni el orden. Sus fechorías son muchas y su poder omnímodo durante una década. Milagro podía –y lo hizo- romperle el cráneo a culatazos a un hombre por no pertenecer a sus filas, prender fuego a la Gobernación, expulsar de sus viviendas a jujeños, convertirse en la principal constructora de obra pública, con fondos del Estado que se llevaba del banco en mochilas y decidir, prácticamente, quien tenía derecho a vivir y a morir en Jujuy.

Los ciudadanos no podían detenerse delante de la sede de su organización. Los caminos de la droga terminaban en alguna de sus casas o en su hijo, “Reptil”. Un  ejército uniformado -y armado- la acompañaba y actuaba para amedrentar o apropiarse de terrenos o cumplir cualquiera de sus deseos.

El miedo en Jujuy persiste cuando se pronuncia su nombre. La justicia que la puso entre rejas es la misma que había antes de que asumiera el Gobernador Gerardo Morales. No se le puede acusar de haber colocado a los jueces a dedo ni nada que se le parezca. Quién es Milagro Sala lo sabe todo Argentina –hasta el Papa que vive en Roma– pero en el extranjero, a veces, parecen no querer verlo.

 

 

Origen: El “Milagro” internacional de la delincuencia indígena | El talón de América

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