Premios Turro 2016-Alejandro Borensztein

Los encarajinadores  que infiltramos en el  Gobierno son gente muy experimentada.

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La gala de fin de año del Club de los Malos reúne a los principales jerarcas de la institución y a los más glamorosos guachos de la comarca continental y sus alrededores.

Es el evento en el que se entregan los Premios Turro a aquellas personalidades que se destacaron durante el año en el difícil arte de hacer el mal.

Como siempre, se buscó un lugar emblemático y esta vez los organizadores se inclinaron por hacerlo en el predio del Tiro Federal, en la Ciudad de Buenos Aires.

Fue allí donde le asestamos el primer golpecito del año al corazón de los pobres corderitos de Dios que habitan en la Capital. Distraídos por los problemas nacionales, todavía no se dieron cuenta de que el CDLM concretó la evaporación de lo que pretendía ser un espacio verde, libre y abierto. Una alegría doble, sobre todo para aquellos miembros de nuestra institución dedicados a desarrollos inmobiliarios.

Sin embargo, de haber sabido a tiempo que la operación que organizamos para derrocar a la presidenta de Aerolíneas iba a dar sus frutos tan rápidamente, tal vez hubiéramos hecho la gala en las pistas de Ezeiza o Aeroparque.

No hay bien que por mal no venga. Tal vez el hecho de haber recibido la buena nueva a último momento fue una señal del demonio para que la fiesta en esas pistas se reserve para el momento en el que logremos desmantelar definitivamente a Aerolíneas Argentinas. El embrión de ese germen lo inoculamos en este gobierno desde su misma gestación y la Señora Costantini se había transformado en un molesto antibiótico.

Este año la tarea de los jurados no fue fácil. Cuando los gobiernos arrancan, todos los turros largan juntos y lleva cierto tiempo para que algunos se despeguen del pelotón.

Podemos imaginar cuáles son los funcionarios que tarde o temprano se llevarán su estatuilla, pero hay que dejarlos madurar.

A nadie se le hubiera ocurrido en el año 2004 otorgarle un premio tan prestigioso a un Julio De Vido o a un Ricardo Jaime, por ejemplo. Tenían sus pergaminos, pero había que dejarlos crecer. Los turros en el poder son como los buenos vinos: un par de añitos de añejamiento los mejora. Es lo que los sectores académicos del CDLM denominan Turros de Guarda.

Hay que saber esperarlos ¿Ha dado la ministra Bullrich todo lo que tenía para dar? ¿Esto que vimos fue todo lo que se pudo hacer para seguir destruyendo la Justicia o Angelici recién empieza?

Los encontronazos que promovimos entre Marcos Peña y Monzó, o entre Sturzenegger y Prat-Gay, o las embestidas de Carrió contra cada error cometido por el Gobierno son, por ahora, situaciones menores de conflictividad asestadas por el CDLM a las entrañas del poder. Pero las bayonetas con las que los vamos atravesando todavía no han revuelto esas tripas como corresponde. Tiempo al tiempo.

Por supuesto que los encarajinadores políticos que infiltramos en el nuevo gobierno son gente muy experimentada y algunos brotes verdes ya se vieron. El manejo del aumento de tarifas sin llamar a audiencias públicas, el enredo con el impuesto a las Ganancias o hacerle decir al Gobierno que en el segundo semestre las cosas andarían mejor, fueron buenos recursos con los que el CDLM comenzó la tarea de demolición. Pero la apuesta siempre es a largo plazo.

La experiencia con el kirchnerismo avala esta estrategia. El Club de los Malos logró en una década que aquella grandilocuente pretensión de gesta libertadora termine siendo esta desopilante secta de púberes encaprichados porque mamá no los deja salir de noche.

Fue un trabajo de años a cargo de los mejores encarajinadores del CDLM. No se llega a un José López arrojando bolsos de coimas en un convento con una simple tropa de improvisados. Fueron verdaderos profesionales de la hijaputez al servicio de la devastación de un gobierno y, con ellos, de las ilusiones de todo un pueblo.

Sin embargo, la falta de nuevos turros de esa estatura, no opacó el brillo de la noche. Algunos ganadores fueron muy festejados como, por ejemplo, los dirigentes de la AFA que una vez más recibieron el Premio Turro mejor labor deportiva, por la continuidad del exitoso plan para destruir el fútbol argentino.

Por supuesto, no faltaron los clásicos de todos los años. Directivos de bancos que cobran tasas exorbitantes, call centers que molestan a toda hora, supermercados que habilitan el menor número de cajas posible, remarcan indiscriminadamente y venden sus productos 20 o 30% más caros, salvo el día en que el Corderito de Dios tiene su ansiada promoción. Al igual que los shoppings.

Siempre es lindo reencontrarse con todos estos hijos de puta en una noche de confraternidad y pasión por el daño.

A nadie sorprendió el hecho de que la mesa de los testaferros estuviera medio vacía. En un gesto de nobleza y solidaridad, el CDLM les envió deliverys de comida a los distintos penales.

Un momento novedoso de la ceremonia fue cuando se le entregó a los representantes del Poder Judicial un dispositivo especial en forma de tablet que consiste en un almanaque electrónico donde ya vienen definidos los días, meses y años en los que jueces y fiscales deben acelerar causas, ralentarlas, cajonearlas, avanzar sobre funcionarios o ex funcionarios, acusarlos, liberarlos, etc. Es una manera de evitar confusiones y mejorar el sistema de impunidad que el CDLM viene patrocinando desde siempre.

Como cada año, a la hora señalada sonaron las campanas y todos los turros varones corrieron hacia el edificio donde funcionan nuestros Headquarters para participar del ritual de fin de año.

Los jerarcas y sus discípulos treparon a la terraza de nuestra emblemática torre como verdaderas marabuntas para cumplir con la tradicional ceremonia dorada que simboliza la esencia de nuestra misión.

Al grito de “¡¡Mead y marcad territorio!!”, los miembros bajan sus braguetas y rocían una lluvia tenue e imperceptible sobre los Corderitos de Dios que pululan inocentes, allí abajo.

Felices desconocedores de que, aquí arriba, se organizan pacientemente cada uno de sus fracasos. Acumulando experiencias que nos permiten pulir el arte de devastar sus vidas y demoler sus esperanzas.

Somos los talentosos realizadores de sus miserias. Las escribimos, las producimos y las dirigimos. Editamos sus vidas para que la felicidad quede relegada a sus menudencias familiares. Lo demás está en nuestras manos.

Ellos creen que sus vidas, sus trabajos, sus viviendas, sus medios de transporte, sus calles, su Justicia, su educación, su salud y todas sus precariedades se deben a la impericia de la política, a la impunidad de la justicia o a la corrupción del superior.

Pero somos nosotros los verdaderos hacedores de sus iniquidades.

Ahora creen vislumbrar una esperanza, allá a lo lejos. Es tan sólo un espejismo. Imaginan un cambio que esta honorable institución, el Club de los Malos, jamás permitirá.

Siglos acumulando conocimientos para que esta maquinaria del mal funcione a la perfección.

Nunca se detendrá. Ni lo intenten. La leyenda continúa.

Origen: Premios Turro 2016

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