“Mi padre viajaba a Cuba con un saco forrado de dinero para Fidel Castro”: Cecilia Pérez – Proceso

Cecilia Pérez Madero, distinguida militante del Partido Acción Nacional. Foto: Chic

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MONTERREY NL (apro).- La historia oficial sobre la Revolución Cubana eliminó a una serie de personajes que jugaron un papel fundamental para su triunfo. Fueron borrados debido a que discreparon con las políticas de Fidel Castro cuando ya estaba en el poder.

Gracias a ello no existe en la memoria de Cuba la decisiva contribución del empresario español en el exilio Alfonso Gutiérrez Rodríguez, de su esposa Orquídea Pino o del geólogo mexicano Raúl Pérez Fernández.

Destaca Pérez Fernández, un importante funcionario de Petróleos Mexicanos (Pemex), quien arriesgó su vida para trasladar grandes cantidades de dinero a la Sierra Maestra. Fondos que llegaban desde México escondidos en el forro de un saco que portaba y que le permitieron al Movimiento 26 de Julio sostener y ganar la lucha contra el dictador Fulgencio Batista.

Raúl Pérez, familiar del prócer revolucionario Francisco I. Madero, también contribuyó a que el barco Granma pudiera evadir a la marina mexicana cuando zarpaba atestado de hombres armados.

Los detalles de sus misiones fueron contados en entrevista exclusiva por su hija Cecilia Pérez Madero, distinguida militante del Partido Acción Nacional y esposa de Rogelio Sada Zambrano, exdirector de la trasnacional mexicana Grupo Vitro.

En el caso del ingeniero Alfonso Gutiérrez, rico empresario español dueño de una importante compañía del sector petrolero, los “historiadores oficiales” de la Revolución Cubana no pudieron borrar su nombre. El diario Granma lo cita es una de las escasas referencias sobre su participación:

“Tres días antes de que el barco Granma partiera con 82 guerrilleros rumbo a Cuba, Fidel Castro se reúne en el apartamento de Coahuila 129-C, colonia Roma, con el ingeniero mexicano (sic) Alfonso Gutiérrez, Fofó, y su esposa Orquídea Pino para analizar los detalles y la fecha de la partida”.

Lo que sí lograron fue desaparecer de la memoria sus acciones y en el caso del geólogo mexicano eliminaron su nombre de la historia, a pesar de que junto con el exiliado español involucró a un selecto grupo de empresarios, algunos de Monterrey, quienes entregaron una fortuna a Fidel y a sus barbudos cuando luchaban en las montañas.

Alfonso Gutiérrez fue presentado a Fidel Castro por conducto de Onelio Pino, excapitán de la Marina de Guerra cubana quien viajó a la ciudad de México después del golpe de Estado de Fulgencio Batista.

Gutiérrez estaba casado con Orquídea Pino, hermana de Onelio. Para mediados del año 1955 arribó a la capital mexicana Raúl Castro junto con los primeros exiliados. Venían con una lista de personajes a contactar. Onelio la encabezaba.

Posteriormente ocurre el encuentro entre Fidel y el importante empresario petrolero. La anécdota de ese encuentro es contada por Juanita Castro, hermana de expresidente, en su libro “Fidel, Raúl, mis hermanos, la historia secreta”.

“Esa noche, en casa de Onelio ocurrió lo que sería el encuentro más importante y álgido para Fidel y la futura Revolución Cubana. Le presentaron a Orquídea Pino y al ingeniero Alfonso Gutiérrez, dos personajes históricos para Fidel que hoy en día están borrados de la Historia contemporánea de Cuba”.

Juanita Castro agrega que Fidel utilizó todo su poder de persuasión para ganar a Alfonso a su causa. Tras convencerlos, la pareja se trasformó en el “eje de todo el proceso de la organización” que llevó a los rebeldes cubanos a desembarcar en la isla.

“Tanto Orquídea como Alfonso se entregaron de lleno y por años a la planificación y a la causa de la revolución que encabezaría Fidel. No sólo creyeron en él, sino que se quedaron prendados de la historia que Fidel les contó acerca de lo que pasaba en Cuba y así fue el inicio de ese apoyo incondicional del ingeniero Gutiérrez”.

El empresario era dueño de una importante firma de perforación de pozos petroleros y tenía los contactos que fueron esenciales para que los rebeldes cubanos lograran el apoyo que recibieron en México.

Entre los amigos del ingeniero Gutiérrez “se encontraban ya tanto ministros como expresidentes mexicanos como un selecto círculo de empresarios, entre los que se encontró aliados varios que simpatizaron con el Movimiento 26 de Julio”, narra Juanita Castro en su texto.

Uno de esos aliados fue el geólogo Pérez Fernández, quien en ese momento era superintendente de Petróleos Mexicanos.

Cecilia Pérez Madero describió detalles del relevante papel que desempeñó su papá en el engranaje que hizo posible la caída del dictador Fulgencio Batista:

“Mi padre conoció a Fidel por medio del ingeniero Alfonso Gutiérrez, quien estaba casada con Orquídea Pino. El hermano de Orquídea, Onelio Pino, es una de las personas que trabajó con el equipo de Fidel y después lo mandó fusilar”, precisó Cecilia Pérez.

Alfonso Gutiérrez le solicitó al ingeniero Pérez que ayudara a Fidel Castro.

“Hasta ese momento mi padre no conocía a Fidel, pero él también era un idealista. Entonces mi padre comienza entrevistarse con Fidel”.

“Mi papá se reunió un buen rato con Fidel y posteriormente me comentó: Este muchacho que anda luchando en contra de este dictador y me platicó la historia. Yo le pregunté y qué quiere y me respondió hasta ahorita no sé, pero ya te iré contando”.

Era un hombre muy carismático

En esa época Cecilia era una joven de apenas 17 años. Su padre le presentó a Fidel. Tras de saludarlo se quedó “platicando con la señora Gutiérrez”.
“Era muy carismático y lo veía muy joven”. Comentó que le hubiese gustado conocer más a Fidel, quien en esa época tenía alrededor de 30 años.

Raúl Pérez se reunió por lo menos unas veinte veces con Fidel Castro en la ciudad de México, hasta que finalmente zarparon de Tuxpan en el Granma. El geólogo participó en los planes y estrategia que se diseñó para que el grupo se escondiera y saliera rumbo a Cuba.

El papel que juega el ingeniero Pérez en la partida del barco es estratégico. La historia señala que el Granma zarpó de Tuxpan, Veracruz, pero lo que no se precisa es que la zona donde partió eran terrenos de Petróleos Mexicanos.

“Por eso mi papá estaba involucrado, ya que él era el superintendente de toda la zona norte de Pemex”.

Se escogió ese campo petrolero propiedad de la paraestatal ya que el Granma debería sortear la vigilancia de un faro y un puesto naval de la marina mexicana. Si el barco hubiese sido detectado trasladando un arsenal, Fidel y sus hombres quedarían detenidos.

Después de la partida de los rebeldes, Alfonso Gutiérrez, Orquídea Pino y Raúl Pérez siguieron participando con importantes acciones desde México.

Para mantener el contacto con los rebeles que estaban combatiendo en la Sierra Maestra, los esposos Gutiérrez rentan una casa a una compañía de cine. Ahí montaron una estación de radio con la cual se comunicaban con los barbudos de Fidel.

“Por afuera la casa estaba camuflada, para que no se notara que adentro estaba la radio cubana”, contó Cecilia Pérez Madero.

Mientras Fidel, Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara combatían a las tropas de Batista, Alfonso, Orquídea, Raúl Pérez y Juanita Castro recolectaban grandes cantidades de dinero en la ciudad de México para sostener la guerra contra el dictador.

Mucha gente daba dinero

El centro de operaciones era la casa del ingeniero Gutiérrez, donde se hospedaban dos hermanas de Fidel. Eran dos chicas “güeritas muy bonitas. Una de ellas tocaba el piano y ahí estaban siempre hospedadas”, remembró Cecilia Pérez.

“La ayuda que trasladaba mi papá era mucho dinero que se juntaba en la ciudad de México a través de las hermanas de Fidel, quienes estaban en contacto con una gran comunidad cubana. Además mucha gente de México quien creyó en Fidel, daba mucho dinero”.

Cecilia Pérez Madero precisó que su padre no era un hombre que tuviera mucho dinero, pero lo que sí tenía era un gran deseo de ayudar a la Revolución Cubana y derrotar la dictadura de Fulgencio Batista.

Para trasladar los fondos cotidianamente a la Habana se diseñó un saco de vestir para rellenar el forro con el dinero, el cual fue fabricado para ese propósito. Gracias a ese saco se pudo evadir la policía de Batista. Durante sus viajes a Cuba, Raúl Pérez únicamente lo entregaba a un contacto que lo estaba esperando y se regresaba.

“Mi padre conoció en la sierra a Camilo Cienfuegos, al Che, a Raúl Castro y a una señora de nombre Celia”.

En la misión que desempeñó el geólogo se involucró indirectamente el destacado empresario de Monterrey Lorenzo Zambrano Hellión, dueño de una fábrica de cementos, principal accionista de la empresa Focos S.A y padre del expresidente de Cemex Lorenzo Zambrano Treviño.

Raúl Pérez contó a Lorenzo Zambrano sus actividades clandestinas y le solicitó ayuda.

“Mi papá temía que algo le pudiera pasar. Así que le dijo a Zambrano: ‘Si me pasa algo Lorenzo, ayuda a mi mujer y mis hijos’. Mi tío Lorenzo sólo alcanzaba a decir: ‘Bueno, está bien’”.
En varias ocasiones Pérez Fernández trasladó dinero escondido en el saco a la Habana hasta que en un momento dado cesó esa actividad ya que fue identificado por los servicios secretos de Batista.

Cuando llegó al Aeropuerto, en lo que fue su último viaje, escuchó por los altavoces que lo voceaban. Le decían que tenía una llamada. Se dirigió a una caseta de teléfono donde le advirtieron: “Raúl ya te identificaron en la Habana, quítate el saco y entrégalo a X personas que está a dos metros de ti, él va a recoger el saco y tu ya no vas a seguir haciendo esta misión”.

“Gracias a Dios le advirtieron a tiempo, porque si hubiera seguido (a la Habana) lo pescan”, agregó Cecilia Pérez.

La hija destacó que la familia estuvo involucrada emocionalmente en la aventura de Fidel Castro “durante unos dos o tres años”.

El rompimiento

Después del triunfo de la Revolución, Raúl Pérez se traslada a la Habana y permaneció ahí un tiempo. Antes de regresar a México, Fidel Castro le hace la propuesta para que se vaya a trabajar a Cuba y desarrolle, junto con el ingeniero Alfonso Gutiérrez, una industria petrolera cubana.

“Vente Chico, que queremos que estés aquí”, le dijeron. Don Raúl le respondió que tenía toda su familia en México. “Vente en calidad de mientras, aquí te vamos a dar todo lo que necesites”, le insistió Fidel.

Al tomar el poder, Fidel Castros nombró a Alfonso Gutiérrez Director General del Instituto de Petróleo Cubano. Raúl Pérez se sumó al proyecto.

Los ingenieros comenzaron a desarrollar la industria nacional hasta que llegaron especialistas soviéticos quienes tomaron el control, y algunas decisiones que molestaron a Alfonso y Raúl.

“En una ocasión subieron a mi papá a un avión que estaba repleto de personas que no eran cubanos ni mexicanos. Los rusos les comenzaron a exigir en ese momento que les dijera 20 lugares para hacer las perforaciones. Él les respondió: Yo no puedo hacer eso, soy geólogo pero necesito equipo, tiempo para conocer dónde puede haber petróleo. Mi papá se quedó pensando y posteriormente comentó que le disgustaba el ambiente que crearon los rusos”.

Desde el arribo de los soviéticos el nuevo Instituto Cubano del Petróleo no tuvo autonomía.

Fidel lo hizo depender directamente del Ministerio de Industrias que dirigía Ernesto “Che” Guevara. En esa época el argentino reconocía que no sabía nada de economía, así que no apoyó el proyecto para desarrollar una industria petrolera.

Para el “Che” era más correcto políticamente comprarle el petróleo subsidiado a los rusos que embarcarse en la perforación de pozos y crear la industria petrolera nacional. Hoy en día muchos cubanos se deben lamentar y arrepentirse de haber rechazado ese proyecto.

Raúl Pérez mantuvo contacto con Fidel para impulsar los planes petroleros hasta un momento en que percibió que no podrían seguir adelante, así que decidió abandonar la Habana.

“Un día llegó al hotel, cogió sus cosas y se regresó a México. No les dijo ni adiós”.

Don Alfonso y Raúl Pérez rompen con la Revolución Cubana casi un año después de su triunfo.

La salida de los ingenieros petroleros molestó al comandante supremo y tiempo después se lo reclamó a Cecilia Pérez Madero.

“Cuando yo me caso, a mí me invitó Fidel a Cuba. Él ya tenía un año en el poder, ya que entró el primero de enero de 1959 y yo me caso en mayo de 1960. Cuando fui me pusieron un carro y una bola de cosas.

“Cuando llegamos estuvimos reunidos varias gentes que aún estaban con él. Ellos me preguntaron: ¿tu papá chica? Fidel sólo dijo: tu papá nos traicionó y se fue”.

Posteriormente Fidel Castro ordenó fusilar a Onelio Pino, y su hermana Orquídea comenzó a odiar al líder cubano.
La historia oficial señala que Onelio, excapitan del barco Granma, se “suicidó” en su casa aspirando monóxido de carbón.

“Ahí fue cuando mi padre comenzó a darse cuenta que el ideal que se tenía de Fidel no era tal”.

Raúl Pérez murió a los 84 años y al final de su vida se sentía traicionado con lo que Fidel Castro les hizo a Alfonso y a varios de sus amigos.

“Igual que mi amiga Orquídea Pino. Yo la visité muchos años después cuando ya era viuda y había adoptado dos niños cubanos que se trajo a México. Ella tenía un odio tremando contra Fidel por el trato que le había dado a su hermano y porque ellos entregaron sus casas, sus joyas, su dinero. De hecho ella entregó todo. Eran gente de mucho dinero. Yo recuerdo que pensaba, cómo, por qué se despojó de su riqueza. Ella no murió pobre, pero dieron todo”.

El rompimiento del ingeniero Raúl Pérez con Fidel Castro provocó que también se perdiera un importante acervo fotográfico donde se documentaba la entrada de los barbudos a la Habana.

“Mi padre logró concentrar muchas fotografías del triunfo de la Revolución Cubana, pero después de su desilusión con Fidel, las rompió todas”, concluyó Cecilia Pérez Madero.

Debido a su desencanto con Fidel, el nombre de Raúl Pérez nunca apareció en la historia oficial. Pero no fue sólo su nombre sino también las decenas de fotografías de los barbudos en la Sierra y arribando a la Habana que se perdieron para la memoria.

Origen: “Mi padre viajaba a Cuba con un saco forrado de dinero para Fidel Castro”: Cecilia Pérez – Proceso

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