Las preguntas de Nisman, 715 días después-Hugo Gambini

Hace dos años, Alberto Nisman se preparaba para viajar a Europa a festejarle los 15 años a su hija mayor, Iara. El 30 de diciembre ultimaron los detalles, el 31 brindaron y el 1° tomaron el vuelo a Londres. Padre e hija pasearon por la ciudad y se hicieron selfies sobre el Támesis. Iban a volver el 19 de enero pero, cuando pasaron por Madrid, Nisman se disculpó con Iara y le dijo que debía viajar urgente a Buenos Aires porque estaba haciendo un trabajo muy importante. Que debía terminarlo y luego volvería con ella. Iara siguió viaje desde allí con su mamá y su hermanita.

Cuatro días después de aquella despedida, Nisman se presentaba ante el juez federal Ariel Lijo con un documento de 289 páginas: “Vengo a denunciar la existencia de un plan delictivo destinado a dotar de impunidad a los imputados de nacionalidad iraní acusados en la causa AMIA…”, escribió.

Y además: “La decisión deliberada de encubrir a los imputados iraníes fue tomada por la cabeza del Poder Ejecutivo Nacional, Cristina Elisabet Fernández de Kirchner e instrumentada, principalmente, por el Ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Marcos Timerman…”.

La bomba de la denuncia a la Presidenta duró apenas cuatro días, cuando la tapó el estruendo de una detonación mayor: la muerte del propio Nisman. Este hecho durmió a su denuncia. Un grupo de jueces, después -Rafecas, Freiler, Ballestero-, le inyectó anestesia cada vez que amagaba con despertarse. No se trataba de si Cristina era culpable o no. Se trataba, hasta ayer mismo, de no investigarla. De negar la denuncia como quien niega a un fantasma.

Nisman sostuvo que el motivo del plan para cubrir a Irán era producir un acercamiento político y comercial con ese país “al entender que ello paliaría sustancialmente la crisis energética nacional”. Impunidad por petróleo.

El fiscal mencionaba la participación en el plan de encubrimiento de Luis D’Elía, del líder de Quebracho Fernando Esteche y del diputado “Cuervo” Larroque, pero enseguida ampliaba que había más personajes “que no resultan ajenos a la maniobra delictiva”. Y escribía expresamente el nombre de Julio De Vido.

Los funcionarios parecieron leer más tarde que, con Cristina en el poder y Nisman muerto, la denuncia de canjear impunidad por petróleo tenía destino de nada. Pero los tiempos cambian rápido en la Argentina y el pasado flojo de papeles es un bumerán que vuelve desde el horizonte: Cristina y De Vido fueron procesados justo esta semana por corrupción, y embargados en 10.000 millones de pesos, una suma que ni siquiera Nisman imaginó: por encubrir a los iraníes, él pedía indagar a Cristina y embargarla en 200 millones.

Cerca del final, Nisman escribía: “La gravedad institucional de esta denuncia, en tanto involucra a funcionarios de alta jerarquía del gobierno nacional, no debe convertirse en obstáculo para la investigación judicial y el desempeño de las tareas propias de un Poder Judicial independiente… Muy por el contrario, la celeridad para aclarar estos graves hechos resulta imperativa“.

El Poder Judicial independiente le contestó con una grieta donde se hundieron recusaciones, apelaciones, subrogancias y dignidades de Sus Señorías varias que -con Cristina en el poder y aún fuera de él- metieron la denuncia de Nisman en el submarino que recién ayer comenzó a emerger. Pasaron 715 días.

Origen: Las preguntas de Nisman, 715 días después

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