Obama apura sus últimos días saboteando la futura Administración Trump

El consenso socialdemócrata de posguerra, la progresía, el establishmente globalista, como prefieran llamarlo, tiene mal perder.

Carlos Esteban

El consenso socialdemócrata de posguerra, la progresía, el establishmente globalista, como prefieran llamarlo, tiene mal perder.

Si algo nos ha enseñado 2016 es que el consenso socialdemócrata de posguerra, la progresía, el establishmente globalista, como prefieran ustedes llamar a eso que se ha enfrentado este año que acaba a sus primeros reveses serios, tiene mal perder.

Los británicos partidarios de permanecer en la Unión Europea protagonizaron, tras la victoria del “no” en el referéndum de este pasado verano, los intentos más patéticos y desesperados por negar la validez del veredicto de las urnas, desde organizar peticiones fraudulentas para que se repita la consulta hasta agotar subterfugios jurídicos para que no se aplique la desconexión, todo sumado a una ofensiva mediática contra los ‘brexiteers’ en la que los grandes medios se revelaron más como ‘cheerleaders’ de Bruselas que como informadores.

Pero la apoteosis de la vergüenza ajena habría de llegar en noviembre, cuando contra el viento y la marea de todos los poderes fácticos coordinados, Donald Trump se alzó con una victoria juzgada unánimemente como imposible. Desde ese momento, hemos asistido a marchas multitudinarias y ocasionalmente violentas financiadas por George Soros, solicitud atendida de recuentos en tres estados, presiones sobre los miembros del Colegio Electoral para que voten contra el candidato elegido y, sobre todo, acusaciones de la CIA, recogidas y aireadas por la prensa, de que Moscú ha manipulado las elecciones en favor de Trump.

A pesar de que nadie acierta a explicar cómo hayan podido realizarse, en la práctica, estos fraudulentos manejos ni se haya aportado prueba alguna, el presidente saliente, Barack Obama, parece dispuesto a dinamitar el traspaso de poderes y las relaciones con la segunda potencia militar mundial en sus últimos días en el cargo, un caso insólito.

Obama, a quien la prensa internacional se ha cansado de adular durante sus dos mandatos, ha abandonado su relajado estilo de gobierno de los últimos años para embarcarse en una frenética actividad en sus últimos días de mandato que es difícil calificar de otro modo que sabotaje. Está apurando un tiempo que la cortesía y el sentido común prescriben de escasa actividad para ponerle las cosas difíciles al presidente electo.

El propio presidente saliente ha dejado claro en numerosas elocuciones que considera “un desastre” para Estados Unidos la victoria de Trump, una grosería institucional sin precedentes que deja a las claras el móvil de su frenética actividad de última hora.

La expulsión de 35 diplomáticos rusos en Estados Unidos en plena Navidad y la aprobación de nuevas sanciones contra Rusia es un acto de hostilidad sin precedentes, calculado para agriar las relaciones entre los dos países, ya bastante deterioradas por las acusaciones vertidas contra Moscú desde la propia campaña electoral.

La reacción del presidente ruso y de Donald Trump con sendos mensajes ha logrado salvar la crisis, el ruso en forma de nota oficial y el del presidente electo, como empieza a ser habitual, en forma de tuit.

Vale la pena citar íntegra la nota de Putin:

“Consideramos una provocación las medidas hostiles adoptadas por la Administración saliente norteamericana, dirigidas a debilitar aún más la relación rusoamericana. Van contra los intereses tanto del pueblo ruso como del americano. Considerando las responsabilidades de seguridad mundial de Rusia y Estados Unidos, esto daña, asimismo, las relaciones internacionales en su conjunto.

Como se desprende de la práctica internacional, Rusia tiene razones para responder con acciones similares. Aunque tenemos derecho a aplicar represalias, no recurriremos una irresponsable ‘diplomacia de cocina’, sino que estudiaremos nuevas medidas para restaurar las relaciones entre Rusia y Estados Unidos basadas en las políticas de la Administración Trump.

Los diplomáticos que vuelven ahora a Rusia pasarán las vacaciones de Fin de Año con sus familias y amigos. No crearemos ningún problema a los diplomáticos americanos. No expulsaremos a nadie. No impediremos que sus familias e hijos usen sus tradicionales lugares de ocio durante las fiestas de Año Nuevo. Al contrario, invito a todos los hijos de los diplomáticos americanos acreditados en Rusia a sumarse a las fiestas infantiles de Año Nuevo y Navidad del Kremlin.

Es lamentable que la Administración Obama termine su mandato de esta manera. No obstante, ofrezco mis felicitaciones de Año Nuevo al presidente Obama y a su familia.

También envío mis felicitaciones de estas fechas al presidente electo Donald Trump y al pueblo americano. Les deseo a todos felicidad y prosperidad”.

Con Trump es más fácil, porque los mensajes de la red social Twitter tienen un límite de 140 caracteres, aunque hay que decir que el presidente electo los ha aprovechado eficazmente: “Magnífica decisión (de V. Putin). Siempre supe que era muy inteligente”.

Sumado a las reacciones de los dos líderes, la destemplada hostilidad de última hora de Obama le deja en la figura del Grinch que trató de robar la Navidad. 

Pero todo lo que intentan los enemigos de Trump, como los recuentos o los intentos de cambiar el voto de los delegados, parece volverse contra ellos, y estos ataques contra Rusia no son una excepción.

De entrada, es especialmente diáfana la intención hostil y de raíz interna e ideológica de estas medidas en un presidente que se ha pasado ocho años riéndose de quienes consideraban a Rusia una amenaza geopolítica, como fue el caso del candidato republicano Mitt Romney en su enfrentamiento electoral con Obama.

Tampoco ha querido tomarse en serio a lo largo de sus dos mandatos la amenaza del ciberespionaje, como prueba su pasividad cuando China ‘hackeó’ los datos de 25 millones de americanos o incluso ante las filtraciones de los correos de dirigentes del Comité Nacional Demócrata hechas públicas por WikiLeaks. Ha sido la impensable derrota demócrata ante Trump, que amenaza con hacer trizas su ‘legado’, lo que súbitamente le ha hecho consciente del problema.

Pero si su presumible objetivo es agriar las relaciones entre ambas potencias más allá del poder de la nueva administración para enmendarlas, una vez más la maniobra le ha salido al revés y ha puesto de manifiesto la habilidad de los líderes atacados para trabajar en equipo.

No es, ni mucho menos, el único intento de sabotaje por parte de Obama. Más grave aún consideran muchos expertos la abstención de Estados Unidos en la votación de Naciones Unidas sobre la enésima resolución contra Israel, unida a la ominosa advertencia de John Kerry sobre que “Israel tiene que elegir entre ser un Estado democrático o un Estado judío; ambas cosas a la vez son imposibles”, agravado por nuevas críticas del propio presidente.

La medida supone un giro brusco y radical a la política norteamericana de inamovible alianza con Israel desde el nacimiento de este Estado, una verdadera revolución geopolítica extraña para aplicarla en las últimas semanas de mandato, con un presidente electo que mantiene ideas contrarias.

Pero la esperable irritación israelí, expresada por el primer ministro Benyamin Netanyahu, ha servido para que Trump gane enteros con Jerusalén e Israel le dé una más que cálida bienvenida, lo que no dejan de ser puntos a favor de un candidato a menudo presentado por los medios como antisemita.

Obama parece estar buscando enloquecidamente medidas que saboteen la acción del nuevo presidente y que este no pueda desactivar, como cuando ha aprovechado una oscura ley para prohibir ‘in aeternum’ prospecciones petrolíferas en Alaska.

También sería, en teoría, irreversible la aplicación de un viejo edicto que le ha permitido sustraer del mercado y la explotación privada 667.000 hectáreas de suelo en Utah y Nevada al declararlos patrimonio nacional.

Dejaremos la lista, que aún puede aumentar hasta el 20 del próximo mes, con un torpedo en la línea de flotación de la primera promesa de Trump: la inmigración ilegal. Así, Obama ha aprovechado sus últimos días en la Casa Blanca para eliminar un registro nacional de inmigrantes, el programa NSEERS que, si bien apenas se ha aprovechado, está diseñado para aportar valiosa información en la lucha contra el terrorismo.

 

Origen: Obama apura sus últimos días saboteando la futura Administración Trump

Obama sabotea la administración Trump ,como Cristina Kirchner se lo hizo a Macri

AB

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