Otro año perdido por la cultura del piquete

Lunes. Asamblea sobre Marcelo T. de Alvear, frente al Ministerio de Educación, por despidos. / Diego Waldmann

Por Patricio Giusto*

La elevada cifra de 6.491 cortes de vías públicas registrados en todo el país durante 2016 (3% más que en 2015), según datos de Diagnóstico Político, indica un peligroso afianzamiento de la cultura del piquete en la Argentina. Hay varias razones estructurales y coyunturales que explican este fenómeno.

En primer lugar, el nuevo Gobierno de Cambiemos dio continuidad a la política instaurada por el kirchnerismo de dejar hacer en el espacio público. Con el agravante que la postura del oficialismo no se condijo con las promesas de campaña y los contundentes anuncios durante los primeros meses de gestión.

De esa forma, los piqueteros siguieron gozando durante el último año de la impunidad que garantiza la inacción de las autoridades públicas. Cabe resaltar que ningún funcionario del área de Seguridad, al menos en el orden nacional, fue removido o interpelado por este estrepitoso fracaso. Tampoco ningún fiscal o juez fue investigado o sancionado por algo tan elemental como no hacer cumplir la ley. Sin dudas, un escenario muy distante del ideal macrista de reposicionar a la Argentina como un país serio ante el mundo.

El Gobierno tan sólo atinó a afrontar el complejísimo problema de los piquetes con un fallido protocolo para regular las protestas sociales… de tan sólo siete páginas. Además de que evidentemente nunca hubo real voluntad (o capacidad) política de implementarlo, el mismo contenía una serie de falencias y carencias que lo tornaban impracticable.

Respecto a la coyuntura, la compleja situación económica y social del país durante 2016 incrementó como era de esperarse el protagonismo de los gremios estatales y las organizaciones sociales. Para colmo, por el mero hecho de ser Macri el Presidente, abundaron las manifestaciones lideradas por sectores kirchneristas y de izquierda con motivaciones netamente políticas y abiertamente desestabilizadoras.

En el caso de las protestas vecinales, si bien bajó levemente su incidencia en materia piquetera, cabe resaltar que sólo dos temas acaparan más del 60% de los piquetes de este sector: inseguridad y cortes de luz. Si estas dos cuestiones, no menores, se fuesen resolviendo desde las políticas públicas, los piquetes vecinales espontáneos probablemente tenderían a ser numéricamente insignificantes.

Un dato alentador, punto a favor de la estrategia política del Gobierno, es el relativo bajo número de piquetes realizados este año por sindicatos privados. Los acuerdos alcanzados con la nueva conducción de la CGT evidentemente dieron réditos políticos. En ese sentido, muchos conflictos de sindicatos del sector privado tuvieron más bien que ver con internas gremiales que con motivos salariales.

En definitiva, la cultura del piquete sigue siendo un problema acuciante e ineludible, no sólo para el actual Gobierno, sino para la sociedad argentina en su conjunto. El imperio de la ley del más fuerte en la calle no puede seguir siendo una opción válida o tolerable, al menos en un país que reivindica la democracia plena. Desde ya que llevará tiempo y no hay soluciones mágicas, pero algún día hay que empezar. A la luz del balance de 2016, lamentablemente hemos perdimos otro año.

*Polítólogo (UCA) y Mg. en Políticas Públicas (FLACSO). Docente universitario (UCA). Director de Diagnóstico Político.

Origen: Otro año perdido por la cultura del piquete

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