No es la grieta, es la sociedad enferma 

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Laura Etcharren

Todo está concentrado en provincia de Buenos Aires, sin entender, o tal vez, sin importar, que así como en dicha provincia que encabeza el PBI narcodelictivo a nivel nacional se definen las elecciones, también se define la inseguridad del país

Socióloga. Especialista en pandillas, maras y narcotráfico en Centroamérica y Argentina

La respuesta a la inseguridad, en todas sus expresiones, hoy está marcada por una escenografía. Por un despliegue hollywoodense que se celebra en el mundo del crimen organizado y que se constata en la Argentina, que pasó de llamar “mamarracho” a lo que hacía el secretario Sergio Berni a denominar “protocolo” a aquello que hace, a veces, la ministra Patricia Bullrich.

El estado de situación es complejo. Si bien hay un reconocimiento claro de la instalación del narcotráfico, también hay una bajada de línea que no se ajusta al diagnóstico: “Argentina sin narcotráfico”. Un eslogan, una expresión de deseo que es prueba cabal del superávit de trabajo de escritorio frente al deficitario trabajo de campo.

Hoy Argentina se debate entre “la pesada herencia recibida” (la cual tiene un techo) y la globalización interna del maquillaje de Ciudad Autónoma de Buenos Aires a nación y provincia de Buenos Aires. Una provincia en donde nunca nada alcanzó ni alcanza para comenzar a crear un mínimo clima de seguridad. Así es que como la Policía Bonaerense no era suficiente, se creó por decreto el fatal error de las policías locales que hoy continúan. Y como si fuese poco, ahora colmaron la provincia de fuerzas federales, desprotegieron al norte de nuestro país, le faltan el respeto, incluso, a dichas fuerzas —Gendarmería y Prefectura—, que no pueden ser, en territorio desconocido, lo operativas que serían en los lugares para los cuales fueron diseñadas y configuradas.

Ocurre que en la provincia de Buenos Aires se definen las elecciones. Entonces, para allá van los fondos, las fuerzas federales y demás mimos para continuar con el montaje de una ficción que se extiende, en dicha provincia, desde hace décadas: la seguridad. Aparecen las fotografías de lo nuevo, no con lo viejo, sino con la caterva más rimbombante de algunos partidos del enclave Conurbano Bonaerense. ¿Cambiamos?

Las elecciones son el motor desquiciado de este tiempo culpable. Todo está concentrado en provincia de Buenos Aires, sin entender, o tal vez, sin importar, que así como en dicha provincia que encabeza el PBI narcodelictivo a nivel nacional se definen las elecciones, también se define la inseguridad del país.

Sin embargo, con estoicismo, las fronteras quedaron aún más flojitas de gendarmes, así como los ríos de prefectos. Marchen para la provincia de Buenos Aires. El federalismo, en Argentina, es sólo retórica. No obstante eso y aunque pese, la seguridad está sostenida por algunas provincias que han tomado medidas concretas frente a conflictos concretos. Provincias que no apostaron por los parches sino por la diagramación de planes estratégicos acordes con sus gruesos delictivos. Por supuesto que en este escenario de lucha no ingresa la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, enarbolada en sus faroles de colores selectivos conforme a la comuna, los jardines colgantes y las tristes bicisendas más utilizadas por motochorros que por ciclistas.

El delirio de forjar una ciudad del primer mundo cuando en su epicentro existe un bastión narcocriminal que maneja, según fuentes de investigación y trabajo de campo, los hilos delictivos que despuntan de la comuna 7 al resto anómico. Porque Marcos, el pomposo narco peruano que fue apresado en un domicilio que no ocultaba y que hasta las hormigas conocían, no operó desde su casa de Ezeiza (el partido que evoca en miniatura la gestión de seguridad que terminó de destrozar a la provincia de Buenos Aires y a la Policía) en corte y confección. También barajó, como buen líder mafioso, la posibilidad de una caída y la necesidad de dejar las piezas acomodadas para moverlas, cuando el tiempo y la inoperancia lo indiquen, en el nuevo tablero nacional y regional.

Experimentar con la seguridad de los ciudadanos con una fusión Federal-Metropolitana que, conforme al relato de fuentes de investigación, es un cocoliche. La primera no quiere ser absorbida por la Metropolitana y argumenta descenso categórico y de trayectoria; esta última no quiere ser absorbida por la Federal por las manchas de corrupción que la atraviesan.

El norte existe

Jujuy, Salta y Formosa, adheridas a la desfederalización, en la lucha contra el narcomenudeo, se presentan, con sus propias características, “entregadas” al vacío por la equivocada distribución de las fuerzas de seguridad. Observan la divulgación de las incautaciones nacionales de droga como si fuesen panfletos que plantean una lucha que debe iniciarse como cualitativa, como cuantitativa.

Con las desprolijidades y las contradicciones que sólo el amateurismo pueden justificar. Con la particularidad de que, con el amateurismo, el narcotráfico, nos está llevando puestos, desde su base primaria, el narcomenudeo, hasta sus conexiones con el resto de las vertientes del crimen organizado. Algunas de ellas subestimadas atribuyendo a que pertenecen al imaginario colectivo y no a un entramado siniestro que tiene la trata de personas: el tráfico de órganos.

El norte existe para el narcotráfico, pero parece no existir para ser defendido, como corresponde, por las fuerzas. Atendiendo, con reforma de seguridad interna y de defensa, el factor de complemento de las Fuerzas Armadas para la clara protección de un país.

El norte existe para sus gobernadores y la frontera no es pensada como una línea recta por ellos. Tampoco es así pensada por la Secretaría de Frontera. Una secretaría acotada en su capacidad de proyección y difusión mediática “porque el divismo, al interior del Ministerio de Seguridad, es más agudo del que puede evidenciarse dentro de un teatro de revistas”, relata un agobiado empleado limitado a ver pasar impericias.

La Secretaría de Frontera entiende la importancia de trabajar en la pata social del norte para que la variable sea el trabajo legal y no el ilegal. Una secretaría que comprende que no puede pensarse el noroeste argentino sin entender la dinámica de Bolivia y el noreste argentino sin entender la de Paraguay.

Pasión comunicacional

El exhibicionismo antes que el silencio contribuye al auge de un tejido social desintegrado. Una mutación del delito a lógica extorsiva y una sostenida cosecha de cadáveres que pone en evidencia que aún no se comprendió que prevención es seguridad.

Un estado de reproches compulsivos. Una institución, como la policía, siempre bajo sospecha. Envuelta en los espectros de las connivencias fundadas, constadas y de por las dudas. Algunos ministros de Seguridad que forman parte del problema y, como son parte, no reciben el respeto de las fuerzas de seguridad que conocen de fortalezas y debilidades.

La seguridad, en Argentina, es no más que una gigantografía como la que utilizaba Marcelo Tinelli. Una puesta en escena que podría revertirse si empiezan a recorrer el país y no trafican versiones de escritorio. Si asimilan que el paco es una construcción voraz rebajada del Conurbano Bonaerense y en estado puro de ese norte milagrosamente armado jujeño que llega en forma de bazuco de Bolivia.

Si diferencian cocinas de laboratorios. Si comprenden que el mercado embrionario de drogas sintéticas debe ser contenido desde ahora para que no se abra el complejo bárbaro de la heroína que podría llegar a ser, en América Latina, el paco de la próxima década.

Si entienden que un punto de venta de droga no es un búnker y que jamás un niño soldado se construye bajo los efectos de la pasta base. Por el contrario, se lo recluta para adoctrinarlo de forma para militar.

Todo podría revertirse si comprendiesen que la provincia de Buenos Aires no puede ser el ejemplo de la lucha contra el narcomenudeo, porque allí no hubo lucha sino abulia y configuración de brazos armados de una policía que implosionó hasta explotar.

Entender que las luchas contra el narcotráfico y contra el narcomenudeo no son antagónicas sino complementarias. Que el narcotráfico es un proyecto de poder asentado sobre un proyecto de muerte que es la droga y encolumnado en su génesis que es el lavado de dinero.

Reconocer que el delito se dinamizó. Que el crimen organizado evolucionó y que sus brazos armados se rediseñan por el mundo conforme a la realidad global, pero también a las realidades locales que muestran permeabilidad.

Ni los cárteles de la droga, ni las bandas de narcotraficantes, ni las maras se desarrollarán en la actualidad como lo hicieron en los años ochenta. El ritmo de la criminalidad y los nuevos métodos invitan a terceras vías.

Asimilar, por último, que hay un punto límite específico en la lucha contra la inseguridad y contra el narcotráfico en donde calidad y cantidad sí se entrecruzan, pero para eso se necesita transitar etapas que se organizan por plazos finamente calculados bajo seguimiento de inteligencia.

No se trata de cambiar de nombre, ni de relatos. Se trata de salvaguardar a la sociedad de un flagelo que, con sus características locales e importadas, ya se consagró en Argentina en el año 2014.

Origen: No es la grieta, es la sociedad enferma – Infobae

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