Cuba: Vivir en hacinamiento

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Habitantes de falansterio inhabitable reclaman atención de las autoridades

Por Frank Correa/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Nilda Leyva, de 45 años y presidenta del Comité de Defensa de la Revolución “Augusto Cesar Sandino”, de La ciudadela, es a la vez encargada de la Federación de Mujeres Cubanas y  de la Brigada de Producción y Defensa en Tiempo de Guerra del lugar. Además, trabaja como  instructora del círculo infantil  Amiguitos del mañana. Se queja de haber escrito varias cartas a la Dirección Municipal de Vivienda sobre la difícil situación en que viven allí los vecinos, pero no recibe respuesta de este organismo estatal.

“Mis quejas se refieren al hacinamiento que hay en este sitio”, cuenta la señora Leyva.

“Aquí convivimos múltiples familias en pésimas condiciones de habitabilidad e higiene. Una vez, hace años, enviaron a un inspector que dictaminó el desalojo inmediato, pero los habitantes de La ciudadela nos negamos rotundamente”.

Cheito, usufructuario de uno de los inmuebles y trabajador por cuenta propia, dijo: “Exigimos que nos entreguen materiales de construcción para reparar las viviendas y ampliarlas, pero no hay respuesta. Esta situación es vieja. No vemos la solución por ningún lado”.

El pescador Justino, uno de los pobladores más viejos de Jaimanitas, señala que “antes de 1959, la ensenada donde está enclavada La ciudadela, en la desembocadura del río, era un balneario con restaurantes, bares y casetas. Había alquiler de trusas, equipos de buceo y bicicletas. La playa tenía buena arena y siempre estaba limpia. Había cinco cabañas  que pertenecían a un norteamericano de apellido Harrys. Las alquilaba a familias que pasaban la temporada de vacaciones en Jaimanitas. Estas instalaciones contaban con empleados de oficina y mantenimiento. Esa fuerza de trabajo desapareció junto con el resto de las instalaciones cuando se pusieron en práctica las leyes de intervención revolucionarias, aplicadas por el gobierno cubano. Trajeron consigo que desapareciera el comercio del lugar, la arena de la playa fue saqueada para utilizarla en las construcciones particulares.  La orilla del mar fue poco a poco convirtiéndose en un vertedero…”.

“Las cinco cabañas del norteamericano Harrys las entregaron a familias pobres”, agrega Justino.

Con el tiempo, estas familias fueron multiplicándose. Tuvieron que dividir las cabañas en habitáculos más reducidos para acoger a nuevos inquilinos. Todo eso trajo consigo el hacinamiento y el sobrenombre de  La ciudadela.

Cayuyo, de 80 años, también es un viejo pescador que habita en los alrededores de la desembocadura del río, y junto a la presidente del CDR Nilda Leyva, me acompaña en un recorrido por las casuchas. Observamos el mal estado de las viviendas, la mala higiene producto al pésimo drenaje, la falta de agua  y electricidad.

“Los inspectores dejaron un dictamen”, dice Cayuyo, “una orden para los habitantes de La ciudadela. Debían abandonar el lugar en 24 horas y  trasladarse a  albergues.  Pero  nadie les hizo caso. Eso fue en el 2008 y nunca más volvieron por aquí. Quizás se olvidaron de nosotros, o temieron un motín, porque estábamos preparados para cualquier cosa, menos para abandonar el lugar”.

Pie de foto: Habitantes de falansterio inhabitable reclaman atención de las autoridades

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