El 24 de marzo, entre la insensatez y la hipocresía

Fernando González

Fernando Gonzalez

En un país con un tercio de su población bajo la línea de pobreza y su economía estancada desde hace cuatro años la discusión por el corrimiento o no de un feriado podría resultar banal. Pero no lo es cuando la fecha conmemorativa en cuestión es el 24 de marzo, el Día Nacional de la Memoria. La última dictadura militar y su secuela de muertos y desaparecidos han dejado huellas profundas en una sociedad que, como se comprueba desde hace más de tres décadas, todavía no termina de curar las heridas producto del imperio de la violencia. Por eso, es que resultó insensata la decisión del Gobierno de establecer la movilidad de algunos feriados en el contexto del exceso de feriados puente que tiene la Argentina y modificó el presidente Mauricio Macri mediante un decreto de necesidad y urgencia.

Según esta disposición, el feriado por el Día de la Memoria del 24 marzo pasará este año del viernes al lunes 27, al igual que lo harán otros feriados como el Día de la Bandera (20 de junio) o el Día del Veterano de Malvinas (2 de abril) cada vez que caigan en días martes, miércoles, jueves o viernes. El argumento oficial es que las empresas y comercios dependientes del turismo han pedido que, en estos feriados, al menos se contemple la posibilidad de mantener tres días no laborables seguidos para no perjudicar el consumo. La decisión provocó la protesta de los organismos de derechos humanos; de la provincia de Santa Fe (donde se juró la bandera) y de los ex combatientes de Malvinas. Cada uno haciendo hincapié en la fecha que creen mancillada.

En el caso del 24 de marzo, el reclamo provino de las dos dirigentes más reconocidas del país en cuestión de derechos humanos. Tanto la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, como la ex integrante de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos, Graciela Fernández Meijide, se han pronunciado en contra de la medida oficial. Ambas perdieron hijos durante la dictadura y coincidieron en criticar la decisión pese a sus diferencias políticas. Carlotto desde su simpatía kirchnerista y Meijide desde una postura de moderación y hasta de coincidencias con el macrismo. En la misma línea se hicieron oír incluso algunas figuras del Frente Cambiemos, como fue el caso del radical Ricardo Alfonsín.

Pero en la orilla de ese nivel razonable de polémica creció una iniciativa de gobernadores e intendentes peronistas para cambiar la medida oficial y mantener el 24 de marzo como feriado inamovible en los distritos que gobiernan. Si bien están en su derecho de plantear cualquier diferencia en la gestión está claro que esto lo hacen en la búsqueda hipócrita de espacio político en un año sensible y electoral. A ninguno de esos dirigentes que ahora se golpean el pecho por los cambios en el calendario se le escuchó reclamo alguno cuando, durante los años del kirchnerismo, la acumulación de feriados puente terminó convirtiendo al Día de la Memoria y a la mayoría de las fechas patrias en ocasiones diseñadas sólo para el esparcimiento. Los feriados de reflexión y de necesario debate sobre los padecimientos del pasado brillaron por su ausencia durante la década en la que reinaron la intolerancia y el relato sin sustento.

Origen: El 24 de marzo, entre la insensatez y la hipocresía

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