Se cayó la última careta | OPI Santa Cruz

El kirchnerismo se implosionó en el 2015; hasta ese momento, podía sostener la endeble estructura de mentiras y falsedades que inventó para cautivar el reconocimiento popular. Pero a partir de la salida del poder, se desmoronó el maquillaje que recubría sus discursos y afloró la verdad. Oscura y fría como los calabozos de la dictadura, el encarcelamiento de César Milani fue la última careta que se le cayó al FPV/kirchnerismo/cristinismo y terminó con la mística que algunos pretendían sostener, representar o crear, a pesar de las evidencias de corrupción y malicia de sus integrantes. (Por Rubén Lasagno)

Hubo tres máscaras que se cayeron en los últimos tiempos y el viernes, terminó de caer la última. La máscara política pseudo progresista, impregnada de un populismo chabacano y autoritario, quedó en carne viva con la salida del poder y las cientos de causas por corrupción que le afloran como hongos a la ex presidenta y su entorno, como una pandemia que corroe a lo largo y ancho, estructuralmente, al ex gobierno que se mantuvo por 12 años en el poder.

La máscara del nacionalismo económico, se cayó cuando quedó en claro el alto índice de pobreza que había en el país, escondida en las cifras silenciadas del INDEC, un desvío deshumanizado de dinero público a “empresarios” que retornaban los fondos al bolsillo del caballero y la dama, una inflación galopante que nos dejó el “brillante” Kiscilof y la economía “vivir con lo nuestro”, la cual nos había sacado del mundo, no por elección, sino porque ya nadie nos daba un crédito por la simple razón de no confiar en nuestros gobernantes, al igual que pasó con Venezuela y Ecuador.

La máscara de los Derechos Humanos de Cristina y Néstor, se derrumbó el día viernes, cuando el Juez decidió encarcelar a César Milani por genocida. Esta ha sido, sin duda, la última pero la máscara más clara y evidente, que destruye el relato y pone a los defensores a ultranza del kirchnerismo, en la disyuntiva de salir a desmentir lo obvio o ponerse en su contra. Algunos optaron por el silencio; a otros no les da la cara para “poner las manos al fuego” por el antiguo régimen de ladrones y oportunistas.

Se mancharon los pañuelos blancos, signo emblemático de los DDHH en Argentina. Callaron las voces, se anudaron las gargantas. Muchos de los que reutilizan el latiguillo “hasta que la justicia lo demuestre”, no saben dónde meterse. La justicia lo demostró: Milani es un viejo torturador, desaparecedor de personas, usurpador de cargos, genocida y mantuvo el máximo poder en el Ejército de la democracia K, tras un telón de mentiras y ocultamientos, solo revelados luego que perdiera el poder.

Los pañuelos de Hebber de Bonafini y de Estela de Carloto, se mancharon con sangre y no hay otras culpables más que ellas y los Kirchner de haberlo logrado. Ambas luchadoras por los desaparecidos, eran carne y uña con el genocida, lo defendieron a ultranza, operaron en su favor, mientras hablaban, pedían cárcel y puteaban a otros genocidas; todo esto al tiempo que dormían con el enemigo y no sin saber, precisamente, sin querer saberlo (que no es lo mismo) o como yo creo, sabiéndolo perfectamente, pero ocultando la verdad al pueblo.

La careta de la simulación de los Derechos Humanos del kirchnerismo se rompió en mil pedazos. Muchos años desde este mismo espacio hemos advertido la mentira. Año tras años nos encargamos de recordar que Néstor Kirchner y CFK jamás le dedicaron ni un minuto al recuerdo del 24 de marzo, donde paradójicamente el entonces gobernador de los ´90 se iba a festejar el cumpleaños de Gobernador Gregores con las fuerzas militares de la zona y sistemáticamente les negó a las referentes de los DDHH en Santa Cruz (Abona-Pierini), un lugar donde recordar, en un acto simbólico y público, a los desaparecidos.

Lo dijimos hasta el cansancio. Una y otra vez repetimos que Néstor Kirchner y luego su esposa, utilizaban los Derechos Humanos, por la hipersensibilidad política que llevaba impreso un tema tan irresuelto en la sociedad argentina como éste. Y así fue, hasta hoy que la realidad nos vuelve a dar la razón.

Pero no fue solo Milani el único represor que tuvo el kirchnerismo en su matriz política ¿O nadie se acuerda ya del General Roberto Bendini (Margarita Belén), hombre que fue elegido por Néstor en el 2003 y lo llevó desde Santa Cruz donde el entonces Jefe de la Guarnición militar de Río Gallegos estaba envuelto en actos de corrupción, delitos por los cuales el Tribunal Oral de esta capital lo puso a resguardo y hasta le pidió disculpas?.

Bendini pasó como una exhalación por el kirchnerismo y muchos solo lo recuerdan por el acto genuflexo y de obediencia debida hacia Kirchner, cuando éste le ordenó bajar el cuadro de Rafael Videla, su jefe por años, bajo cuyas órdenes sirvió Bendini. Su forzado y meteórico ascenso, ordenado por Néstor con la opinión en contra del CELS y varios sectores internos que fueron acallados por orden del flamante presidente, parecen no ser parte hoy de “la memoria” colectiva K.

Una vergüenza total era ver a los que ahora se horrorizan o hacen silencio, levantar la bandera de los Derechos Humanos, cuando el kirchnerismo ha sido la cueva donde muchos de ellos se guarecían. La hipocresía K en este tema, sirvió para enjuagar cientos de millones de dólares que se tragó Bonaffini con su hijo putativo parricida, fue alimento de millones de dólares en la “Universidad de las Madres”, le sirvió al kirchnerismo para robar millones con su “luchadora social”, Milagro Sala y para perder millones y millones de pesos en tecnología que adquirió Icazuriaga, Larcher, Stiuso ordenados por Milani, para espiar a propios y ajenos, a la vez que enriquecerse y estar a resguardo de sus delitos genocidas.

Jamás hubo una política sincera de los Derechos Humanos por parte del kirchnerismo. Todo fue simulación, oportunismo y aprovechamiento político. Lo dijimos tantas veces que cuesta repetirlo sin sentir molestia. La última careta se cayó. Hoy los propios kirchneristas evitan quedar pegados con Milani, pero ya es tarde. ¿Aparecerá Milani, ahora, como un nuevo “perseguido político?. Ni Cristina lo nombra en las redes sociales, pero aquí estamos para recordar que el lugar preponderante obtenido por un torturador y criminal como el ex Jefe del Ejército del kirchnerismo, ha sido el mayor emblema de la mentira, el descaro y la corrupción, en la acción y el discurso, que han demostrado (una vez más) los padres de la criatura: Néstor Kirchner y Cristina Fernández; pero nada de eso habrían podido lograr sin la complicidad de quienes los sostuvieron, justificaron y aplaudieron cada una de las barbaridades que hacían y decían desde el poder. Hoy la propia desgracia de sus desgracias corona la caída de su última careta, la que destruye con ella todo vestigio de ser reinstalada como un discurso político, por parte de cualquier kirchnerista que aún ronde los rezagos partidarios de esta facción en vías de extinción.

Decía el griego Esquilo: “Cuando el veneno malévolo infecciona el corazón, constituye un doble sufrimiento para el que lo lleva en sí: siente el peso de sus propias desgracias y gime ante el espectáculo de la felicidad ajena”. (Agencia OPI Santa Cruz)

Origen: Se cayó la última careta | OPI Santa Cruz

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