Los enemigos de Donald Trump

El presidente de los Estados Unidos se ha tenido que enfrentar a una serie de enemigos desde su toma de posesión. Ron Aledo analiza esta oposición.

POR: RON ALEDO

El presidente de los Estados Unidos se ha tenido que enfrentar a una serie de enemigos desde su toma de posesión. Ron Aledo analiza la oposición a Donald Trump y sus principales medidas

Una de las ventajas de ser de Estados Unidos e hispanohablante es que se disfruta plenamente de todo lo que se puede leer tanto en español como en inglés. De esa manera puedo disfrutar por igual de verdaderas joyas épicas que se publican muy de vez en cuando en cualquiera de los dos idiomas. De entre las verdaderas joyas de los últimos tiempos sobresalen dos muy significativas que retratan cada una a su manera las llamadas ¨elites¨ que controlan la sociedad occidental en la academia, los medios, y la política. Me refiero a dos artículos verdaderamente monumentales.

En primer lugar, tenemos en España, el brillantísimo ¨Moderaditos¨ de Juan Manuel de Prada. Este articulo va dirigido a los finos ademanes, etiqueta y protocolo que tiene la clase política y mediática dominante, obsesionada con las ¨buenas formas¨ y el ¨centrismo radical¨, o lo que llamaría el gran Pat Buchanan, ¨fundamentalistas democráticos¨. El articulo denuncia la falta de corazón, convicción, coraje, y hasta ideología, entre los que siempre buscan el ¨centro¨ para desvirtuar de pasión y alma el mundo político e intelectual. Lo que antes se defendía con la espada y con el alma por convicción teologal y metafísica, lo que movía a santos y reyes, emperadores y conquistadores, con la razón del Ad maiorem Dei gloriam, hoy día se abandona por la moderación, por los Talibanes del centrismo fundamentalista, por la moda de los tiempos y por el temporal y efímero aplauso mundano.  Como el rey que andaba desnudo con su tela mágica que solo los ¨virtuosos¨ podían ¨ver¨, los moderaditos abandonan su alma y pasión para hacer creer a los otros que pueden ¨ver¨ esa tela mágica y ser celebrados como los ¨guays¨, ósea no ser los ¨brutos que no pueden ver la supuesta tela mágica e invisible del emperador. (¡Lo que hacen los moderaditos para dárselas de finos, delicados e intelectuales!)

Juan Manuel de Prada nos describe con su brillante pluma a los moderaditos que son en realidad, al fin y al cabo,  los mismos Tibios que serán vomitados por Dios (Apocalipsis 3:15), los que según Dante por no ser ni fríos ni calientes, les ¨echa el cielo para que menos bello no sea, y el infierno rechaza, para que no den gloria a los caídos¨ (Canto III, Divina Comedia), y los mismo que según el mismo de Prada (porque así lo explica De Prada en otro de sus brillantes artículos, ¨Vuelve Gibson¨) son como los eunucos que saben cómo se hace pero no pueden hacerlo.

Y estos moderaditos nos llevan a descubrir su perfecto complemento a cargo de Nassim Nicholas Taleb, genial economista y filósofo creador de la teoría del ¨anti frágil¨ y autor del Cisne Negro. Taleb, cristiano libanes afincados en EEUU, nos describe igualmente a esos mismos moderaditos, ósea a las mismas auto proclamadas ¨elites¨ académicas, mediáticas y políticas como una clase social particular, la nueva burguesía de la mediocridad, fina en protocolos, elegante en etiquetas, delicadita en formas; educadísimos Dr. Jekylls en su apariencia exterior, pero brutos, ignorantes, y ciegos en su moderado interior a lo Mr. Hyde. Estos son los que el brillante Taleb nos describe como Intelectuales Pero Idiotas (IPIs), la clase que nos gobierna, nos educa y nos informa.  En su capítulo de ¨Skin on the Game¨, Taleb nos describe el complemento perfecto para entender a los moderaditos de Juan Manuel de Prada.

Los Intelectuales Pero Idiotas (IPIs) de Taleb son aquellos que nos gobiernan, ¨educan¨, y nos cuentan las ¨noticias¨ con el afán de espetarnos a martillazos lo que tenemos que creer, pensar y como votar. Los IPIs, son la clase cuasi intelectual, que se cree intelectual, fina, bien vestida, pija y graduada de prestigiosas universidades, de buen gusto al vestir y decorar, de elegantes e intelectuales ademanes, pero que aun así no tienen ni idea de lo erróneo que están en todo, y todo el tiempo. Esos IPIs son los que gobiernan el mundo tanto política como académicamente, los que controlan la prensa y la televisión, las revistas de moda y cotilleo, los que escriben las leyes en los parlamentos y los que espetan las fake news en afán de defender su Volteriana ideología. Nadie duda jamás que los IPIs son idiotas de alto coeficiente intelectual y alta educación, aunque por definición idiotas claro está. Pero más aún los IPIs son según el genial Taleb, los que no son capaces de encontrar un coco en la isla de los cocos, y cuya mayor virtud es la de aprobar exámenes (claro está a base de memorización a lo lorito) diseñados por personas como ellos.

Para verdaderamente apreciar la complementariedad de los moderaditos de De Prada y los IPIs de Taleb, y para entender como estos son los enemigos número uno del Presidente Trump hay que leerlos directamente. Esto así porque como explique en mi Manifiesto, la victoria de Trump fue un terremoto que más que asustar, causa verdadero terror entre los esclavos de la Escuela de Frankfurt, entre los que sin saberlo siguen como zombis lo que comenzó con Gramsci y siguió con Marcuse, Benjamín, Fromm, Adorno, Luckas, etc; ósea los  que controlan hoy día la educación, los gobiernos, los parlamentos, la prensa, la televisión, el entretenimiento, la radio. Son los ciegos, que, con sus cerebros lavados y muy moderaditas ideologías, guían nuestras vidas.

La derrota de Hillary

Estos mismos esclavos y minions de la Escuela de Frankfurt son los mismísimos moderaditos e IPIs de los que hablamos. Son ellos lo que con lágrimas en los ojos vieron como la abortista, pro homosexualista, secularista Hillary Clinton fue derrotada, no solo por Trump, pero (muy posiblemente) por directa intervención de la Divina Providencia. Son estos los que se levantan a aplaudir a Obama por su lucha de meter a hombres con faldas y pintalabios en el baño de las niñas, y por inspirar la ideología de género de Cifuentes. Son estos moderaditos e IPIs los que se abandonan al ¨buenismo¨ de Francisco, para llegar al término medio, tibio moderadito para buscar en su confusión argumentos ¨cristianos¨ contra Trump. Son estos los que crean y manipulan las fake news en EEUU y  que aquí en España, el 90% de los periódicos re-manipulan y publican desde la más rotunda ignorancia. En total, son los mismo moderaditos e IPIs que controlan la comunicación en EE. UU, España y el mundo occidental, que no salen de su asombro y rabia por la victoria de Trump y el Brexit, y que ahora sabotean salvajemente a ambos día y noche, con furia luciferina, pues ven como su mundo se derrumba ante sus ojos.

Así, para entender a los enemigos de Trump, esos mismos que los españoles leen a diario en internet, escuchan en la radio, ven en la tele y el Congreso de los Diputados, hay que dejar que Juan Manuel de Prada y Taleb los expliquen. Nos cuenta Juan Manuel de Prada sobre el Moderadito internacional:  “El rasgo más característico del ‘moderadito’ es su gustosa permanencia en el redil de las ideas recibidas, que repite como un lorito, a la espera de la ración de cañamones que premie su conformidad”.

El ‘moderadito’ nunca tiene iniciativa, siempre adopta los usos del mundo, siempre asume las modas de la época, siempre corea o imita (con virtuosismo de ventrílocuo) las voces del momento. Todo lo que sea salirse de las pautas establecidas le parece exageración y desafuero; todo lo que sea expresarse con entusiasmo, con ardor, con crudeza, con vehemencia, le provoca disgusto, aversión, escándalo. El ‘moderadito’, aunque en su fuero interno no profesa sinceramente ningún principio, puede disimular de puertas afuera que los profesa; pero con la condición de que sean principios hueros, meras declaraciones retóricas, principios que no se apliquen o se puedan aplicar agudamente.

Y, por supuesto, si alguien expresa esos mismos principios con un tono encendido y pretende aplicarlos sin reservas, se le antojará un energúmeno; y preferirá al que proclama los principios contrarios, siempre que lo haga con corrección, con fría y educada tibieza. Por supuesto, al ‘moderadito’ las afirmaciones o negaciones netas le provocan horror, porque lo obligan a tomar partido; prefiere las opiniones que picotean de todos los cestos, las expresiones brumosas, el sincretismo ambiguo, la borrosidad huera, la perogrullada, el mamoneo, el matiz.

(…) El ‘moderadito’ odia al hombre que se compromete y empeña su prestigio en defender una posición, porque sabe que su actitud gallarda deja en evidencia su cobardía. Si, además, el comprometido es hombre de verbo fácil y escritura lozana que se derrama con franqueza incontenible e incluso con cierta falta de pudor, el odio del ‘moderadito’ alcanzará cúspides diabólicas; y empeñará sus fuerzas en desprestigiar al hombre comprometido, acusándolo de charlatanería, de radicalismo, de intemperancia, de cualquier vicio real o inventado que lo haga aparecer ante los ojos del mundo como un orate. El ‘moderadito’ odia al hombre comprometido como el eunuco odia al hombre viril; y no vacilará en conseguir su condena al ostracismo (pero siempre de forma indolora, que para eso es ‘moderadito’).

(…) (El ‘moderadito’)  odia las tradiciones auténticas, que trata de convertir en costumbres maquinales y carentes de significado (y así, por ejemplo, el ‘moderadito’ puede llegar a participar en una procesión de Semana Santa y hasta del Corpus tan campante, con la misma aséptica complacencia con la que puede también participar en un desfile de carrozas del Orgullo Gay).

El ‘moderadito’ nunca se enfurece, nunca se exalta, siempre nada a favor de la corriente. Odia al pecador arrepentido, cuyos errores pretéritos gusta mucho de airear; porque para pecar y para arrepentirse hace falta dominar y ser dominado por las pasiones, y el ‘moderadito’, que es de sangre fría como las culebras, ha reprimido todas sus pasiones.

Al ‘moderadito’ le repugnan los hombres atormentados, porque con sus imperfecciones y recaídas muestran una aspiración doliente al ideal; y el ‘moderadito’ quiere que su ramplonería y neutralidad se conviertan en tabla rasa que nivele la grandeza y la miseria humanas. Porque el ‘moderadito’ es un hombre sin grandeza y sin miseria, es un hombre que no se indigna, que no se asombra, que no rabia, que no se humilla ni se arrepiente.

El ‘moderadito’ carece de orgullo para erguirse y de humildad para arrodillarse; porque, al fin, es un despojo humano, un hijo del demonio, un reptil al que conviene pisar cuando nos lo tropezamos en el camino, antes de que nos muerda con su veneno.¨

Los expertos paternalistas

Y nos dice el genial Taleb de los IPIs:

¨Lo que hemos presenciado por todo el mundo, desde la India a Reino Unido o los EEUU, es la rebelión contra el estrecho círculo de los “profesionales” y periodistas dedicados a políticos… esa clase de expertos paternalistas cuasi-intelectuales …que nos dicen al resto 1) qué hacer, 2) qué comer, 3) cómo hablar, 4) cómo pensar… y 5) a quién votar.

Pero el problema es el tuerto que sigue al ciego: esos miembros autodenominados como “intelligentsia” no pueden encontrar un coco en la Isla de los Cocos…su principal cualidad es su capacidad para superar exámenes diseñados por gente como ellos.

(…) Ciertamente uno puede ver que estos burócratas académicos que se sienten en pleno derecho de dirigir nuestras vidas no son siquiera rigurosos, sea en estadísticas médicas o en diseño de políticas.

(…) El Intelectual Pero Idiota (IPI) es una producción de la modernidad que se ha acelerado desde mediados del siglo XX, hasta alcanzar su máximo local hoy, junto con la amplia categoría de gente que-no-tiene-nada-en-juego que han estado invadiendo muchos sectores vitales… El IPI parece omnipresente en nuestras vidas pero es aún una pequeña minoría y raramente es visto fuera de sus entornos especializados: think thanks, medios de comunicación y universidades…

Cuidado con el cuasi-erudito que se cree un erudito. Yerra en detectar con naturalidad la sofistería.

El IPI patológiza a los demás por hacer cosas que él mismo no entiende sin darse cuenta siquiera que es su comprensión la que está limitada. Cree que la gente debe actuar conforme a lo que más le interesa y él, el IPI,  ¨conoce¨ esos intereses, especialmente si hablamos de “los de pueblo” …que votaron por el Brexit. Cuando los sectores plebeyos hacen algo que tiene sentido para ellos mismos, pero no para el IPI, entonces éste emplea el término “incultos”. Lo que generalmente llamamos participación en el proceso político, él IPI lo denomina haciendo una distinción: “democracia” si encaja con sus ideas, y “populismo” cuando los sectores plebeyos se atreven a votar contradiciendo sus recomendaciones. Mientras que la gente rica cree en el “un pagador de impuestos, un voto”, los más humanistas confían en el “un hombre, un voto”, Monsanto confía en “un lobby un voto”, el IPI cree en “un titulado en la Liga Ivy, un voto”, con algunas equivalencias para las escuelas de élites y los doctorados extranjeros, ya que son necesarios en el club.

Visto más socialmente, el IPI está suscrito al The New Yorker. Nunca insulta en twitter. Habla de “igualdad de razas” e “igualdad económica” pero nunca ha salido a tomar un trago con un taxista de minoría étnica …Son aquellos en Reino Unido a los que Tony Blair les tomó el pelo. El IPI moderno ha asistido a más de una charla TEDx en persona o ha visto más de dos por YouTube. No sólo votará por Hillary-Monsanto-Malmaison porque ella parece elegible o por algún razonamiento circular similar, sino que sostendrá que cualquiera que no lo haga es un enfermo mental.

(…) De forma típica, el IPI capta correctamente la lógica de primer orden, pero no los efectos de segundo orden (o superiores) lo cual le convierte en un completo incompetente en dominios complejos. En la comodidad de su casa suburbana con garaje de dos plazas, defendió “quitar” a Gadafi porque él era un “dictador”, sin tener en cuenta de que las ¨quitadas¨ tienen consecuencias (recalco de nuevo que como no tiene nada en juego, no paga ninguna consecuencia).

El IPI se ha equivocado históricamente, con el Estalinismo, el Maoísmo, los Transgénicos, Iraq, Libia, Siria, las lobotomías, la planificación urbana, las dietas bajas en carbohidratos, las máquinas de gimnasio, el conductismo, las grasas saturadas, el psicoanálisis freudiano, la teoría moderna del portafolio, la regresión lineal, el gaussianismo, el salafismo, los modelos de equilibros dinámicos estocásticos, los proyectos de vivienda…Pero aun así, el IPI está totalmente convencido ahora mismo de que su posición actual es la correcta.

(…) El IPI es miembro de un club para conseguir privilegios en viajes; si hace de científico social utiliza la estadística sin conocer de dónde se derivan sus fundamentos (como Steven Pinker y los psicolofastros en general); cuando está en el Reino Unido, asiste a festivales de literatura; bebe vino tinto con la carne (nunca blanco); solía creer que la obesidad era dañina y ahora ha cambiado totalmente de opinión; … estudia gramática antes de hablar una lengua; tiene un primo que ha trabajado con alguien que conoce a la Reina; nunca ha leído a Frederic Dard, Libanius Antiochus, Michael Oakeshot, John Gray, Amianus Marcellinus, Ibn Battuta, Saadiah Gaon, o Joseph de Maistre; nunca se ha emborrachado con rusos; nunca se ha emborrachado tanto como para empezar a romper vasos (o, preferiblemente, sillas); …ha mencionado la física cuántica al menos dos veces en los últimos cinco años en conversaciones que no tenían nada que ver con la física.

El IPI conoce en cualquier momento lo que sus palabras o acciones repercuten en su reputación.

Pero hay un marcador mucho más sencillo para identificar a un IPI: no entrena el peso muerto.

 

Origen: Los enemigos de Donald Trump

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