Hugo J. Byrne-“Caraduras”,Ramos y Almagro.

Hugo Byrne

 

 

 

 

Tanto el picapleitos, legislador y diplomático izquierdista uruguayo Luis Almagro, como el chupatintas de la televisión en español Jorge Ramos, han estado a pupilo en los medios de habla hispana recientemente. Ramos fue el primero, tratando de poner en aprietos al entonces candidato presidencial Donald Trump durante una conferencia de prensa. Ramos estuvo por completo fuera de orden en esa ocasión, tratando de interrogar al “Donald” y escandalizando  en el proceso, cuando aún no había llegado su turno: solo logró ser escoltado fuera del local. Después de calmarse, Ramos fue admitido nuevamente y tuvo un intercambio antagonista con el candidato.
 
Por su parte, el novel Secretario General de la asamblea de bombines llamada Organización de Estados Americanos ha puesto el grito en el cielo porque La Habana le negó la visa para entrar a Castrolandia. El objetivo de su visita era recibir un galardón del grupo disidente que dirige la hija del desaparecido activista Osvaldo Payá. Payá pereció en una colisión del auto en que viajaba por una carretera interprovincial. Ninguno de sus familiares y compañeros de protesta pacífica aceptaron la versión castrista de la tragedia. Esa versión tampoco es aceptada por el sentido común de cualquier persona medianamente enterada de la naturaleza criminal del Régimen castrista.
 
Hay un paralelo muy fiel entre estos dos personajes, enemigos disimulados de esta república y de su soberanía. Perdura una percepción muy errónea por lo menos del segundo, quien está siendo objeto laudatorio del exilio cubano. Almagro puede ser cualquier cosa menos partidario de la libertad de Cuba, o la víctima de su Régimen. Para clarificar el ambiente aprendamos algo de la vida de ambos.
 
¿Quién es el actual Secretario General de la O.E.A. Luis Almagro? Nacido en la localidad de “Cerro Chato” en 1963 y graduado de Leyes en Montevideo, Almagro ha sido alabardero de la izquierda totalitaria toda su vida. También miembro del cuerpo diplomático de Uruguay en diferentes embajadas: significativamente su primera misión diplomática fue en la “República Islámica de Irán”. Almagro permaneció en Teherán desde 1991 a 1996 y fue  parte de la representación uruguaya a la UNESCO en 1998. Estuvo destacado en Berlín, desde 1998 al 2003. Después fue embajador a China entre 2007 y 2010.  En octubre del 2014 fue electo senador por el llamado “Frente Amplio”, pero renunció a su curul para ocupar la posición de Secretario General de la OEA
 
Almagro fue y es un asociado muy cercano del ex presidente de Uruguay, ex terrorista, ex salteador de bancos, el viejo borrachín, José (“Pepe”) Mujica. Almagro ha sido un notorio admirador de criminales sangrientos como los Castro, por lo menos hasta que “le echaran bola negra” y de Ernesto Guevara, alias “Che”.
 
Luis Almagro fue Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay en el gobierno de Mujica, entre el 2010 y 2015. Durante ese tiempo sirvió de correveidile entre Obama y Raúl Castro para obtener el anticubano “parto de los montes” del 14 de diciembre del 2014.
 
Su protesta contra la decisión de La Habana, negándole la visa de entrada a la finca de los Castro, tiene todo que ver con su ofendido ego y nada con cualquier noción de justicia hacia la población esclavizada de la Isla. Almagro en su primera reacción al rechazo de La Habana, afirmó que él era el único Secretario de la OEA con un retrato del “Che” Guevara en su oficina y que su visita nada tenía que ver con un supuesto complot para desestabilizar al Régimen. Lo creo. ¿No lo cree el amigo lector?
 
Estoy seguro de su sinceridad en ambas afirmaciones. Tener en la pared o en una mesa de su oficina la foto del afortunadamente finado Ernesto Guevara implica ser una acémila ignorante, o un bastardo de la peor categoría. Almagro dista mucho de ser ignorante.
 
Hay un artículo reciente muy esclarecedor sobre ello por José Azel Ph. D., uno de los más incisivos comentaristas del problema cubano en la red. Concuerdo con toda la exposición del Dr. Azel, excepto que la medida fuera perjudicial a los intereses de La Habana.
 
En carrera larga la inflexibilidad del régimen castrista ha sido su mejor pasaporte a la longevidad. Ese es precisamente su denominador común con Corea del Norte. El castrismo debe su existencia no tanto al apoyo de sus financiadores como a la tolerancia de sus víctimas, singularmente la de los Estados Unidos.
 
Por su parte el presentador y escritor-activista Jorge Ramos, quien antaño parecía favorecer  la causa de la libertad, hace ya mucho tiempo rompió lanzas por las fronteras abiertas y ha llegado a un extremo absurdo al afirmar que quienes penetran ilegalmente a esta nación lo hacen porque “desean beneficiarnos”.  Esa declaración orate está tan lejos de la realidad como el Planeta Júpiter de la Tierra.
 
Creo haber defendido fielmente los intereses de Estados Unidos desde que puse los pies en su suelo, aunque antaño no haya respetado sus leyes cien por ciento. La realidad es también que cuando vine mis únicas intenciones eran salir de donde estaba lo más pronto posible para preservar la seguridad e integridad de mi familia. La noción de “beneficiar a Estados Unidos” nunca ha formado parte de las aspiraciones reales de los extranjeros, sean exiliados políticos, emigrantes económicos, legítimos o ilegales, al ingresar al territorio este país. Eso lo sabe muy bien Jorge Ramos, quien tampoco es ignorante.
 
El resultado de las elecciones presidenciales del 2016 indicó algo muy diferente a lo pronosticado por muchos sabihondos políticos, entre ellos Ramos. El candidato de mi preferencia a principios de la campaña no era Trump, sino otro entre el numeroso grupo de aspirantes republicanos. Cuando Trump se convirtió en el candidato oficial del partido, todavía dudaba en abrazar su candidatura porque voto en California y el dominio político “liberal”, razón básica del casi irremediable deterioro de este estado, anularía inexorablemente mi voto.
 
La confrontación con la gentuza apoyando a Clinton en una concentración republicana de Pasadena que presidiera mi sobrino Víctor Blanco Jr., cambió mi actitud. Ramos pronosticó que Trump recibiría menos del 16% de los votos “latinos” (léase hispanos). Los llamados “exit polls” indicaron que esa cifra en promedio excedió el 29%.
 
A raíz de esa confrontación con el entonces candidato Trump, Ramos produjo un documental titulado “El odio que surge” (“Hate Rising”), estrenándolo unos pocos días antes de las elecciones de noviembre, buscando el mayor impacto popular. En él se relacionaba deshonestamente la candidatura del magnate financiero Trump con un supuesto resurgimiento de organizaciones de odio racial tales como el Ku Klux Klan y el neo nazismo.
 
Y eso es todo por hoy con estos dos caraduras.
 
 
Pasadena, primero de marzo del 2017
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