Ultraderechas a las puertas del poder-Rodolfo Terragno

Geert Wilders no sólo hará que Holanda abandone la Unión Europea. No permitirá el ingreso de musulmanes, cerrará los asilos para inmigrantes, declarará ilegal el Corán, clausurará todas las mezquitas, prohibirá el uso de la hijab e impondrá detención preventiva a musulmanes sospechosos. Eso es, al menos, lo que promete este candidato a Primer Ministro, cuyo partido ganará las elecciones parlamentarias del martes próximo. El racismo de Wilders tiene el apoyo de más de un tercio de los holandeses, pero eso no le alcanzará para acumular tantas bancas como para gobernar sin alianzas. Tendrá que buscar una coalición con otras fuerzas y, si quiere lograrla, deberá atenuar sus políticas. Sin embargo, éstas son tan extremas que, aun atenuadas, un gobierno suyo sería de temer.

Quienes lo han bautizado “el Donald Trump holandés”, se quedan cortos. Es cierto que Wilders está en línea con el proyecto del Presidente norteamericano: quiere frenar la inmigración y fomenta el chauvinismo. Pero él va más allá. Ha llegado a distribuir pulverizadores de gas pimienta entre mujeres, para que se defiendan de los musulmanes, a quienes considera “bombas de testosterona”. Lo más inquietante es que sus criterios son compartidos por uno de cada tres holandeses. Que apoyan también otra propuesta de Wilders: abandonar la Unión Europea.

En Francia ocurre algo parecido. Marine Le Pen promete un país ensimismado, fuera de la Unión Europea, que limitaría las importaciones y pondría barrera a la inmigración, todo eso para crear empleo masivo. Por otra parte, crearía fuertes impuestos a los ricos para financiar un ambicioso programa de asistencia social. Hasta ahí, su modelo no sería muy diferente del que suele florecer cada tanto en Sudamérica. Pero a eso se suma un peligroso racismo, que la lleva a proponer la realización de “estadísticas étnicas para realizar una discriminación positiva” y a decir que “el Islam y los mahometanos son la peste bubónica del siglo 21, que hay que combatir y eliminar por todos los medios posibles”. Le Pen será primera o segunda en las elecciones presidenciales del 23 abril. Pero no será Presidenta, porque estará lejos de conseguir 50% de los votos y en Francia rige el sistema de doble vuelta. En la segunda, ganará el liberal Emmanuel Macron. En verdad, no él sino el miedo a Le Pen. De todos modos, es probable que 1 de cada 3 franceses vote por ella. En el resto de Europa, la derecha extrema ha ido creciendo y es la tercera fuerza en varios países.

En Alemania, por ejemplo, donde el partido AfD ya tiene 13% en las encuestas, su programa sostiene que “el Islam no tiene nada que ver con Alemania” y su líder, la combativa Frauke Perry ha llamado a “dejarse de expiar” los crímenes del nazismo. Hungría, donde el gobierno ha hecho imprimir carteles contra los inmigrantes, a quienes culpan por “arrebatar los puestos de trabajo de los húngaros”. El mensaje está dirigido en particular a los musulmanes, pero el partido Jobbik añade en la lista de odios al judaísmo. Su líder, Gábor Vona es un defensor de la “etnicidad” y pregona: ““Por 2.000 años el mundo cristiano ha celebrado al Salvador, a quien los judíos sacrificaron, y El sigue levantándose cada tres días”.

En Grecia, done el partido Aurora Dorada (mayoritario entre los jóvenes de menos de 25 años) usa como símbolo una estilización de la svástica y pega carteles contra la inmigración, con el lema “Eximamos a Grecia de este hedor”. Su conductor, Nikolas Michaloliakois, es llamado El Führer; y el partido tiene un ala violenta, implicada en asesinatos.

En Dinamarca, donde los llamados Demócratas Suecos están bajo la dirección de Jimmie Ekesson, un admirador de Donald Trump, y según algunas encuestas ya habría pasado a ser la segunda fuerza. El FPO es la segunda fuerza en Austria. Su inspirador, Heine Christian Strache, admira a Trump y, cuando éste ganó las elecciones presidenciales, viajó a Estados Unidos para estrecharlo en un abrazo. Hay, por otra parte, fotografías de Strache alzando tres dedos –un saludo que usaron los nazis—y con un revólver en una mano.

En Finlandia, el partido Verdaderos Finlandeses cambió su nombre: ahora es el partido de los Finlandeses Éticos. Y tiene una ventaja (o no) con respecto al resto de las fuerzas europeas de ultraderecha: está en el poder. En 2015 integró un gobierno de coalición, que aún perdura, y del cual el líder de este partido, Timo Soini, es Ministro de Relaciones Exteriores: un canciller para quien la Unión Europea es “un elefante muerto al que se sigue manteniendo en el zoológico”. Sin embargo, su caso sugiere que el mejor modo de mellar a un movimiento de ultraderecha es darle poder: Soini ha perdido apoyo por haber pactado con los conservadores, que encabezan la coalición. El además está muy enfermo y se especula con que se producirá, en la ultraderecha, un vacío de poder. Pero no es un consuelo: hay otras fuerzas –más radicales que los finlandeses éticos, aunque por ahora menos fuertes—esperando para llenar ese vacío.

Las dictaduras y oligarquías del norte de África, que dieron origen a los aludes migratorios, alimentaron la xenofobia en Europa. Y la ultraderecha, germinada en ese ambiente, encontró su principal aliado: el terrorismo. Acciones como las del ISIS siembran el miedo y mueven a que gran parte de una población se recueste sobre aquellos que le prometen extinguir a los terroristas. Es una historia conocida.

Origen: Ultraderechas a las puertas del poder

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s