Jorge Riopedre-CUBA, AYER COMO HOY

Lo único que conocemos al venir al mundo es la relación de los acontecimientos que se nos presente a partir de esta fecha. Un catálogo de hechos manipulados por el entorno cultural que nos recibe, desde la visión de la realidad de los padres hasta los más inusitados conceptos universales del maestro, el cura o el comisario político. Lo que salga de ahí nadie lo sabe; como el huevo de serpiente incubado en los predios del Colegio de Belén, en La Habana. ¿Puro azar?

Como resultado de un proceso tan complejo nuestro futuro político e intelectual se asemeja a esa pequeña bola que da vueltas en la ruleta, pero no en busca de un número sino de un destino, comportamiento que a menudo coincide con la herencia cultural del lugar donde uno nace o se cría. Algunos datos en el libro del historiador José M. Hernández, Política y militarismo en la guerra de independencia de Cuba, causa una impresión desagradable por lo que tiene de actualidad.

En tiempos del Capitán General de Cuba Francisco Dionisio Vives (1823) dictador absoluto de la isla, “La mayoría de las veces, un ciudadano no podía recibir a extraños en su casa si no avisaba previamente a la policía local”. ¿Suena familiar? “Tanto la prensa como el teatro y la ópera se encontraban sometidos a la censura más rigurosa”.

Pero lo mejor estaba por llegar en 1834 con la designación del general Miguel Tacón como capitán general de la isla: “Concentró en sus manos todos los poderes de la administración colonial, hasta el punto de ejercer las funciones de director general de correos y supervisar las instituciones penales”. ¿Recuerdan ustedes aquel sujeto que además de comandante en jefe ejercía el oficio de meteorólogo? Nada nuevo.

Me parece importante el juicio de Hernandez en cuanto a que “Cuba nunca volvió a ser la misma después del gobierno de Tacón”, por la profunda división que éste creó entre los españoles y sus descendientes. Los peninsulares hostigaban a los criollos tal como hoy la élite gobernante cubana se apodera de los medios de producción y somete a la mayoría negra y mulata de la isla a la cárcel y la miseria. Se nota que el innombrable no ha muerto.

Parece que, por lo general, lo único que conocemos al dejar el mundo, en la vejez, es como la criatura que dejamos al principio, manipulados por el entorno cultural que nos despide sin contemplaciones porque el mundo ya no nos pertenece.

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