De Venezuela a Santa Cruz – | Le doy mi palabra

Gobernadora Alicia Kirchner ,Santa Cruz 

Lo invito a reflexionar con una ucronía. Según la Real Academia Española, ucronía es la reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos. Por ejemplo, que hubiera pasado si ganaba Daniel Scioli las elecciones. Con datos, antecedentes y análisis se puede pensar que habría podido ser y no ha sido.
Porque el que ganó fue Mauricio Macri y sacó casi 13 millones de votos. Pero atento a lo que está pasando en Venezuela y en Santa Cruz podemos sacar algunas conclusiones acerca de lo que nos salvamos los argentinos.
Venezuela era el lugar a donde Cristina nos quería llevar. Y Santa Cruz es el origen del mal, la cuna y el laboratorio donde surgió este nefasto experimento llamado kircherismo.
El chavismo sumergió a Venezuela entre los países más pobres y con menor libertad. Entre Chávez y Maduro lograron que la criminalidad en las calles convirtieran a ese país en uno de los más inseguros del mundo y con más inflación. Hoy no hay insumos básicos, ni comida ni papel higiénico, ni nafta pese a que la tierra venezolana alberga una de las reservas de petróleo más importantes del planeta. Con autoritarismo y militares en las calles fueron censurando a los periodistas y erosionando la democracia hasta llegar a este autogolpe que va y vuelve sin rumbo ni racionalidad. Chávez y Maduro lo hicieron. Cristina lo quiso hacer.
Santa Cruz es la imagen patética de un populismo autoritario y corrupto que destruyó la provincia después de que la dinastía Kirchner la gobernara durante más de 25 años. Néstor, Cristina, Alicia y Máximo manejaron el poder con mano de hierro y sometieron a todo el mundo durante décadas. Desde el gobierno nacional enviaron toneladas de dinero que en muchos casos terminaron en los bolsillos de Lázaro Báez, Cristóbal López y la familia presidencial. Los resultados son alarmantes. Ministerios y reparticiones públicas tomadas o rodeadas por jubilados y maestros que no cobran y a los que se les ofrece miseria como aumento. Siete veces menos que lo que ofrece a los docentes María Eugenia Vidal. Los alumnos ruegan que empiecen las clases. La economía está colapsada. Se vivió una jornada vergonzosa porque la gobernadora Alicia Kirchner estuvo encerrada en la casa de gobierno y recién puso salir a las 4 de la madrugada. Los manifestantes habían bloqueado todas las puertas. El poder político se había derretido frente a la falta de capacidad y sensatez.
La diferencia es que a nadie se le ocurrió llevar un helicóptero ni decir que Alicia es asesina o dictadora como si hicieron los kirchneristas a la Plaza de Mayo. Hay que decir con todas las letras que la desesperación de los trabajadores los llevó por caminos antidemocráticos que no se pueden tolerar. Nadie tiene derecho a derrocar o destituir a una autoridad elegida por el voto popular. No importa si es Alicia Kichner o Maurico Macri. El que gana las elecciones tiene que manejar el estado hasta que pierda las elecciones y sea reemplazado como manda la Constitución Nacional. Pero este caso sirve para medir las distintas reacciones de los Yasky, los Baradel y las Hebe de Bonafini que no dicen una palabra de Alicia Kirchner y tratan de dictador a Mauricio Macri. Para colmo Alicia no le puede echar la culpa a la herencia recibida porque el Frente para la Victoria viene gobernando hace más de dos décadas y media. A esta realidad dolorosa quedó reducido el proyecto kirchnerista. Aca no le pueden echar la culpa ni al imperialismo norteamericano ni a los medios hegemónicos ni a Macri. Néstor, Cristina, Alicia y el príncipe heredero Máxima fueron y son dueños y señores de Santa Cruz. Son poco menos que señores feudales, ladri progresistas que se enriquecieron en forma atómica mientras sumieron a la provincia en la miseria más terrible.
Y ahora viene la ucronía. Si hubiera ganando Daniel Scioli, la Argentina sería una mezcla dolorosa y horrorosa del chavismo venezolano y el kirchnerismo santacruceño.
Seguramente a esta altura, Daniel Scioli no sería presidente. Ya hubiera sido destituido acusado de tibio por las huestes de La Cámpora. Hoy Carlos Zannini hubiera asumido la jefatura del estado y Cristina sería la reina eterna que tanto soñó.
Si hubiera ganado Scioli lloverían
los carpetazos y las amenazas a jueces como Claudio Bonadio y Julián Ercolini o fiscales como Gerardo Pollicita o José María Campagnoli. Alejandra Gils Carbó hubiera ingresado a la Corte Suprema como presidenta en nombre de una justicia legítima con igualdad de género.
Si Scioli hubiera ganado las elecciones, Lázaro seguiría ganando licitaciones truchas, devolviendo coimas monumentales y alquilando propiedades y habitaciones de los hoteles de los Kirchner. Diego Gvirtz sería Secretario de Medios, Raul Rizzo o Andrea del Boca ministros de Cultura y Horacio Verbitsky ministro de Justicia.
Si Daniel Scioli le hubiera ganado a Mauricio Macri, el canciller sería Luis D’ Elía y Fernando Esteche el jefe de la policía nacional y popular. Elisa Carrió y Margarita Stolbizer estarían presas en Ezeiza acusadas de conspirar contra la revolución kirchnerista inventando denuncias. Ocuparían las celdas de Lázaro y Ricardo Jaime. Victor Hugo Morales sería el director de canal 7 y Oscar Parrillitudo volvería a manejar a los servicios de inteligencia con perdón de la palabra inteligencia. Las autoridades de Irán nos recibirían con los brazos abiertos y el fiscal Alberto Nisman hubiera sido asesinado nuevamente en forma simbólica con un balazo en su prestigio.
Si Daniel Scioli hubiera ganado las elecciones Martín Sabbatella estaría rogando que no lo dejen afuera y que le tiren un hueso, como hace ahora y Juan Manuel Abal Medina no sería un traidor sino un soldado fiel de la causa cristinista. Clarín hubiese sido expropiado y rebautizado como “El Descamisado” y se le levantaría un monumento a Mario Eduardo Firmenich, el jefe de Montoneros, cerca del de Juana Azurduy para que estén juntos dos revolucionarios que se levantaron en armas para emancipar la Patria Grande.
José Luis Gioja y Omar Viviani, el rompecoches, estarían aplaudiendo en la primera fila todas las cadenas nacionales y Vladimir Putin nos hubiese enseñado periodismo desde la televisión rusa y la bolivariana de Telesur.
Tal vez Catherine Fullop y Juan José Campanella no recibirían la visa de trabajo en Estados Unidos y Jorge Todesca estaría en el banquillo de los acusados torturado intelectualmente por Guillermo Moreno. Alberto Pérez realizaría una muestra de su colección de cuadros en el Centro Cultural Kirchner y se le pondría el nombre de Indio Solari o Ignacio Copani el teatro general San Martín.
Pero no debemos ser Todo Negativos. No todas hubieran sido malas noticias si Scioli hubiese llegado a la presidencia de la Nación: por suerte, Aníbal Fernández sería el gobernador de Buenos Aires y habría fiesta en el hampa y carnaval en los carteles de la droga y el lavado.
Paremos con esta pesadilla. Por suerte la ucronia es lo que pudo ser y no fue. Pero Venezuela y Santa Cruz nos recuerdan que no hay que bajar la guardia. Que gritan vamos a volver y no a devolver en todos los actos. Que como siempre la historia y el destino lo construyen los ciudadanos. En la calle, en los gremios, en las universidades pero sobre todo en las urnas. Las urnas no son como las armas. Nunca las carga el diablo.

 

Origen: De Venezuela a Santa Cruz – 5 de abril 2017 | Le doy mi palabra

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