CUBA:Fábricas de silencio – Periodismo de Barrio

Cuando un central cierra muchas cosas cambian. Casi nunca para bien.

A mi tío Arsenio, que nunca descansó en la zafra.

Con la industria azucarera en Cuba se han ensañado la raya roja de la caña, el derrumbe del campo socialista y sus precios preferenciales, los bajos valores del mercado, la ineficiencia, las malas decisiones administrativas y, también, el cambio climático.

Este último fue la razón dada por José Ramón Machado Ventura, vicepresidente del Consejo de Estado cubano, cuando en enero de 2016 anunció que, probablemente, la zafra no se cumpliría. El clima nos jugaba una mala pasada: primero con la sequía de 2015, luego con las lluvias intensas de inicios de año.

En junio de 2016 Noel Casañas Lugo, vicepresidente del Grupo Azucarero Azcuba, confirmó que la producción solo alcanzó el 80 por ciento del plan trazado. Apenas similar a los 1,6 millones de toneladas de azúcar conseguidas del año anterior.

La noticia, dos décadas atrás, hubiese consternado al país. Pero que la sequía retrase el crecimiento de la caña, la lluvia inunde los campos, las combinadas no corten y los centrales no muelan a plena capacidad dejó de ser, desde hace más de una década, una preocupación para una Isla que relegó los overoles grasientos de los centrales y cifró su futuro en las batas médicas y de laboratorio.

Al Consejo Popular Gregorio Arleé Mañalich, de Melena del Sur, todos le dicen el Central, pero allá la gente ni siquiera habla de la zafra. El azúcar no es su problema desde hace doce años, cuando la Tarea Álvaro Reynoso paralizó el ingenio y, con el ingenio, el mismo pueblo.

Por entonces, 272 empleados repartidos en tres turnos de labor tuvieron que reinventarse. Algunos cambiaron sus antiguos trabajos. Otros se resignaron a viajar diariamente hasta otros centrales que siguieron moliendo. El batey, que no podía moverse en busca de otra industria, quedó allí. Aletargado en un silencio de maquinaria inmóvil.

Tras la paralización vino, sin previo aviso, el desarme. Pieza tras pieza el ingenio fue perdiendo sus trozos hasta que no hubo más que el caparazón de acero y concreto. Una década después solo quedan ruinas, chatarra y dos torres con letras despintadas.

En el Central, un poblado urbano de 5.000 habitantes, se sigue sembrando caña. Para quienes viven allí, los campos junto a la única carretera que conecta el batey con la cabecera municipal son el recordatorio de que algo anda mal. O mejor, de que algo ya no anda.

A Nene, un viejo soldador que se levanta todos los días a las cuatro de la madrugada, la zafra en Cuba no le quita el sueño. Pero escuchó, en el Noticiero Nacional de Televisión, que en las provincias orientales hay centrales que volverán a moler este año después de haber estado mucho tiempo inactivos, porque los conservaron. Y eso sí lo desveló.

En Mañalich, Nene lo recuerda perfectamente, dijeron que conservarían. Y no lo hicieron.

***

Bajo la Tarea Álvaro Reynoso cerrarían sus puertas casi un centenar de ingenios en toda Cuba (Foto: Julio Batista)

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Origen: Fábricas de silencio – Periodismo de Barrio

Donde quedaron los logros de la Revolución comunista,mas que la del fracaso .La industria azucarera de Cuba era la mas importante del mundo .

Todo lo que toca el comunismo lo destruye .

AB

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