Nicolás Wiñazki -Amado Boudou, cultor de perlas negras, los trajes Zegna y los autos de lujo

-Nunca tuve un collar de perlas negras. Me voy a comprar uno, che.

Amado Boudou solía sorprender a sus funcionarios más cercanos con esos deseos después cumplidos como ése cuando fue titular de la ANSeS, y más aun cuando fue ministro de Economía. A medida que ascendió en el esquema del poder K, ascendió también su patrimonio, y sobre todo el de su socio, el millonario repentino José María Nuñez Carmona.

Almas gemelas.

-Mirá. ¿Es lindo, no? Nunca había tenido perlas negras en un collar-, mostraba después su pequeño trofeo “Aimé”, como lo llamaban sus amigos de Playa Grande, en Mar del Plata, un barrio en el que ahora no se anima a caminar por calle por miedo a los escraches.

Boudou fue secretario de Hacienda del Partido de la Costa, empleado raso de ANSeS, ascendió a Gerente, después a Presidente del Organismo, ministro de Economía. Y Vicepresidente.

Amado Boudou, cultor de perlas negras, los trajes Zegna y los autos de lujo

Amado Boudou, en el Tribunal que lo juzga por irregularidades en la transferencia de un auto

-La puta madre que lo re parió. Las perlas negras son truchas, destiñen, me estafaron estos hijos de puta-, descubrió pocas semanas después, desahuciado.

El funcionario, en poco años, había pasado de manejar un Honda modelo 92 con papeles truchos a un Audi A3, dos Harley-Davidson u otras motos de lujo, como una Triumph.

Vivía en la zona norte del conurbano.

Se mudó a Puerto Madero.

 

Parecía ser un funcionario distinto, con más “calle” que el resto, y hasta cierto carisma entrador.

En 2010, y siendo ministro de Economía, pasó una madrugada junto al autor de esta nota en Hannover, Alemania. Este cronista había sido enviado por Clarín para cubrir una gira presidencial por Frankfurt, Berlín y la ciudad en la que se encontró con Boudou justo cuando miraba trajes y corbatas de Ermenelgildo Zegna, una marca premium.

-Cómo te gusta esa ropa, eh. Voy a escribir una chimento en Clarín contando que estuviste viendo esa vidriera.

Amado Boudou, cultor de perlas negras, los trajes Zegna y los autos de lujo

Amado Boudou enfrenta su primer juicio.

Boudou se dio vuelta furioso. Dijo una frase injuriosa por la que después pidió disculpas.

Conocía a quien esto escribe hacía muchos años, siempre por el trato profesional que existe entre funcionarios y periodistas.

Alguna vez, mientras esperaba a otro funcionario dentro de la Quinta de Olivos, Boudou se sumó al auto que nos llevaría a la Capital Federal. Estaba exultante. Vestía remera y zapatillas All Star.

-Lo acabo de ver salir a De Vido de la oficina en la que estaba la Presidenta con muy mala cara-, comentó este cronista a los funcionarios.

Boudou sonrió: “Y, esto es así. Algunos salen enojados, otros salimos muy contentos”.

Era titular del ANSeS y su relación con la Presidenta era excelente.

Aquella noche, estacionó su Audi en la ANSeS, pidió que lo acompañemos a su oficina de jefe del ANSeS, en la que estaba el intendente del partido de la Costa, Juan de Jesús, y se perdió por el lugar mientras habla por teléfono con una mujer para ir al cine, o a comer.

Se movía con la energía que da el poder, y que transforma a algunas personas en otras. Ese mismo poder, y esa misma cara exultante, fue la perdió después de ser procesado por dos delitos de corrupción en la causa Ciccone; en un expediente sobre la adulteración de los papeles truchos del Honda 92 que intentó “robarle” a su primera y única esposa; y por varias “truchadas” más, picardías intolerables para quien era el segundo en la línea presidencial, o sea, el titular del Senado, una de las dos cámaras del Congreso, el lugar donde se dictan las leyes: en sus DNI figuraba como uno de sus domicilios una dirección inexistente en San Bernardo, dónde solo hay mar y arena, un médano.

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Algunos de sus vehículos también fueron registrados en domicilio en los que él nunca vivió.

Imputado por enriquecimiento ilícito, titular de varias empresas que hicieron fuertes inversiones y que él nunca declaró, Amado Boudou, el vicepresidente, se refugió en una soledad que lo perturbó para siempre, dicen fuentes de su entorno.

Dejó de salir a cenar a los restaurantes más caros de la ciudad.

Perdió influencia sobre Cristina.

En época de esplendor como funcionario, demostraba una ostentación demasiado notable para quien desde el ámbito privado solo había acumulado fracasos empresarios.

Como empleado público, sus sociedades comerciales junto a Núñez Carmona habían crecido gracias a fondos estatales. No solo podía manejar autos alemanes y comprarse collares de perlas supuestamente negras: en su casa de Puerto Madero guardaba una colección de lapiceras de lujo extraordinaria. Se jactaba de tener, por ejemplo, toda la serie de la marca Montblanc con diseños dedicados a escritores, como Ernest Hemingway o Thomas Mann. Cada una cuesta varios miles de dólares.

También atesoraba guitarras eléctricas de las mejores marcas.

En 2010, durante su gira por Hannover, Boudou se destapó como un ministro de Economía singular.

En una comitiva preocupada y seria, él se destacaba por ser jovial, e infatigable.

A las cuatro de la mañana del último día de su estadía en Alemania, cenó junto a la Presidenta y el resto de los funcionarios en un Palacio del siglo XVII, y a la vuelta del hotel se sumó a un grupo de invitados a esa fiesta oficial que había generado cierta jarana susurrante en el bar del lugar.Boudou era el más movedizo. Bebía gin tonics.

Estaba alegre, se lo notaba feliz. En plena disputa del Gobierno con los medios, el ministro aprovechó para quitarle a modo de broma la computadora al autor de esta nota: “Acá estamos, con un periodista del monopolio Clarín”, tecleó, torpe.

Al poco tiempo cambió de tema y golpeando con un puño ligeramente en la mesa consultó dónde comprar chocolates y flores.

Buscaba alguna aventura en una ciudad helada y ya desierta.

“Aimé” igual quería divertirse. Insistía con manotear la notebook del enviado de Clarín.

Incluso pasó cuando, para trabajar más tranquilo, este cronista dejó el bar y se fue a una mesa del lobby del hotel.

Boudou apareció al poco rato, gin tonic en la mano, bailando solo, y cantando a los gritos un tema de los Auténticos Decadentes.

 

-Boludo, vamos a bailar, dale. Esta es la mejor hora para ir a bailar-, le insistía a dos cronistas, presentes, uno de ellos, quien esto escribe.

-Amado, por favor, entendeme, tengo que terminar esta nota, estamos a contrarreloj de Buenos Aires, me van a re putear si no la mando en horario.

De golpe, entonces, Boudou se perdió en el fin de esa noche de nevada.

Al día siguiente debía exponer ante el FMI en Washington.

La Presidenta dormía, igual que el resto de la comitiva.

El ministro de Economía, acompañado por un intendente de una localidad bonaerense, había salido a un lugar cercano el único que encontró abierto: volvió con un combo de McDonald’s.

Se recostó sobre un sillón y de vuelta buscó la atención de la prensa: -¿Querés que te cuente la interna Viviani-Piumato?-, se alegraba, sobre problemas internos que existían dentro de la CGT de Hugo Moyano.

-Amado, en serio, tengo que escribir, pero sí querés háblame mientras termino.

Lo hizo. Comió su hamburguesa y dejó las papas fritas de regalo.

En junio del 2011, Clarín publicó una primera nota donde se relataba el interés y la cercanía que tenía Boudou con el enigmático nuevo director de Ciccone Calcográfica, que había desembarcado en esa imprenta de billetes, la única privada en todo el país capaz de imprimir papel moneda.

El 9 de noviembre de ese mismo año, este diario volvió a difundir un artículo sobre el tema, esta vez ilustrado con una foto exclusiva de Vandenbroele, y donde se contaban más detalles sobre el desembarco de Boudou en Ciccone, y sobre todo que existía una denuncia sobre lavado de dinero que lo involucraba.

Ese mismo mes Boudou, recién electo vicepresidente, volvió a cruzarse con este cronista, que en realidad había ido a buscarlo para chequear información sobre Ciccone Calcográfica directamente con él.

Clarín ya había entrado en contacto con la ex esposa de Vandenbroele, Laura Muñoz, y estaba en pleno proceso de chequeo de la información que vinculaba al vice con éste último personaje.

-¡Qué notas envenenadas que estás escribiendo!-, dijo, y agregó: “Bah, ponés todo lo mismo que ya escribió el Turco Asís (Por Jorge, el primero en publicar una nota sobre Ciccone en su blog).

-No, la foto del belga (por Vandenbroele), la publiqué yo solo.

-Esa foto es robada y están buscando a quien se la robó.

-¿Lo conocés?

-No.

-¿Y entonces cómo sabés que la foto es robada?

-Sé muchas cosas de gente que no conozco-, se enojó el vice electo, y empezó a caminar hacia la salida del hangar donde recién terminaba un acto de la Presidenta sobre Aerolíneas Argentinas.

-Sí lo conocés al belga-, insistió Clarín.

-No.

-Sí. Es el primo de una chica que fue tu novia (por Guadalupe Escaray, nombrada por el propio Boudou como jefa de ANSeS Mar del Plata, quien nunca fue mencionada por su nombre ante el vice en ese momento)-.

No fue mi novia-, confesó entonces el vice, cometiendo un “sincericidio” que confirmaba su vínculo con los Vandenbroele-Escaray.

Su cara estaba toda roja.

Se fue del lugar.

El cronista estaba solo cuando a los pocos minutos vio que el vice volvía, enojado.

Entonces susurró esta frase al oído de quien esto escribe, textual: -¿No te da bronca modular del otro lado del que está la gente?

Cristina Elisabet Fernández de Kirchner y Amado Boudou habían sido electos con el 54 por ciento de los votos.

Aun no se sabía, pero las boletas que se usaron para su elección habían sido impresas por Ciccone, que tercerizó el trabajo pero cobró por él.

Después de un largo proceso del chequeo de su información, en el que ella aguantó amenazas de muerte, el envenenamiento de uno de sus perros y robos y seguimientos extraños en el pueblo de Mendoza, la valiente testigo Laura Muñoz habló por primera vez en publico en la primera emisión del programa de radio Lanata Sin Filtro, de Jorge Lanata, por Radio Mitre.

“Mi esposo es testaferro de Boudou”, dijo,entre otras cosas.

Muñoz había llamado llorando meses antes a Clarín. Allí comenzó una historia que le cambió la vida: se liberó del peso de una verdad que la atormentaba.

Sabía que su ex marido era parte de la trama de la corrupción K.

Aun así, fue atacada por los medios estatales.

La causa judicial Ciccone empezó a tramitarse en los tribunales.

La ceguera que da la militancia, rentada o no, hizo que periodistas como Víctor Hugo Morales le repitieran a su audiencia, durante meses, una ridiculez pero dicho en tono firme: “Boudou no está imputado en esa causa”.

Las pruebas en su contra se iban acumulando cada vez más.

Pero se mantuvo en su posición.

Boudou insultó a la prensa usando a su cargo y al Senado de la Nación para hacerlo; denunció un complot urdido entre “mafias” integradas, según él, por la Justicia, los periodistas, y opositores que eran, en realidad, sus amigos hasta ese momento.

Logró remover al primer juez del caso Ciccone y al primer fiscal, Carlos Rívolo, quienes igualmente ya habían allanado su domicilio en el complejo River View, de Puerto Madero.

También debió renunciar el procurador Esteban “Bebe” Righi.

Ese proceso culminó con Alejandra Gils Carbó como jefa de los fiscales.

Después se supo que Vandenbroele vivió en el propio departamento que es propiedad de Boudou en Puerto Madero, entre otras cosas.

Boudou negó conocerlo una y mil veces.

Difamó a los periodistas que lo investigaron.

Y al nuevo juez del caso, Ariel Lijo.

Aun así, la investigación en su contra avanzó.

La Presidenta Cristina Kirchner jamás lo defendió en público.

Pero impulsó que el Banco Central contratara a Ciccone Calcográfica y a The Old Fund para imprimir 160 millones de billetes de cien pesos.

Fue en abril del 2012.

En agosto, le ordenó al Congreso que expropiara la empresa. Es el único caso en la historia de la economía argentina en el que los dueños mayoritarios de una compañía estatizada no reclaman una indemnización.

Sí lo hicieron, en cambio, los fundadores de esa imprenta única en Latinoamérica, Nicolás y Héctor Ciccone. Éste último murió.

A Nicolás Ciccone aun lo atormenta la historia vivida en los últimos años.

-Lamento el momento en el que me metí en la calcografía-, se lo escuchó decir con sus ojos claros llenos de lágrimas.

Boudou declaró en indagatoria en el caso Ciccone el 9 de julio del 2014.

El vice usó a los medios estatales para denunciar un complot en su contra, versión que repitió el coro de periodistas pagos por la pauta oficial.

El vice insistió una y otra vez con un pedido insólito: que la declaración ante el juez Lijo sea televisada, para que el “pueblo” viera que no tenía nada que esconder, y que incluso tenía mucho para denunciar. Fue defendido, otra vez, por el periodismo militante.

El 27 de junio del 2014, el juez Ariel Lijo y el fiscal Jorge Di Lello lo procesaron por cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública, dos delitos de corrupción.

Los abogados de Boudou, liderados por el ex SIDE Darío Richarte, intentaron mil argucias legales para lograr algún éxito en las apelaciones.

La Cámara Federal de Casación Penal ratificó los procesamientos.

Boudou irá juicio oral debido a que la Justicia dictaminó que había comprado de forma ilegal la imprenta Ciccone, junto al resto de los integrantes de The Old Fund.

En la trama también fue procesado Núñez Carmona, millonario repentino, empresario multirrubro.

Fuentes oficiales que participaron de la trama Ciccone le explicaron a Clarín que Cristina jamás le perdonó que le haya dicho, a poco de morir Néstor Kirchner, que la compra de Ciccone, que había iniciado el ex presidente usando varios organismos gubernamentales, era “un tema que él tenía ya arreglado con Néstor, ella no debía meterse, no tenia sentido, porque el había conseguido ya que un banco nacional, el Macro, ayudara a comprar la imprenta financiando a un fondo de inversión belga”.

Era The Old Fund, que efectivamente era parte de una cadena de sociedades que terminaba en los países bajos, bajo el dominio de Tierras International Investments CV.

El apoderado de esa sociedad con nombre pomposo era en realidad “Piluso” Schneider, un jubilado que cobra poco, y que pasa sus días andando en bicicleta por su barrio bonaerense, Longchamps.

No es un jubilado, “Piluso”, que haya gozado de una mejor calidad de vida gracias a las políticas previsionales que Boudou y Cristina dicen haber implementado. Su casa es absolutamente modesta. A veces le falta para llegar a fin de mes. Pero la sonrisa no la pierde.

Origen: Amado Boudou, cultor de perlas negras, los trajes Zegna y los autos de lujo

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