Ricardo Roa:Tres maneras de vivir la vida

De un lado Tedesco, educador hasta en la muerte. Del otro lado, Boudou y Scioli.

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No es una historia. Es algo que ocurrió. Boudou falsificó los papeles de un auto para no pagarle la mitad a su ex mujer. Le explicó al juez o intentó explicarle al juez que fue culpa de los gestores. No le creyeron y ayer mismo inauguró su primer juicio oral.

Una mentira puede ser creíble, muchas indignan. Boudou no pudo encontrar ni una explicación sobre por qué falsificó también los domicilios en sus documentos. En uno llegó a poner un médano en San Bernardo.

Manotearle la mitad de un auto a la mujer con la que se había casado y ocultar donde vivía para no ser notificado dice la clase de persona que es. Vergonzosos detalles para quien fue vicepresidente de la Nación aunque una cuestión menor en la media docena de causas por corruptelas que acumula.

A Boudou lo esperan el escándalo de Ciccone, la fábrica de dinero en quiebra con la que se quedó en complicidad con Kirchner y el obsceno contrato con Formosa. Boudou era el ministro de Economía y Formosa le debía plata a la Nación. Asombrosamente la provincia decidió contratar a una empresa para que negociara esa deuda y le pagó casi dos millones de dólares. ¿A quién le cayó el regalo? A The Old Fund, la misma de Ciccone y que manejaba supuestamente Vanderbroele, inquilino de Boudou en Puerto Madero. Bingo.

Toda gente rápida como Scioli, al que se le escapó no una tortuga sino un whatsapp. Gisela Berger, con quien el ex gobernador y más que ex gobernador, candidato a presidente, convivía en La Ñata, tuiteó que se fue de la quinta porque descubrió que Scioli le era infiel con otra mediática, Sofía Clérici. Una clásico de la infidelidad descubierta.

“El decía que se iba a jugar un partido de fútbol y a una reunión de trabajo”, escribió Berger desmintiéndolo con los chats hots que le encontró. Se olvidó o no tomó nota de que ella había empezado a hacer lo mismo con el gobernador-candidato cuando se presentaba como esposo de Karina Rabolini. Escándalo digno de la farándula y asunto que pertenecería sin más a la vida privada si no fuera que Scioli es un personaje público y su novia fue la que hizo públicos los mensajes .

Por las mismas horas en que pasaban o se descubrían estas cosas moría Juan Carlos Tedesco, que vivió como creía y que nunca se enamoró de las modas. Nunca se subió a las tendencias porque sí. Y nunca perdió de vista a los chicos y a su futuro.

Fue un notable educador y además de eso un intelectual y un humanista. Insistía en que el sistema educativo es arcaico e ineficiente y proclamaba cierta degradación de la profesión docente elegida por muchos como una “actividad transitoria”.

Más allá de ideologías, Tedesco estuvo cada vez que un gobierno pidió su ayuda. Viceministro de Kirchner y por un tiempo ministro de Cristina nunca será recordado por propiciar la grieta. Este sábado tres amigos fueron a verlo para despedirse. Había dejado de recibir medicación contra el cáncer y apenas podía hablar. Entre silencios prolongados y difíciles buscó fuerzas para alentarlos a que cuiden la educación. Defendió hasta la muerte lo que en vida había defendido siempre.

No será fácil olvidarlo. Tedesco predicó con el ejemplo de la honestidad y con el respeto por las ideas de otros. Generó un cariño y una admiración enormes. Fue un referente de la educación para la Unesco y un último gran referente entre nosotros. El contraste de su vida con las andanzas de Boudou y de Scioli es tan abismal que lastima.

Origen: Tres maneras de vivir la vida

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