Esteban Fernandez – Ni adversarios ,ni alabarderos.

Lo que está pasando con respecto a Donald Trump es increíble: ¡NO SE PUEDE OPINAR SOBRE ÉL!

Demostrar simpatías o antipatías por este señor trae aparejado que te caiga encima “una carga de machetes” de la mitad de los habitantes de USA

Y eso me cae como una patada porque soy una persona que me encanta expresar libremente mis pensamientos sobre todo lo que acontece – para eso vine aquí- pero sobre el tema parece que no se puede decir “ni ji” sin que medio mundo quiera pelearse con uno.

El 99.9 de mis amigos son “Trumpistas” y los poquitos que no lo son -SI SON SINCEROS ANTICASTRISTAS- siguen siendo mis amigos. Al que está en contra de la tiranía me importa muy poco si le gusta o le disgusta Trump. Ese es un derecho de vivir en democracia.

Por ejemplo: hay una amiga de Facebook que se llama Janett Jalil que me parece que no apoya a Donald Trump. Llamé a Aldo Rosado e indagué sobre ella y Aldo me dijo que “es 100% anticomunista y anticastrista”. Y eso es todo lo que necesito para mantenerla entre mis compañeros de lucha.

 

Mis sentimientos sobre Donald Trump son ambivalentes. Mi posición con respecto al presidente es normal, tranquila, sin extremismo alguno. Durante la campaña electoral mis simpatías completas estaban del lado de Marco Rubio. Quería que fuera Marco el candidato y el presidente electo.

Ah, pero no fue así, Marco no resultó ser el preferido de las masas y postularon y salió electo Donald Trump. No hubo tormento ni lloré como las huestes Clintonianas.

Yo me alegré en el alma que ganara Donald Trump y que perdiera la bruja Hillary Clinton porque la detesto a ella y a su marido, y me caen como una patada Obama, Michelle, Biden y prácticamente el Partido Demócrata en pleno. Y bajo ningún concepto iba -ni voy nunca- a hacer causa común con ellos. Y si mañana se celebraran elecciones de nuevo volvería a votar por Donald Trump.

Y ahora más cuando veo la campaña brutal anti Trump que está realizando la prensa norteamericana izquierdista que yo detesto, entonces no me da la gana de compartir con ellos sus críticas.

Porque lo cierto es que yo no soporto a CNN, ni a MSNBC y mucho menos al Washington Post, ni asus repugnantes reporteros ni a sus detestables comentaristas respectivamente. Y odio con todas las fuerzas de mi ser al New York Times porque le otorgo el 80 por ciento de la culpa de que Fidel Castro llegara al poder.

Y aunque en determinados momentos me pueda caer mal Donald Trump (y quede claro que en la mayoría de los casos estoy muy de acuerdo con muchísimas cosas que él propone) sólo necesito escuchar y ver en la televisión a Maxine Waters, Jorge Ramos, Anderson Cooper, Al Sharpton, Mika Brzezinski, a Don Lemon, Eugene Robinson, Brian Williams para tener deseos delevantarme de mi sillón y aplaudir al Presidente.

 

Y cuando cometa o haga una barrabasada (y a veces las hace y las comete) voy a echarle con el rayo. Porque si durante los años 59, 60, 61 y parte del 62 grité a voz en cuello en Cuba lo que pensaba de Fidel Castro, aquí digo, pienso y escribo lo que me salga de las entrañas sobre Donald Trump.

Porque no soy su enemigo y mucho menos su canchanchán. NI ADVERSARIO NI ALABARDERO. Si quiero lo ovaciono y si quiero lo critico con todo respeto. Dije, digo y diré lo que mi conciencia me indique en cada instante y al que no le guste, que se vaya a ver a quienes están completamente sectarizados como Rachel Maddow en MSNBC y Sean Hannity en Fox News.

Y mi humilde apoyo a Trump siempre estará condicionado a lo que haga (o no haga) en favor de la libertad de Cuba.

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