Legislando sobre la Verdad

Resultado de imagen para guillermo castello diputado
Guillermo Castello Diputado provincial por Cambiemos

En la sesión de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, realizada en vísperas del 24 de Marzo, se sancionó un proyecto de ley del Senador Darío Díaz Pérez, del Frente para la Victoria, que obliga a incorporar en todas las publicaciones, ediciones graficas y/o audiovisuales de los tres poderes del Estado Provincial, la expresión “30.000 Desaparecidos” cuando “se haga referencia al accionar genocida en nuestro país, durante el 24 de marzo de 1976 al 9 de diciembre de 1983”. Lo mismo establece para los actos públicos de gobierno.

Mi voto fue negativo y por tal motivo quiero explicar su sentido. Estoy convencido de que a la hora de legislar se debe priorizar siempre la promoción y protección de la Libertad y la Verdad y creo que esta ley niega ambos valores.

No solo los niega sino que también los violenta porque ordena que el Estado comunique una postura intransigente y excluyente sobre un proceso histórico que todavía hoy es objeto de múltiples e intensas investigaciones y de arduos debates que configuran una situación muy lejana de cualquier atisbo de consenso. Curiosamente sí existe consenso sobre la ausencia de evidencia empírica que permita sostener que las personas desaparecidas fueron 30.000, sin perjuicio de lo que pueda surgir de investigaciones o descubrimientos futuros. Consecuencia lógica ineludible de dicha ausencia es que el proyecto aprobado termina consagrando la mendacidad estatal.

Por otra parte, la asunción de una postura oficial absoluta promueve la formación de un discurso único, atenta contra la libertad de pensamiento y expresión y clausura toda investigación futura que pudiera arrojar resultados que no concuerden con el enunciado estatal, a la vez que silencia y descalifica a todo aquél que tenga una opinión diferente, a quien se lo coloca en la situación de discrepar con el mismísimo Estado. Una nueva Historia Oficial es así impuesta de facto.

La ley es sustancialmente negativa por otro motivo, ya que desbarata cualquier política de acercamiento y unidad entre compatriotas de diferentes pensamientos, ya que una leyenda oficial que permanentemente exhiba una posición terminante constituye, para quienes no comparten dicha posición, una afrenta, un factor de irritación, de exacerbación de pasiones y, en definitiva, de desunión entre argentinos.

Tampoco puede soslayarse la superficialidad intrínseca de una ley que presupone que la concientización de los gravísimos hechos ocurridos en la década del 70 depende de la imposición coactiva de un determinado número, cualquiera que sea, con lo cual se banaliza la tragedia.

Adicionalmente, los fundamentos del proyecto resultan llamativamente divergentes con su texto, por cuanto su autor pretende fundar el proyecto en un presunto “espíritu pedagógico”, siendo que dicho espíritu es, por definición, incompatible con la imposición de un discurso único oficial. Todos sabemos que enseñar no es imponer.
Por último, creo que la ley impulsada por el Senador kirchnerista trasunta el miedo a encontrar la verdad y por esa razón propone suprimir su búsqueda, cristalizarla, hacerla obligatoria hasta el fin de los tiempos.

En el trasfondo hay una diferencia de concepción político-filosófica: o apostamos a la clausura, la coacción y la imposición del pensamiento único, o promovemos el debate, la apertura, el pluralismo y la búsqueda de la verdad.

En el tratamiento de los procesos históricos, esta búsqueda fue magistralmente expuesta por el recientemente fallecido filósofo y semiólogo Tzevan Todorov, a quien vale la pena leer: “Una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la Historia no se hace con un objetivo político sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos. Aspira a la objetividad y establece los hechos con precisión; para los juicios que formula, se basa en la intersubjetividad, en otras palabras, intenta tener en cuenta la pluralidad de puntos de vista que se expresan en el seno de una sociedad.”

En definitiva, la flamante ley fomenta la No Verdad como política de Estado, promueve el discurso único, provoca la autocensura, denigra a quien opina distinto, dispone el aparato estatal a favor de un sector político y pretende imponer una versión como la única historia aceptable. Estas son las razones que motivaron mi voto negativo.

Origen: Legislando sobre la Verdad

Anuncios

Un comentario en “Legislando sobre la Verdad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s