Manuel Malaver -¿Por qué apoyamos al exilio cuando hostiga a hijos e hijas de corruptos chavistas?

 

 

De una vez nos pronunciamos en torno a la polémica surgida en los últimos días, sobre si es lícito hostigar a hijos e hijas de funcionarios públicos chavistas que, estudian o viven en el exterior, con gastos cargados a la abultada chequera de sus padres con dineros provenientes del saqueo realizado por la revolución y el socialismo contra el erario público.
Y nuestra respuesta es que sí, pues si un principio de ética establecido en la sociedad democrática, occidental y cristiana reza que “no se puede hacer a los hijos, culpables de los delitos de sus padres”, en este caso, se trata de delitos cometidos contra los bienes públicos (la res pública del Derecho Romano) y, como ciudadanos agraviados, estamos en el deber y la obligación de denunciar y acusar a quienes se beneficien con ellos.
Y tendría que ser irrelevante, en este caso, que los usufructuarios lo hagan consciente o inconscientemente, con edades o condiciones que los inmunice del rigor de la responsabilidad, pues, como reza otro principio ético y legal: el desconocimiento de la ley no excusa su incumplimiento”, por lo que, vuelve a ser obligatorio para los agraviados advertir a los cómplices de los delincuentes, las sanciones a que están expuestos.
Sobre todo, tratándose de un delito inscrito en la esfera de lo que, en derecho se conoce como la “moral pública” que, es la que atañe a la honradez que debe tenerse en el manejos de los bienes que el estado administra por delegación de la sociedad, y debe, darle cuenta si se disponen correcta o incorrectamente, obligación que, de no cumplirse, permisa a los ciudadanos a hacerlo en su nombre.
A este respecto, nada más importante que recordar el papel de fiscales y jueces que no pocas veces tienen que asumir los medios, cuando, en sus países ocurre una denegación de justicia y, deben a nombre de la constitución y el pueblo, denunciar y acusar a los corruptos para que sean llevados a los tribunales.
Que no es lo que sucede en la esfera de la moral privada, en la cual, deben presentarse quienes acusan y quienes se defienden ante los tribunales y sus jueces y esperar, que una vez sustanciados los juicios, los jurados decidan a cuál de las partes asiste la razón.
Pero en la situación de los funcionarios públicos corruptos venezolanos, concurren otros agravantes, tan escandalosos e intolerables como los ya citados, y es que, cometen sus delitos a conciencia, puede que hasta con orgullo, ya que, profesan una filosofía o ideología, el marxismo, para la cual, robar, expropiar y saquear lo ajeno, sea público o privado, no son delitos sino virtudes, pues proclaman que lo hacen “por el bien” de los que “menos tienen” y “el mal” de los que “más tienen”, por lo que, sus transgresiones a las leyes no se comenten sino por el bien de los muchos y el mal de los menos.
Quiere decir que, de un tirón, llegamos a la paradoja de los malos buenos y los buenos malos, de los inocentes culpables y de los culpables inocentes, y es que, si en verdad llegara suceder que de las prácticas marxistas y socialistas, dictatoriales y totalitarias, resultaran “los más” beneficiados y “los menos” perjudicados, entonces, no nos quedaría otro remedio que admitir que, en la teoría y en la práctica, tienen algo o mucho de razón y no queda otro camino que calárselos.
La cuestión es que, cuando se analizan los resultados de todos los socialismos que en el mundo han sido (ruso, chino, nordcoreano, vietnamita, nordeuropeo, cubano y venezolano), al final lo que nos encontramos son países en ruinas, triturados, despedazados, sin ricos ni pobres, empresarios ni proletarios, hacendados ni campesinos, sino masas de millones de seres humanos destruidos, sin propiedad, ni libertad y sometidos al despotismo de superestados que, se comportan como los dueños de sociedades esclavizadas, a las cuales, se les dan mendrugos para que subsistan proclamando, dándoles vivas, al dictador
En otras palabras que, sobre ricos y pobres, empresarios y proletarios, hacendados y campesinos, se ha enseñoreado una nueva clase que, en otros países del socialismo, llamaron “burguesía roja”, y aquí, en Venezuela, país del “Socialismo del siglo XXI”: boliburguesía.
Y para demostrarlo, nada más apropiado que estos millones de venezolanos que hoy ruedan, deambulan, por el mundo, en calidad de exilados o refugiados, porque se les echó de su país, bien porque los dejaron sin trabajo ni educación, alimentos ni medicinas, seguridad ni protección, posibilidades de comprarse una casa para hacer una familia con sus parejas, sin presente ni futuro.
Y lo peor, les robaron también la democracia, la libertad, los derechos humanos establecidos en la Constitución y la posibilidad de vivir en el tiempo en que viven, que es el siglo XXI, y no en el XIX, que es donde prescriben Maduro, su pandilla, y los pocos desintegrados que los siguen en el mundo.
Que es la avanzadilla de los millones que, en los próximos meses o años, los acompañarán, si las luchas, si las batallas que libran los venezolanos en este momento por la libertad y la democracia, no cristalizan en el derrumbe de Maduro y el inviable e inmoral modelo socialista que defiende y proclama.
Y son, también, los millones que hoy hostigan en todo el mundo a los hijos e hijas de los funcionarios corruptos chavistas que, estudian o viven en universidades y ciudades del globo, con el fruto de lo que les fue arrebatado, robado y saqueado.
Y nos parece que, no solo es injusto, sino ilegal e inmoral, exigirles que no protesten, que no se arrechen y hostiguen a quienes de manera ostentosa, no solo proclaman su impunidad, sino que piensen que, sus padres son unos “buenos padres”, sin cuentas que rendirles a Venezuela y a los tribunales penales internacionales.
Porque es que, se da una peculiaridad entre estos socialistas y corruptos venezolanos, los que llaman “del Siglo XXI”, y es que, a diferencia de otros socialistas y corruptos, no solo no la hacen de puertas adentro, sino de puertas afuera, y como procurando aplausos y orgullosos de sus fechorías.
Son horrores que jamás cometieron los rusos, ni los chinos, ni los vietnamitas, ni los camboyanos, ni los cubanos, los cuales, en el tiempo en que martirizaron sus países, jamás se vio que los hijos de sus funcionarios vivieran a toda dar en capitales del mundo capitalista, ni estudiando en universidades extranjeras para la high.
Ah, pero la hija del talibán, hiper proletario, supercomunista y enemigo de los ricos en todas sus expresiones, Jorge Rodríguez, si estudia en una Universidad de Australia; la de Eulogio del Pino en Canadá, y otra, del difunto Chávez, en la Sorbona.
Pues no, señores socialistas y corruptos venezolanos, arruinaron, destruyeron, pulverizaron a Venezuela y las vidas de millones de venezolanos y tienen que saberlo y sentirlo por donde más duele, de boca de sus hijos.
Bueno, si es que les queda oídos para oírlos, y sentimientos para sentirlos.

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