Aniversario-Una guerra de seis días que marcó el último medio siglo en Oriente Medio

Israelíes y palestinos conmemoran mañana los 50 años del inicio del conflicto que terminó con el triunfo del Estado hebreo y dejó una estela de violencia que se extiende hasta hoy.

Una guerra de seis días que marcó el último medio siglo en Oriente Medio

Fuego. Jóvenes palestinos arrojan piedras contra soldados israelíes, este viernes, durante enfrentamientos cerca de la frontera entre Israel y la Franja de Gaza. /REUTERS

Ana Garralda

Israelíes y palestinos conmemoran el lunes el 50° aniversario de la guerra de los Seis Días, un conflicto que cambió la faz de Oriente Medio y dejó una estela de cinco décadas de violencia, planes de paz abortados y decepción. La esperanza de que israelíes y palestinos se pongan de acuerdo sobre la coexistencia de dos Estados parece alejarse un poco más cada día y el deseo expresado por el presidente estadounidense Donald Trump de mediar para un acuerdo diplomático suscita cuando menos escepticismo.

Las dos partes discrepan sobre el fondo de una guerra que ha reforzado a Israel y supuesto el comienzo de cinco décadas de ocupación y colonización de los territorios palestinos.

La victoria abrumadora de Israel sobre los países árabes vecinos entre el 5 y el 10 de junio de 1967 ensanchó la delimitación del pequeño Estado creado tras la Segunda Guerra Mundial. Para los israelíes, la proeza militar completa la aspiración judía de una vuelta a Jerusalén, algo que esperaban desde hacía casi 2.000 años. Los palestinos denuncian el robo de sus tierras y aseguran que los israelíes buscan dominar todo el territorio entre el Jordán y el Mediterráneo.

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La Guerra de los Seis Días en que Israel derrotó a sus vecinos árabes en un ataque sorpresa convulsionó el mapa geoestratégico de Oriente Medio. Primero porque permitió al Estado hebreo tomar una posición preponderante en la zona y negociar desde una posición de fuerza con el resto de los actores implicados; segundo, porque consolidó a EE.UU. como actor hegemónico en la región -proporcionó a Israel gran parte de sus sistemas de armamento, en especial los cazabombarderos de sus Fuerzas Aéreas que jugarían un papel clave– frente a la extinta Unión Soviética.

La puesta en marcha de una guerra relámpago por parte de Israel para acabar con la aviación y las principales defensas de sus contrincantes le permitió conquistar una serie de territorios, pero igualmente le obligaría a lidiar con las poblaciones que quedaron bajo ocupación. De pronto un país tan pequeño en extensión y población dominaba militarmente a otros mucho más grandes y poblados, mas el contexto de la Guerra Fría a escala mundial y la necesidad de integrarse regionalmente llevaría a Israel a negociar su retirada progresiva de los territorios conquistados. Así se lo exigía también la comunidad internacional, según dictaminó la controvertida resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Israel conquistó la Península del Sinaí (que terminaría devolviendo a Egipto tras los Acuerdos de Camp David en 1978), la Franja de Gaza (de la que se retiraría en 2005 sin previa coordinación con la Autoridad Nacional Palestina); los Altos del Golán (que mantiene ocupados) a Siria; y a Jordania le arrebataría Cisjordania (aún parcialmente ocupada y fragmentada) y Jerusalén Este (que se anexionó a través de la Ley de Capitalidad aprobada en la Knéset en 1980, lo que se consideró ilegal de acuerdo al Derecho Internacional).

Si la pérdida de la primera guerra árabe-israelí en 1948 supuso para los palestinos su “catástrofe nacional” o Nakba, la de 1967 sería recordada con el nombre de Naksa. Una segunda catástrofede una magnitud similar a la primera, pues los palestinos perdieron el control sobre ese 22% de la Palestina histórica que les quedaba. Permanecieron desde entonces subyugados a los designios de Israel. Pues a pesar de retirarse parcialmente de Cisjordania en aplicación de los Acuerdos de Oslo entre 1994 y 2000 y de la Franja de Gaza en 2005 en virtud del “Plan de Desconexión”, Israel sigue controlando todos sus pasos fronterizos, acceso a los recursos naturales, el espacio aéreo y marítimo.

Además, a la ocupación militar fruto de la Guerra de los Seis Días le siguió todo un proceso colonizador de los territorios. Los palestinos vieron cómo se multiplicaban los asentamientos judíos en lo que habían sido sus tierras y cómo se limitaba su libertad de movimientos con decenas de controles israelíes, lo que incrementó la ira y la frustración.

Sentimientos que culminarían con dos revueltas o Intifadas –la primera violenta, pero no armada entre 1987 y 1993, y la segunda armada y muy violenta entre 2000 y 2005– y aún dan lugar a nuevas olas de violencia como la que comenzó a finales de 2015.

Si la Guerra de los Seis Días llevó a 8 países árabes a reunirse en la Cumbre de Jartum en septiembre de 1967 para consensuar “los tres nos” –no al reconocimiento de Israel, no a la paz con Israel, no a las negociaciones con Israel–, el marco estratégico abierto tras las llamadas “Primaveras árabes” y el apoyo incondicional que el actual presidente de EE.UU., Donald Trump, presta ahora al Estado hebreo, han hecho posible la derogación de la política de Jartum. Sin embargo, si Israel desea normalizar sus relaciones con los países sunnitas e integrarse definitivamente en la región no tendrá más remedio que facilitar la creación de un Estado palestino.

Origen: Una guerra de seis días que marcó el último medio siglo en Oriente Medio

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