La pasividad de los corderos -Carlos Esteban

Hoy es aún día de resaca de los ataques de la noche del pasado viernes en Londres, con las elecciones generales encima y Theresa May viendo cómo su responsabilidad sobre la seguridad pública arroja una preocupante sombra sobre sus opciones de victoria.

Carlos Esteban

Si mi pluma valiera una centésima parte que la de Anthony Daniels, más conocido como Theodore Dalrymple, contento moriría. Cualquier idea que se me pueda ocurrir y expresar torpemente en estas páginas este médico británico la comunica con una elegancia y claridad que me despiertan envidia de la mala.

‘Los atentados enturbian las elecciones en Reino Unido’, abre El País. Hoy es aún día de resaca de los ataques de la noche del pasado viernes en Londres, con las elecciones generales encima y Theresa May viendo cómo su responsabilidad sobre la seguridad pública arroja una preocupante sombra sobre sus opciones de victoria.

Tampoco es que su reacción, airada pero repleta de vaciedades y subterfugios banales, haya hecho mucho para transmitir seguridad. Ha dicho, sobre todo, “¡Ya basta”, lo que comenta Dalrymple: “¿Que significa qué, exactamente? ¿Que un poco de terrorismo es aceptable, como si los perpetradores fueran niños revoltosos a los que los adultos acaban llamando al orden después de haberles permitido cierta licencia?”. Las cosas, ha dicho May, van a cambiar, pero, advierte Dalrymple, “sin especificar qué cosas. Especificar hubiera sido dar pie a la crítica, a la oposición, al oprobio, y eso justo antes de unas elecciones, ni más ni menos. Mejor quedarse en cuatro tópicos”.

La foto va para Carmena y parte de su equipo con los padres del disidente venezolano encarcelado Leopoldo López, ‘Carmena se distancia de Podemos al recibir a los padres de Leopoldo López’. La alcaldesa es campeona en ideas absurdas y salidas de pata de banco, pero aún retiene un olfato político que la rigidez ideológica no permite a Iglesias. O sus vínculos con el Gobierno de Caracas, quién sabe.

Claro que la decisión de abrir con esa foto dice bastante de la manía que Prisa le tiene a la formación morada, a la que reconoce como un montaje para destruir al PSOE de sus amores sin que pueda expresarlo ni probarlo. Todo lo que rompa ese frente recibirá un tratamiento de alfombra roja en esa casa.

ABC abre con el rostro quelonio de Theresa May, los labios apretados en expresión preocupada. ‘El asedio yihadista desquicia la campaña electoral británica’. Solo puedo alegrarme de no ser británico y tener que votar a uno de los partidos responsables de esta situación de pesadilla. Claro que en seguida recuerdo que soy español y se me va el alivio.

El Mundo abre con foto del Puente de Londres lleno de gente con ramos de flores, el arma recomendada en la guerra contra el terrorismo a escala nacional. Debajo, unas declaraciones de Khuram Shazad, uno de los autores de los atentados: “Por Alá estaría dispuesto a matar hasta a mi madre”.

La reacción del occidental medio al leer algo así es inmediata: alguien así debe de estar loco. La idea de que alguien este dispuesto a cualquier cosa que Dios pida de él está ya tan alejada de la mente europea moderna que nos negamos a entender que es la mentalidad por defecto de millones de personas en el mundo.

Más positiva, La Razón abre con el rostro del héroe de la jornada, un español que se enfrentó a los degolladores, fue apuñalado por la espalda y no se ha vuelto a saber de él. Ignacio Echeverría es hoy un héroe; hace algunas décadas hubiera sido un hombre normal con una reacción natural y esperable. Somos millones, ellos (todavía) una minoría. Con una proporción suficiente de Echeverrías, estos ataques durarían mucho menos y con consecuencias mucho menos trágicas. Pero estamos paralizados, somos los Eloi de H.G. Wells, incapaces de resistirnos a la agresión de los Morlocks.

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Origen: La pasividad de los corderos | La Gaceta

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