El Papa no viene  | Le doy mi palabra

Alfredo Leuco

Se cumplió un deseo del Papa Francisco. La procuradora Alejandra Gils Carbó aceptó su invitación para ir el 9 de noviembre al Vaticano. La procuradora que ayer fue el centro de las críticas de la movilización que hubo en los tribunales de Comodoro Py, encabezará la delegación argentina y como autoridad, pronunciará un discurso en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Este será el tercer encuentro de Gils Carbó y el Papa Francisco quien también supo regalarle rosarios bendecidos.
El Papa seguramente no valora ni tiene en cuenta que hoy la procuradora es la jefa de operaciones de Cristina en el operativo para blindar de impunidad a los ex funcionarios corruptos del kirchnerismo y para atacar a los actuales gobernantes y los periodistas independientes.
Ayer se supo que el Papa no visitará la Argentina pese al pedido que Hebe de Bonafini le hizo en su momento. ¿Se acuerda? En su carta la jefa de las madres de Plaza de Mayo le escribió textualmente hasta en el tuteo: “Se que vos pensás que si venís le hacés un favor al Pastor Mauricio. Yo te pido que pienses en cuanto bien le harías a millones si venís.” El padre Jorge le contestó con mucho afecto: “Tengo en cuenta tus palabras, pero todavía no hay nada decidido sobre mi visita”. Hebe dio a publicidad la carta del Papa al día siguiente de su procesamiento por la estafa de dineros públicos que hizo junto a Sergio Schocklender en la fundación mal llamada Sueños Compartidos. El Sumo Pontífice no aclaró si es cierto que no quiere hacerle un favor al Pastor Mauricio ni quien es el Pastor Mauricio. Pero no hay que ser muy inteligente para darse cuenta. Ya son varias las cartas que intercambian y los rosarios bendecidos que el Santo Padre le envió a Hebe quien en su momento tomó la Catedral con términos agraviantes para los católicos, llamó a copar el palacio de Tribunales, reivindicó la lucha armada de la guerrilla de los 70 y la de la ETA y calificó de Mussolini y dictador al presidente electo democráticamente.
En su última carta Hebe dice que “este país es una montaña que se cae a pedazos como en un terremoto”. Algo similar dijo ayer en su acto la Santa Cristina Elisabet. Tal vez el Papa no viene a la Argentina porque creyó la apocalíptica definición de Hebe y teme que algún remezón del terremoto abra la tierra a sus pies.
Con Milagro Sala, la relación también es estrecha. La comandante de la Tupac Amaru recibió varios rosarios milagrosos. Milagro que está presa y acusada de extorsión, malversación de fondos, amenazas, asociación ilícita y que es una gran autoritaria y maltratadora de mujeres, hizo pública las líneas que le escribió de puño y letra el Papa donde le dice que comprende su dolor y la acompaña en el sufrimiento. También le expresa que sus oraciones pretenden que “todo se resuelva bien y pronto”. Nada dijo el Papa Francisco de las humildes mujeres jujeñas a las que Milagro se cansó de cachetear e insultar.
Ayer lo comentamos en el programa de Marcelo Longobardi. El Papa Francisco, anunció que viajará a la región y que visitará Colombia, Chile y Perú pero no Argentina. Esta vez no le dio el gusto a Hebe Bonafini.
Muchas veces cuando doy una charla, la pregunta sobre el Papa es la primera que surge. Leuco, ¿Qué opina del Papa? Se hace un silencio pesado y yo trago saliva. Es una pregunta muy delicada. Porque no es blanco o negro. No es absolutamente condenatoria ni absolutamente elogiosa. Valoro muchas cosas que el Papa hizo y hace y critico otras. Hay mucha gente extraordinaria enojada con el Papa y mucha gente que lo ama profundamente. Es que lo estrictamente religioso se mezcló fuertemente con lo político. Yo digo que si el Papa se presentara como presidente del mundo, yo lo votaría. Pero que si se presentara como presidente de Argentina, no. Y que en las últimas elecciones el padre Jorge hubiera votado a Daniel Scioli pero no a Aníbal Fernández.
A nivel planetario, el Papa hizo una tarea titánica y maravillosa. Es el Papa de los pobres y de la paz. Este Papa celeste y blanco es el que combatió fuertemente a los corruptos de las finanzas vaticanas y a los perversos curas abusadores. Es el Papa que quiere modernizar las normas para contener y proteger a más gente. Por eso es tan combatido por los sectores más elitistas y conservadores de la Iglesia católica. Su trabajo de acercamiento entre las partes para eliminar el odio y la intolerancia y abrir los mejores caminos para la convivencia pacífica y la misericordia y la solidaridad fue extraordinario. Nadie hizo tanto en tan poco tiempo. Hablo de Cuba y Estados Unidos, del fin de la guerra en Colombia, del abrazo frente al muro de los lamentos de las tres religiones monoteístas, los católicos, los judíos y los musulmanes. Fue una señal de fraternidad insuperable.
Por eso lo votaría como el líder mundial que es. Intenta llevar estos tiempos de cólera, xenofobia y desintegración hacia la justicia social, el diálogo y la hermandad. No es poco.
En Argentina las cosas cambian. Su admiración temprana por Juan Domingo Perón lo llevó a la militancia en grupos derechosos como Guardia de Hierro. En esa fragua consolidó su opción por los pobres y los grasitas y su poca preocupación por la falta de republicanismo y de honradez de algunos dirigentes. Por eso tuvo y tiene simpatías hacia los gobiernos populistas de la región. Por eso se siente más a gusto con Evo Morales, Rafael Correa o Cristina que con Macri, Juan Manuel Santos o Pedro Kuczynski.
Por eso a muchos fieles argentinos que lo idolatran les resulta frustrante que le haya dado lugares prioritarios a sindicalistas delincuentes como Omar “El Caballo” Suárez, a patoteros como Guillermo Moreno.
Para ser justos hay que decir que el Papa no tiene piel con el presidente Macri pero en los últimos tiempos han conseguido una relación protocolar de cierta armonía. Es más, en varias ocasiones les pidió a sus visitantes que cuidaran a Macri para que pudiera terminar su mandato como corresponde en tiempo y forma. Ve en Macri a un empresario liberal con poca sensibilidad social. Pero siente un gran afecto, respeto y consideración por los rostros “más humanos” del PRO: María Eugenia Vidal, Gabriela Michetti y Carolina Stanley. Las conoce por su trabajo social en la Ciudad de Buenos Aires mientras él era cardenal y eso le permitió construir una relación de mucha proximidad y oración con ellas.
También es cierto que el Sumo Pontífice está profundamente enfrentado con alguno de los representantes más salvajes del ladricristinismo como Horacio Verbitsky al que castiga vía Guillermo Moreno cada vez que puede. Es que el jefe informal de la inteligencia K, el señor 12, sigue convencido de que el Papa durante la dictadura entregó a varios sacerdotes a la tortura y a la desaparición de los militares. Y además, Verbitsky es uno de los motores más potentes en el impulso del colectivo “Ni Una Menos” contra lo reaccionario de la iglesia católica y a favor del aborto, cosa en la que ni Cristina está de acuerdo.
Es insólito que el Santo Padre sienta más cariño por Cristina, Milagro Sala, Gils Carbó y Hebe de Bonafini que por Macri. No por una cuestión de ideología. En ese caso si es coherente. Pero Cristina y Néstor lo persiguieron incluso con el espía preferido de los Kirchner en ese momento, Antonio Stiuso y lo caracterizaron como una suerte de jefe de la oposición y satán con sotanas. De hecho ya se contó varias veces pero vale la pena recordar la verdad histórica. Cristina estaba enojada con la designación de Bergoglio. Su tropa silbó en un acto esa novedad. Después fue comprendiendo que podía utilizarlo políticamente y se dio el gusto de utilizarlo en varias ocasiones, casi sin la queja del Papa que lo hizo muy suavemente un par de veces. Macri fue todo lo contrario. Mientras fue jefe de gobierno de la Ciudad, le dio el lugar que le correspondía y cuidó su investidura.
Tal vez la formación política de la juventud tenga más contundencia a la hora de formatear a las personas que los acontecimientos posteriores. Tal vez el Papa sea populista como lo han calificado varias veces. Hoy el Papa está en el centro del universo y no vota en la interna del peronismo ni en la de San Lorenzo. Ojalá este Papa del Fin del Mundo pueda salvar al mundo. Ojalá el Techo, la Tierra y el Trabajo le lleguen a todos. Y también la paz, la honradez, la libertad y la democracia republicana. Tal vez en ese momento el Papa quiera venir a la Argentina. Tal vez en ese momento quiere rezar por nosotros. Más allá de Macri y de Cristina. Amen.

Origen: El Papa no viene – 21 de junio 2017 | Le doy mi palabra

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