Violaciones y asesinatos, los crímenes comunistas confesados por Fidel Castro 

El escritor, y confidente de Fidel Castro durente los años ochenta y primeros noventa, Norberto Fuentes, publicó en 2004 el libro “La autobiografía de Fidel Castro”. Un libro novelado en el que recoge las conversaciones con el dictador cubano durante la década y media en la que mantuvo una estrecha colaboración revolucionaria. Su historia con Castro es una relación de amor odio, pasó de ser uno de los primeros disidentes al tener que abandonar Cuba tras publicar en 1968 el libro “Condenados del Condado”, fue rehabilitado 15 años después previo pago de una importante cantidad de dinero.

A partir de ese momento se convirtió en guerrillero en la Guerra de Angola, agente secreto y persona de máxima confianza del dictador cubano. Finalmente, su amistad con algunos opositores del régimen le hizo caer en desgracia en 1993, año en el que intentó escapar de la isla en una balsa, pero fue detenido y encarcelado hasta que, un año después y gracias a la intermediación de García Márquez, fue liberado exiliándose en Miami.

Decidió entonces poner por escrito el contenido de las confesiones de Castro. Lo bueno y lo malo. Como el propio Fuentes señaló siempre, él sigue siendo un defensor de la revolución comunista en Cuba, no tanto de la actuación de “los barbudos”, como se conocía a los líderes de aquella orgía de sangre.

El libro explica, de forma novelada, las conversaciones que mantuvo con Castro durante muchas horas mientras fueon colaboradores. El dictador caribeño no salió muy bien parado de la publicación del libro. Sin embargo, jamás se desmintieron los extremos más sanguinarios y criminales de aquellas confesiones.

Violaciones por despecho

En la página 74 del libro cuenta como en su infancia sus padres le enviaron a un colegio de Dolores en el que estudiaban los hijos de las familias más ricas de la isla. Allí, asegura que los hijos de los potentados miraban a los alumnos como él, para cuyos padres enviarlos a ese tipo de institución suponía un esfuerzo económico. Esta circunstanci le serviría para justificar las violaciones cometidas sobre las hijas de estas familias adineradas una vez triunfó la revolución:

“Ni que decir tiene con el placer con que después uno los despoja de sus fábricas de cemento y de sus destilerías de ron y de los ferrocarriles y de las instalaciones portuarias y de la termoeléctrica y de sus centrales y de los almacenes y de esas mansiones y de sus hijas y de sus mujeres y les dice a sus pletóricos comandantes y capitanes, acabados de bajar de la Sierra y aún sacudiéndose del polvo del camino y de largas barbas morenas, que si van a permitir que esas niñas vayan al exilio con sus virgos intactos, que arremetan contra todas ellas, que ninguna se va a resistir, que todas están esperando revueltas de lujuria por este masivo derecho de pernada que establece la Revoluión victoriosa sobre las últimas hijas vírgenes de la burguesía criolla antes de ser erradicada”.

Reconocer los asesinatos sin remordimientos

En este desahogo de Fidel Castro -recordemos que la edición del libro de 2008 fue prologada por el propio dictador reconociendo su veracidad- hace confesiones que dejan clara la brutalidad revolucionaria. Cómo fueron asesinos y cómo su antecesor, contra el que se levantaron, Batista, a penas lo fue. Son palabras de Castro, no mías:

“A Batista se le podían señalar dos o tres crímenes, y probablemente ya esté exagerando. Un estudiante, Ruben Batista, que mataron los policías en una manifestación. No recuerdo ahora mismo ningún otro. Fuimos nosotros los que empezamos a matar. Es infinitamente superior la cantidad de muertos producidos por nosotros a los del régimen de Batista”.(página 143)

Y no tiene ningún tipo de remordimiento. Ni siquiera a la hora de cuantificar el número de asesinatos cometidos bajo su mandato y, a lo que parece, bajo su responsabilidad directa:

“Sobre la base de una decena de muertos, si acaso una docena, nosotros fuimos capaces de producir, con ese argumento, la cantidad de miles de muertos que se ha dejado tendidos en el campo en el proceso de la Revolución”. (página 143)

Pero no solamente habla de muertes y de crímenes en nombre de la revolución. En el libro también explica qué podía llevar a perder la vida a una persona en la Cuba de la recien triunfante revolución comunista:

“Nadie ha sido liberado de nuestros establecimientos penitenciarios sin habernos dejado en prenda su incriminación. Los otros, los que no hablaron, los que se negaron a negociar, los que no entendieron la generosidad de la Revolución que les daba una oportunidad, son un porcentaje de los fusilados. El otro es el porcentaje de los que, pese a los pesados volúmenes de sus confesiones, denuncias, delclaraciones y solícitas respuestas a los interrogadores y posteriores ruegos y llantos y peticiones de piedad y de que les dieran otro chance y de apelaciones a su juventud o a la bondad de sus captores, también fusilamos”. (página92)

Oculatar las pruebas de sus crímenes

El “comandante” también contaba cómo, tras la llegada de Ronald Reagan al poder en Estados Unidos, el régimen represor cubano se sintió en peligro y consideraron que había llegado el momento de deshacerse de todas las pruebas de sus crímenes destruyendo los archivos más comprometedores:

“Del otro lado y relativo a otra clase de documentación, ante la posibilidad de que en el futuro cayeran en manos del enemigo, la Seguridad del Estado procedió a incinerar todos los expedientes comprometedores con el arribo a la Casa Blanca de la administración Reagan, quizá los ocho años de mayor peligro transcurridos por la Revolución Cubana, sobre todo después de la advertencia soviética de que por nosotros no se iban a quemar en ninguna guerra. Los expedientes que nos comprometían a nosotros, desde luego. No los que comprometen aún a la contrarrevolución. Esos están a salvo. Todos. Impolutos y desinfectados. Cada vez que oigo vociferar a algún cubano de Miami (u otro sitio fuera de jurisdicción cubana) en contra nuestra, sepan que tenemos a buen recaudo su abultado expediente de confesión y todas las sustanciosas denuncias a sus hermanos de causa”. (página 92)

El tirano se justifica

Pero ¿qué lleva al tirano dictador cubano a reconocer los crímenes y firmar el prólogo de una libro tan crítico con su gestión al frente de la revolución comunista en la isla caribeña? Él mismo nos lo cuenta:

“Me he permitido explicarme con tanta claridad en el párrafo anterior aun a sabiendas de que pueda herir algunas sensibilidades porque a estas alturas de las circunstancias no creo que deba parecer ni patético di decepcionante. Sería el peor de los favores que tendría para mi obra. Tratar de justificar muertos más o menos en una nación que, contra todos los pronósticos, ha consumado el asalto al cielo” (página 143).

Curiosamente el tirano comunista cubano usaba la expresión “asaltar al cielo”, tomada de Karl Marx en su carta al doctor Kugelmann tras el fracaso de la Comuna de París. En 2014, durante el congreso fundacional de Podemos en la plaza de toros de Vistaalegre, su líder, Pablo Iglesias, gritó a sus enfervorecidos seguidores: “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”. Una frase que, desde que fuera empleada por Marx, se ha convertido en uno de los lemas favorito de los comunistas más radicales.

Puedes comentar el blog con el autor en @Juanerpf o en la página de Facebook Los Crímenes del Comunismo y el twitter del blog: @crimencomunismo

Origen: Violaciones y asesinatos, los crímenes comunistas confesados por Fidel Castro | La Gaceta

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