Consejos útiles para competir con los populistas 

En la era de las imágenes, los gestos valen tanto como los discursos

por  Simon Kuper

Consejos útiles para competir con los populistas

La pelea entre populistas y la corriente política mayoritaria se parece a un largo combate de boxeo. Hace un año, los populistas ganaron el primer round cuando el Reino Unido votó por el Brexit. Donald Trump se quedó con el segundo. Pero para entonces la corriente general ya había estudiado detenidamente los métodos populistas. Ahora, con Emmanuel Macron a la cabeza, está contraatacando. Estas son algunas de las técnicas que funcionan:

Sonar lo más patriótico posible. Si los populistas logran enmarcar las elecciones en un enfrentamiento de nacionalistas contra globalizadores, uno ya sabe quién va a ganar. Algunos partidos tradicionales permiten que ése sea el planteo; Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista británico, se equivocó al no cantar el himno nacional en la ceremonia por el aniversario de la Batalla de Inglaterra. El que quiera conducir un país, debe demostrar que lo ama. Es bien sabido que en una oportunidad Macron hizo flamear la bandera europea durante la campaña, pero terminaba sus actos de campaña cantando la Marsellesa con su mano apoyada sobre el corazón, al estilo norteamericano.

Su nación debe incluir a todos, inmigrantes y nativos. La corriente política mayoritaria debe construir un “nuevo nosotros”. Eso sólo se puede lograr basándose en los valores prevalecientes. Hablar del trabajo duro, de la familia y de respetar las reglas une a todas las etnias. Los valores liberales como los derechos humanos y la anti discriminación atraen menos.

No le diga a los votantes populistas que son racistas. Algunos de ellos sin duda lo son, pero otros no. Sin embargo, si usted dice que lo son, dejarán de escucharlo y buscarán un político que escuche sus preocupaciones. Joan Williams, autora de White Working Class (clase trabajadora blanca), recomienda alentar a los votantes a expresar su enojo. Ella dice que una cosa que pueden hacer los liberales es “comunicar que ellos creen que las injusticias que vivieron los blancos de la clase trabajadora son las misma que las élites tienen la obligación moral de abordar”.

Demuestre que está escuchando. En una fábrica de Whirlpool en su ciudad natal de Amiens, Macron caminó en medio de una multitud enojada. Las imágenes de televisión de este pequeño hombre rodeado de trabajadores corpulentos, discutiendo acaloradamente con ellos, lo confirmó como el nuevo campeón mundial de peso pluma de la política.

Muestre respeto. Las clases trabajadoras no necesariamente creen que un político pueda brindarles buenos empleos. Pero quieren sentir que le agradan al candidato tal como son. Trump les dio eso. Por el contrario, los partidos mayoritarios siempre le dicen a la clase trabajadora que estudien en la universidad, que abandonen las agonizantes regiones donde nacieron y que coman alimentos más sanos. El mensaje que transmiten es: “Te ofendemos debido a tus ingresos, tu edad, educación, geografía, tus gustos pasados de moda y el peso corporal, y de todos modos están condenados por la automatización.”

No dirigir campañas en base a datos. Hillary Clinton demostró que una elección no es un examen escolar. Pocos votantes comprenden, recuerdan o creen en esos datos.

Tampoco en base a políticas. Las políticas de gobierno desde el año 2000 no han funcionado bien; pero, aún peor que eso, muchos votantes creen que las políticas sirvan para algo. En la era de la globalización, los gobiernos parecen ser incapaces de controlar la inmigración, detener el terrorismo o cobrar impuestos a las multinacionales. Por lo tanto, ¿a quién le importan las promesas de nuevas políticas?

En cambio, cuente una historia sobre la nación donde el candidato y el votante tienen un rol. El genio de Trump decía “Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande”.

Suene como es usted mismo, aunque eso signifique meter la pata. George Orwell, en su último artículo escrito en su lecho de muerte en 1950, elogió las obras de Winston Churchill, a las que veía “más parecidas a aquellas escritas por un ser humano que por una figura pública”. Esa es la solidez de los tuits de Trump, sus faltas de ortografía y demás. Es a lo que la gente se refiere cuando señala que, pese a sus mentiras “él lo dice tal cual es”. Eso se contrasta con la robótica repetición de las palabras “fuerte y estable” que pronunciaba Theresa May durante la campaña británica de este mes. Desde los noventa, los votantes aprendieron a ver a través de los mensajes electorales empaquetados.

Usar imágenes, no palabras. Antes de la era de la alfabetización, las imágenes eran todo. Eso vuelve a ser así ahora que los smartphones redujeron abismalmente nuestros lapsos de atención y dejamos de leer artículos enteros, ni hablar de folletos políticos retro que aún se distribuyen en las calles antes de las elecciones.

Macron es un experto en la creación de imágenes. Su discurso en el que reprendió a Vladimir Putin por la propaganda rusa no habría funcionado con sólo palabras. Pero Macron habló con Putin a su lado, enmarcado en una imagen de TV. Eso quedó registrado. También el fuerte apretón de manos de Macron con Trump, y el momento en Bruselas en que él simula que acercarse a Trump y luego, en cambio, dio un paso al costado para saludar a Angela Merkel.

Los políticos ricos pierden elecciones. Es por eso que François Fillon y Hillary Clinton ahora no dirigen sus países. Cualquier político que entra a un gobierno debería también firmar un contrato en el que renuncia a determinados tipos de enriquecimiento futuro. Cuando José Manuel Barroso pasa de presidir la Comisión Europea a trabajar para Goldman Sachs, efectivamente es un aviso de campaña por el Brexit.

Hablar de Trump. El estadista norteamericano Nate Silver demostró que el apoyo a los partidos populistas europeos de Occidente se derrumbó desde que Trump ganó las elecciones. Esa es una causalidad, no sólo una correlación. Una técnica efectiva de persuación que se usaba con los potenciales votantes de Frente Nacional en Francia era decir: “No quieren acá un caos al estilo Trump, no es cierto?” Los demócratas estadounidenses están siempre vinculando a Trump con “el caos”.

La resistencia cuenta en cualquier pelea de boxeo. Eso perjudica a quienes son electos prometiendo el oro y el moro para mañana a la mañana.

Traducción: Mariana Inés Oriolo

Origen: Consejos útiles para competir con los populistas | El Cronista

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