¿Taiana o Quetglas? | Le doy mi palabra

Alfredo Leuco

Son muchas las cosas que me indignan de la Argentina de hoy. Por ejemplo, la impotencia que tenemos como argentinos de resolver el tema del hambre y la pobreza de tantos hermanos cuando estamos en condiciones de producir alimentos para más de 15 veces los habitantes del país. Otra cosa que me enoja tanto que me cuesta controlarme en las puteadas: creo que es difícil encontrar ejemplos en el mundo de dirigentes políticos (no todos, por suerte) con niveles de corrupción colosales. Sobre todo los muchachos de la banda cristinista donde casi todos se hicieron millonarios y se llenan la boca hablando de los más humildes que es precisamente a quienes les robaron todo lo que tienen. Esa hipocresía de Cristina, Máximo, Florencia, Boudou, De Vido, Lázaro Báez, Ricardo Jaime y siguen las firmas, me parece patética. Insoportable. Es un cáncer que envenena la esperanza de progreso social y de mayor igualdad que tienen muchos jóvenes militantes de todos los partidos.
La tercera cuestión que me hacer hervir la sangre además del hambre y la corrupción es el autoritarismo que persigue y el odio que inocularon en la sociedad. Nos va a llevar años cerrar esa herida abierta en familias, compañeros de trabajo, vecinos y amigos. Me vuelve loco que a esa actitud soberbia y agresiva de Cristina traten de justificarla con la ideología del neopopulismo de Ernesto Laclau. Hay pensamiento, pero sobre todo hay malas personas. No es casual que ningún kirchnerista pueda dar el nombre de una sola amiga o amigo de Cristina. Ella no tiene amigos. Tienen empleados esclavizados o enemigos a triturar.
Esto de los empleados esclavizados me sirve para introducir otro tema que tal vez parezca menor porque no entra dentro del debate público pero que yo creo es fundamental: hablo de la dignidad de las personas. Del respeto por uno mismo. Y es aquí donde entran dos nombres que pongo solo a título de ejemplo: Jorge Taiana y Fabio Quetglas.
El ex canciller de Cristina la acompaña en la boleta de candidatos a senadores nacionales por la provincia de Buenos Aires. Taiana, igual que su padre, fue alguien al que respeté por su estatura intelectual y porque pusieron el cuerpo y ambos estuvieron presos durante la dictadura militar. Pese a mi rechazo absoluto a la violencia armada e insurreccional, con la que jamás estuve de acuerdo, hago una diferencia entre los que pagaron con la cárcel durante el terrorismo de estado y los que como Horacio Verbistsky, por ejemplo, caminaron las calles de Buenos Aires con impunidad pese a que era el segundo de la inteligencia montonera junto a Rodolfo Walsh. Hay pruebas documentales de su relación con la Fuerza Aérea, de los sueldos que cobró de ellos durante el golpe y una fuerte sospecha de haber sido un doble agente. Pero este no es el tema que quiero profundizar. Luego de salir en libertad, Taiana siempre se comportó como un hombre afable, democrático y respetuoso del pensamiento de los demás. Me acuerdo que yo era columnista del diario Perfil cuando Cristina lo insultó y lo humilló con la ferocidad típica de Cristina. ¿Remember, el “soy yo pelotudo”, dicho a su principal mayordomo? En aquel momento escribí algo muy elogioso sobre Taiana. Hablé de su dignidad. De su hombría de bien por no aguantar agresiones gratuitas por parte de la presidenta. Ella reaccionó porque se enteró que el canciller había recibido a dos periodistas de Clarín para explicarles algunos temas como pasa con todos los periodistas de todos los medios y con todos los ministros del mundo. Pero para Cristina, Clarín era el diablo y trató a Taiana como un traidor y cómplice del diablo. Taiana le cortó la comunicación telefónica, renunció y se fue a su casa, como corresponde. La ofensa mayor fue cuando comparó a Taiana (una persona honrada hasta donde yo sé) con un malandra de estado como Amado Boudou. “Tenés que aprender de la lealtad de Amado que se la pasa atacando a Clarín”. Algo así le dijo Cristina. Me lo contó un amigo de Taiana que hoy se fue a la actividad privada.
Se fue al llano, pero siguió militando en el kirchnerismo porque está convencido de que ese es el mejor camino hacia la patria socialista. Creo que se equivoca de acá a la luna pero es su derecho. Lo hizo con perfil bajo un tiempo hasta que se sumó a la conducción del Movimiento Evita. Los muchachos de Emilio Pérsico (otra persona honrada con la que no comparto ideología) resolvieron apoyar a Florencio Randazzo. Sin criticar demasiado a Cristina decidieron que para mejorar al peronismo y ayudar a los pobres, había que buscar renovación de liderazgos y tomar distancias de La Cámpora que los había ninguneado hasta la provocación. De pronto, Cristina, en 15 minutos de palos a Mauricio Macri convenció a Taiana de volver a su lado. Le ofreció la candidatura a senador y no le pidió perdón. En 12 años hablé con más de 100 personas que frecuentaron a Cristina y todos coinciden en que el pedido de disculpas o el reconocimiento de un error, no entra en su cabeza. A Cristina no se le habla, se la escucha, inmortalizó Carlos Zannini. Ella jamás se equivoca. Es perfecta. Quien quiera seguir a su lado solo tiene que acatar órdenes. La verdad es que me sorprendió Jorge Taiana. No esperaba semejante agachada. Una panquequeada, un borocotazo de la peor calaña. Dejó colgados del pincel a los del Movimiento Evita que lo bancaron y con el “verso” de la unidad “desunió” a su agrupación y corrió a arrojarse en los brazos de quien lo maltrató como ningún civil lo había maltratado nunca. Y eso es lo que no admito en política. Caben todas las ideas y los matices. El pluralismo y el debate nos enriquecen. Pero no me banco los dirigentes que pierden la dignidad por un cargo o por disciplina partidaria o por enfrentar a Macri o por lo que sea. El que se deja mojar la oreja no se puede defender y mucho menos va a poder defender a los habitantes de la provincia de Buenos Aires. El respeto por uno mismo es anterior a la ideología. Es fundante de la persona. Es el alma y lo huevos que nos constituyen. Después podemos equivocarnos o acertar, ser peronistas, radicales, macristas, socialistas, lo que usted quiera. Pero yo votaré y respetaré siempre al dirigente que no se deje tocar el culo por nadie. No quiero peleles en los puestos dirigentes. No quiero chupamedias acríticos en ningún partido. Los desprecio sin fijarme cual camiseta partidaria tienen puesta. El felpudismo no me va. En ningún orden de la vida. No me gusta arrodillarme ante nadie y mucho menos hacer arrodillar a alguien.
Otros esbirros de Cristina escribieron y vociferaron que Fabio Quetglas es candidato a diputado de Cambiemos porque es columnista de Alfredo Leuco. Primero hay que corregir: fue columnista durante el año pasado. Y segundo hay que contestar con la verdad: Fabio se ganó ese lugar por su formación académica, su ética y su histórica militancia radical que comenzó por amor a Alfonsín. Es probable que su trabajo en radio Mitre lo haya hecho más conocido. Pero las listas están llenas de celebridades inútiles. Fabio es un tipo brillante y de una actitud solidaria infrecuente. Abogado de 52 años, es uno de los urbanistas que más sabe de desarrollo territorial en la Argentina. Por eso es el titular del post grado de la UBA y consultor de intendentes y gobernadores de diversos partidos. Viene de un hogar humilde y es humilde y querido por todos sus compañeros. Tiene un Master en Gestión de Ciudades en la Universidad de Barcelona y otro en la de Bologna. No fue elegido candidato por ser un periodista militante, como maliciosamente dijeron los periodistas militantes. Fabio es un hombre que revaloriza la política y despierta esperanza. Y jamás se quedaría al lado de alguien que lo insultara como un perro. Tienen dignidad y con eso me alcanza.

Origen: ¿Taiana o Quetglas? – 28 de junio 2017 | Le doy mi palabra

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