Las FARC, ¿Hacia la toma del poder político?

Pol Victoria

Permítanme hablar (o escribir) sin pelos en la lengua. El señor Juan Manuel Santos y sus cómplices le vendieron Colombia a los narcoterroristas marxistas de Timochenko y sus secuaces por un diminuto precio a pagar. Es una de las ventas más fraudulentas de la Historia.

Recapitulación de los hechos de la negociación mafiosa Santos-FARC

¿Qué quiero decir con “venta”? Que el gobierno: les entregó la impunidad absoluta, porque mediante el eufemismo de “justicia transicional” ningún terrorista, narcotraficante, extorsionador, secuestrador o asesino (mientras diga que es de las FARC) pagará un solo día de cárcel ni en Colombia ni en el extranjero, y tampoco tendrán que indemnizar a las víctimas ni reparar los daños a la sociedad que han causado durante décadas; les entregó las instituciones colombianas, porque les dan jurisdicciones electorales y puestos gratuitos en el Parlamento aunque obtengan cero votos; les entregó la consolidación de su imperio económico, porque se aprueba el lavado de activos y blanqueo de dinero sucio más grande de la historia, y por si fuera poco se permite que sigan cultivando cocaína con toda legalidad para su mayor riqueza; les entregó el patrimonio de los ciudadanos, porque vía legislación, impuestos y reforma fiscal el gobierno les da decenas de emisoras de radio, millones de hectáreas de tierras y miles de millones de pesos (extraídos a la fuerza a los ciudadanos de bien) para financiar sus “centros de pensamiento”, partidos comunistas y campañas políticas para la toma del poder.

¿Cuál fue el “precio a pagar”?, es decir, ¿qué recibía a cambio de la anterior venta el presidente Santos y la sociedad colombiana? Santos fue investido con su mayor ambición personal en la vida: el llamado “Premio Nobel de la Paz”, que además fue otorgado por Kaci Kullman Five, quien fue vicepresidente del consejo de Statoil, la mayor empresa petrolera noruega a la que el gobierno Santos concedió licencias para explotar los recursos colombianos (¿acaso una feliz coincidencia o una devolución del favor?). Y la sociedad colombiana recibía a cambio la dejación de las armas de estos criminales, y por tanto una gran disminución de la violencia.

Esa fue, en resumen, la venta-estafa de Colombia. Unos pagaban sólo el precio de dejar las armas (que ya veremos si es del todo real) y sin pagar precios de cárcel ni de reparaciones a las víctimas, y los otros a cambio les entregaban buena parte de los impuestos de Colombia, buena parte de las tierras cultivables de Colombia, buena parte de las instituciones políticas y jurídicas del país, y sobre todo la total impunidad para sus crímenes y para su mal obtenido patrimonio, o sea su completa legalización.

A todo esto se celebró un plebiscito donde se le preguntaba al pueblo colombiano si estaba de acuerdo con esa venta del país por ese precio. Y el pueblo dijo claramente “NO” en las urnas. Lo cual no significa que la gente no quisiera la paz, pero sí significa que la gente al menos no la quería a ese precio. Paz sí, pero a otro precio. Sin embargo la voz del pueblo no fue escuchada, a pesar de los discursos públicos donde se comprometía el Presidente con aceptar los resultados en las urnas, y la actitud dictatorial que demostró fue la de darle la espalda a la voluntad popular y traicionar la decisión de la gente de Colombia. O sea, en pocas palabras, Santos lo vendió todo, contra la voluntad de los dueños de ese todo (se supone que el pueblo es soberano), y por un precio irrisorio y humillante.

Lo que de veras le interesa a la ONU

Sin embargo lo que más me inquieta de la ONU es que, ante las dudas manifestadas por tantos colombianos de que las 7.000 armas que las FARC está en proceso de entregar es un número ridículo del que verdaderamente poseen, el Jefe de Misión de la ONU en Colombia, nadie más y nadie menos, el señor Jean Arnault, dijo hace unos días en un discurso público: “no dejemos que la contabilidad de las armas eclipse el significado profundo del cumplimiento del cese al fuego”. Pero, ¿no le dará vergüenza a este señor decir eso y no renunciar a su cargo? Lo que a Arnault le importa es el acto, el símbolo, la existencia de una cierta voluntad de abandono de la vía armada, pero al parecer le importa un completo pimiento el alcance del mismo. El número real de armas que se entreguen es irrelevante para él, y por tanto es irrelevante para Naciones Unidas cuántas armas se quedan escondidas o se quedan en manos de quienes optan por continuar la violencia. La ONU quiere colgarse la medallita en el pecho de que participó activamente en la supuesta paz de Colombia, pero le importa un bledo que dicha paz sea real y efectiva. ¿Al señor Arnault lo que le interesa es salir en la foto? Qué vergüenza.

Lo que de veras le interesa a Santos

Al señor que ilegítimamente gobierna Colombia siempre le ha interesado lo mismo: su gloria personal. Lo sabemos todos quienes lo conocemos en persona, y también muchos de quienes, sin haber tenido esa “suerte”, saben leer entre líneas su recorrido político. Su premio Nobel de la Paz fue siempre su sueño grande, pues en su egocentrismo Colombia se le quedaba pequeña y no le bastaba ser el primer mandatario de un país. Él tiene su propio “destino universal” y el Nobel de la Paz era el perfecto camino para ello, pues tras dejar sus 8 años de presidencia podrá recorrer el mundo dando conferencias millonarias y entrando en el club de los supuestos “líderes mundiales”. Ese era su objetivo, aunque para ello fuera necesario hacerle favores a Noruega para la consecución de tal premio y aunque para ello tuviera que traicionar y vender al pueblo colombiano que en los próximos años quedará en manos de los comunistas ex-Farc, por razones obvias que sin embargo resumiré en el siguiente apartado.

Y quiero también añadir que hace pocos días el presidente de Colombia dijo, en reacción a los recientes atentados terroristas en el centro comercial Andino de Bogotá, “este ataque no quedará impune”. Es curioso que el señor Santos esté tan preocupado con que ese ataque concreto no quede impune, como si tanto le importara reparar el daño causado de 3 muertos en esta ocasión, y en cambio los más de 30.000 asesinatos que han causado las FARC en los últimos años esos sí pueden quedar impunes, esas muertes no le importa que sean reparadas. ¿Esto es lo que le interesa a Santos, no dejar impunes unos delitos pero sí otros? ¿Perseguir a quien ha matado a 3 personas pero darles completa impunidad a quienes han asesinado más de 30.000? Qué vergüenza e incoherencia.

Lo que de veras le interesa a Timochenko

Por más obvios que sean los intereses de los máximos dirigentes de las FARC, prefiero fundamentarlos. Remitámonos a entrevista hecha al señor Timochenko el 4 de junio de 2014, de libre acceso para cualquiera en Youtube. Después de una larga disertación, termina diciendo literalmente: “el gobierno puede decirnos, ‘entréguenos las armas y desmovilícense’, ¿y qué respondemos nosotros?, ‘listo, y ustedes nos entregan el poder’, si así son las cosas… ¿ah, que no?, bueno, pues entonces…”

Traduzco para los extranjeros quienes no comprendan del todo el lenguaje colombiano y su forma de hablar: “el gobierno puede decirnos que les entreguemos las armas y renunciemos a la violencia armada, pero nosotros respondemos que eso dispuestos estaremos a hacerlo cuando el gobierno nos entregue el poder político, claro; oiga, ¿que no quieren entregarnos el poder político?, pues entonces qué esperan, seguiremos con la lucha violenta, así de sencillo, es o lo uno o lo otro”.

Estas no son palabras que dijera hace 20 o 30 años, con la mentalidad de otra época, no, son palabras pronunciadas y filmadas en plenas negociaciones de Santos con las FARC, pero no grabadas en la mesa de diálogo sino en entrevista aparte.

¿Qué quiere decir esto a todas luces? Que la única razón por la que hoy las FARC están entregando parte de su armamento es porque el Gobierno les ha cedido el poder político en bandeja de plata. Les reformó la Constitución y les creó tribunales especiales para darles garantía de impunidad, pues veremos que ningún criminal pague un solo día de cárcel. Les dio emisoras de radio, les facilitó crear su centro de pensamiento y su partido político, y hasta les regaló parlamentarios de las FARC en el Congreso de la República asegurados sin necesidad de votación ni democracia. Les otorgó lavado de activos y blanqueo de dinero para que puedan usar sus muchos miles de millones de dólares en comprar votos, y no contentos con eso encima les financia sus campañas políticas con los impuestos de los ciudadanos de bien. Solo le faltó a Santos emitir un decreto especial para sentarlos en el Palacio de Nariño y nombrar a Timochenko directamente próximo presidente de Colombia. Eso ya hubiera sido demasiado.

Pero con todas las facilidades dadas, con el dinero del Estado para financiar su movimiento político más la legalización de sus ahorros del narcotráfico, estos archi-multi-millonarios podrán hacer competencia desleal con todos los otros políticos y barrer con sus candidatos comunistas a los demás, ganando concejos y diputaciones, alcaldías y gobernaciones, y llegar al Parlamento y a la Presidencia de la República. Santos les entregó el poder político de Colombia, y esa es la única razón por la que están dejando sus armas (parte de ellas, porque la otra parte se la reservan como Plan B por si acaso les falla el camino político). Timochenko cumple con su palabra. Está dispuesto a desmovilizarse y entregar las armas porque a cambio le dan el poder político del país, y eso es lo que está pasando en Colombia y esos son los intereses de Timochenko. Qué vergüenza pero qué coherencia.

Origen: Las FARC, ¿Hacia la toma del poder político?

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