Remesas versus Revolución – Orlando Luis Pardo Lazo

Remesas versus Revolución

No te asustes, cubano. Pero sí: ya son más de 17 mil millones de dólares en los últimos cinco años.

$17,661,110,000: ese es el dinero con que tú y yo, con nuestras respectivas remesas a la Isla, mantenemos vivita y coleando a la dictadura cubana.

17,661,110,000: ese es el dinero con que tú y yo renovamos nuestro exilio a cadena perpetua y, de paso, garantizamos el exilio a cadena perpetua de nuestros hijos, nietos, y puede que algún bisnieto y tataranieto. $17,661,110,000: ese son los dólares de nuestra más indecente derrota planetaria, nuestra debacle antidemocrática insular, nuestro destino o tal vez desatino. Y, por supuesto, esos son los $17,661,110,000 dólares de nuestra tan idiosincrática idiotez.

En efecto, a estas alturas de la historia, cuando el castrismo parecía ya caer en su fase terminal, los cubanos libres nos hemos convertidos en su más fiel fuente de financiamiento. De suerte que los cubanos libres somos ahora los energúmenos económicos de una Isla esclava: siervos ciegos de una utopía tupida, ciudadanos rehenes con el Síndrome de Estocolmo (de Esto Es El Colmo), títeres del totalitarismo y obreritos obscenos que seguimos donando nuestros salarios al mismo socialismo que nos escupió.

¿Cómo así? ¿Te sientes ofendido? Ay, discúlpame, mi cielo, anda. Mira, mi vida, de corazón yo te pido perdón. No me hagas caso. Desde que se nos murió El Caballo, en noviembre del año pasado, la verdad es que estoy un poquito fuera de mis cabales. Y acaso un poquito encabronado sin causa. Pero la cifra igual me golpea en el cráneo. Una cifra que estoy seguro que ni tú ni yo sabemos leer. Inténtalo ahora, porfa: ¿sabrías pronunciar bien, como un buen escolar sencillo, la cifra astronómica de $17,661,110,000?

No lo creo. En esto seguimos siendo medio analfabetos. No es tan fácil decir “diecisiete mil seiscientos sesenta y un millones ciento diez mil” dólares. No es tan fácil poseer ese dinero. Y mucho menos fácil es mandarlo masivamente a Cuba, sólo en el período desde el 2011 al 2016.

¿No se dan cuenta? ¡Es que somos un pueblo muchísimo más rico que los judíos, coño! Con ese baro tan largo bien podríamos habernos comprado varias veces el territorio de Israel. Y hasta podríamos haber financiado un movimiento cubano-sionista para adquirir un pedazo de La Tierra (o incluso de La Luna) donde restablecernos como pueblo nómada, como diáspora desplazada, como judíos errantes desde 1959, lo más lejos posible del comunismo con que el clan Castro secuestró a nuestra nación original.

Yo sé que todo el mundo quiere que su familia en Cuba no se muera de hambre. Ni de calor. Ni de aburrimiento con la televisión estatal. Yo sé que hay que seguir mandando los diecisiete mil seiscientos sesenta y un millones ciento diez mil dólares en persona, con mulas Made In Miami, o por Western Union.

No te critico ni me critico. Sólo me pongo a pensar: pagamos y repagamos al puto país, pero no tenemos el menor derecho a quejarnos de no poder participar en la vida de ese mismo país, no tenemos derecho ni a llorar cuando la dictadura nos pisa los callos o nos trata como lo que somos, unos parias perfectos, perversos. No podemos ni votar en las elecciones en Cuba, donde sólo un partido político es legal. No podemos viajar sin miedo ni tampoco residir permanentemente en nuestro propio país (en los consulados y embajadas de Cuba los cubanos somos peor que la mierda). No podemos casarnos en Cuba con quien nos dé la realísima gana, del sexo que sea. No podemos poseer las propiedades que con nuestro dinero compramos desde el exterior. No podemos invertir ni un centavo asqueroso partido por la mitad. Ni siquiera nos atrevemos a entrar un librito más o menos polémico por la aduana del Aeropuerto José Martí. Y encima de todo, tenemos que sonreír y dar gracias por ser un pueblo  sometido a semejante apartheid.

Lo repito, mi amor: no te critico ni me critico. Goza y deja gozar, que la vida es corta. Pero no puedo evitar ponerme a pensar: los cubanos libres pagamos y repagamos al puto país, pero somos incapaces de comportarnos como cubanos libres en nuestro propio país.

No pongamos caritas de yo-no-fui. Tú sí fuiste, tú y yo sí fuimos. Porque esos $17,661,110,000 que desde 2011 le estamos regalando a la dictadura cubana, debieran tener una contraparte, debieran incluir el precio de exigir y ejercer nuestros derechos en tanto cubanos. Reclamamos mucho afuera de Cuba, pero dentro de Cuba somos sólo una camada de conejitos. Ponle un precio a esos $17,661,110,000. Forcemos a la tiranía a tratarnos como personas, como seres humanos, como ciudadanos cosmopolitas empoderados, como individuos dignos que van a Cuba a imponer un estatus de libertad y no a renunciar a lo que lejos de Cuba con tanto esfuerzo nos hemos ganado.

Hagamos que la dictadura de los ancianos militares pague un precio bien alto por esos $17,661,110,000 que hasta ahora le hemos estado donando gratis. ¡El que paga, manda!

Origen: Remesas versus Revolución – CiberCuba

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