Pablo Sirven -¿Congreso o guarida? – LA NACION

Poniendo o sacando una coma, Les Luthiers nos han hecho desternillar de risa, al cambiarle por completo el sentido a una frase. En torno a la funcionalidad de una coma dispuesta en el texto del artículo 66 de la Constitución Nacional discutieron el jueves los diputados si echaban o no del Congreso a Julio De Vido . No lograron ponerse de acuerdo y fueron mayoría los que lo quisieron apartar, aunque no alcanzó, porque les faltaron veinte votos para los dos tercios necesarios.

La maratónica sesión en la que una mayoría no suficiente de legisladores trató de eyectar del Congreso a Julio De Vido tuvo, como nunca, connotaciones mediáticas previsibles y sorprendentes.

Entre las primeras hay que consignar, una vez más, la vocación inversamente proporcional de la izquierda a la cantidad de votos que suele cosechar en las urnas, por hacerse notar mucho más allá de su escasa representación. Con su inesperada postura de avalar la continuidad como diputado del ministro más controvertido de Néstor y Cristina Kirchner, sus legisladores lograron ser invitados como nunca a los programas políticos. También, tras sus alegatos parlamentarios, estaban prestos a subirlos de inmediato a sus cuentas de Facebook.

Las posiciones enfrentadas en el recinto no impidieron, sin embargo, que las distintas cabezas de los bloques lograran ponerse de acuerdo para achicar la lista de oradores no sólo para evitar que los discursos se extendieran durante la madrugada, sino para que la crucial votación cayera en el horario nocturno en el que más gente estaba frente al televisor.

Pero también hubo varias situaciones curiosas e inesperadas, como que sólo se registró un único discurso que defendió la gestión del acusado: el del propio De Vido, que estuvo presente en la Cámara en ese momento y a la hora de la votación. Hizo bien en levantarse e irse en cuanto habló ya que a continuación tomó la palabra Elisa Carrió, que recordó que lo denunció por primera vez en octubre de 2003 porque a su juicio “empezaba la matriz de saqueo de la Nación”. Terminó pidiendo su exclusión por “infame traidor a la patria”.

En cambio, el que poco se movió de su banca, con una semisonrisa dibujada en su cara y bastante incomodidad, fue Máximo Kirchner, que no hizo uso de la palabra, en una estrategia común con su madre que respetan a rajatabla: no contaminar a Unión Ciudadana de tan feos recuerdos.

El resto de los compañeros de De Vido, y sus aliados de ocasión, apenas se refirieron a cuestiones reglamentarias para fundamentar por qué no votarían su apartamiento, pero en vez de examinar su conducta, desviaron sus dardos hacia el Gobierno. Tal persistente negación de algo tan evidente debía, tarde o temprano, conseguir una vía de escape por medio de un involuntario fallido. Eso ocurrió precisamente durante la alocución del jefe de la bancada del Frente para la Victoria. “Vamos a estar todos juntos para defender la impunidad”, lanzó Héctor Recalde, un colosal lapsus linguae que no hizo más que anticipar lo que finalmente hicieron al votar corporativamente en defensa del cuestionado legislador, un video que quedará dando vueltas para la posteridad por el calibre monumental de tal blooper político.

La revelación de un mail interno del massismo por parte de la efusiva diputada oficialista Silvia Lospennato trajo malestar en ese bloque opositor y una moción de privilegio de la inefable Sandra Mendoza, que le dijo que no era “tan linda como Luisana” (Lopilato).

Aunque el oficialismo sabía de antemano que era muy difícil conseguir los dos tercios de votos necesarios para desplazar al poderoso ex superministro, quiso seguir adelante para que frente a la opinión pública quedase en claro quién vota a favor de proteger inconductas tan manifiestas y quiénes no. Lejos de amilanarse por el resultado, pocas horas después de la sesión, el presidente Macri anticipó que insistirían con el pedido de remoción del diputado De Vido tras las elecciones de octubre. En el Gobierno consideran que es un caso parecido al de la Corte menemista de la mayoría automática, a la que no se pudo remover inicialmente, sino que requirió de una persistencia en el intento.

Mientras la Justicia sigue dando vueltas con los procesos judiciales contra De Vido, que se dilatan con avances y retrocesos, el oficialismo legislativo propone un ejercicio de depuración moral, no judicial, de sus filas. Hay allí también un par de mensajes por elevación: uno a la sociedad, reclamándole más firmemente el voto para poder la próxima vez arrimarse con mayor facilidad a los dos tercios requeridos, y el otro, a los ex presidentes de la Nación, hoy candidatos al Senado -uno ya condenado, Carlos Menem, y la otra, Cristina Kirchner, multiprocesada en gravísimas causas-, que de ser elegidos, de todas formas podrían ver complicados sus ingresos a la Cámara alta. Es que Cambiemos llegó al poder con el mandato popular de combatir la corrupción y una de sus tareas es que el Congreso pueda seguir llevando con orgullo la calificación de “honorable” y no que sus cámaras sean guaridas o aguantaderos de personajes que tienen tantos y tan graves problemas pendientes con la ley.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter:@psirven

Origen: ¿Congreso o guarida? – 30.07.2017 – LA NACION

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