El ejército afgano prostituye a menores mientras la OTAN y Estados Unidos hacen la vista gorda 

Un soldado norteamericano junto a la policía y la milicia afgana en el puesto de combate cerca de Barbal, donde un comandante tenía a dos niños esclavos. AMADOR GUALLAR/ HANS LUCAS

Consideran la práctica de los Bacha Bazi, o niños bailarines, como “parte de la cultura en Afganistán”

La guerra es un asunto deleznable, pero cuando la juntas con el abuso institucionalizado de menores, esa palabra se queda corta. Más aún cuando tus aliados, los Estados Unidos y la OTAN, saben que eso sucede e instruyen a sus tropas para que no hablen de ello y, si lo hacen, se exponen al ostracismo profesional para que abandonen sus carreras militares. En Afganistán, esa situación se llama bacha bazi, o niños bailarines -un eufemismo para decir niños esclavos prostitutos- al servicio del ejército y la policía afganos.

“Existen cientos de puestos de la policía y de las milicias financiadas con el dinero del contribuyente estadounidense que se dedican a secuestrar a niños y niñas para luego utilizarlos como esclavos sexuales”, escribe Anuj Chopra, el periodista de AFP que en 2016 dio testimonio a varios ex niños esclavos que confirmaron, una vez más, el secreto a voces sobre la utilización por parte de las tropas de Kabul de bacha bazi, muchas veces jactándose de ello ante las tropas internacionales, cuya respuesta a esa actividad es darle la espalda y no intervenir para salvar a las víctimas.

“Son unos cerdos, unos animales… pero no hagas ninguna foto, no queremos molestar al comandante del puesto de combate”. Esas son las palabras que el teniente de la Guardia Nacional de Pennsylvania del ejército norteamericano, Brian Kinkade, me dijo en 2008 durante la visita a un puesto de combate de las fuerzas de seguridad afganas cerca de Barbal, a unos 30 kilómetros de la base del Equipo de Reconstrucción Provincial en Sharana, a las afueras de la capital de la provincia de Paktika, al sureste de Afganistán.

El puesto avanzado de combate consistía en tres edificios rodeados por kilómetros de nada, de desierto hostil, con claros signos de haber padecido duros combates, sobre una pequeña colina justo encima de la única carretera que lleva a la capital provincial. Al entrar para comer con los soldados afganos, en una habitación contigua a la oficina del comandante, sentados en el suelo, observamos a dos niños ataviados con vestidos femeninos, pintados con una intensa sombra de ojos negra y claramente aterrorizados. Bacha bazi.

Kinkade, como muchos otros soldados y oficiales de la coalición antes y después que él, se escudó detrás del cumplimiento de sus órdenes para no actuar ante ese tipo de crímenes llevados a cabo por sus aliados afganos. La doctrina del ejército de Estados Unidos y la OTAN sigue siendo la misma que la definida, en 2015, por el coronel Brian Tribus, el entonces portavoz de la comandancia norteamericana en el país: “las alegaciones sobre el abuso de menores por parte del ejército afgano o sus aliados son un asunto que debe ser perseguido por la ley criminal doméstica, por lo que el personal militar no está obligado a reportarla”, según informó The New York Times.

De esta manera, según reflexiona Anuj Chopra, ¿qué pasará cuando el nuevo y aumentado contingente de Estados Unidos llegue a Afganistán? O con los 3.000 soldados con los que la OTAN ha anunciado que incrementará la misión de Resolute Support -que hoy en día cuenta con unos 13.000 hombres- para que continúe “entrenando y asistiendo a las fuerzas de seguridad afganas para que estas derroten a los talibán”, según la OTAN. ¿Seguirán quitándole importancia o pasándolo por alto las violaciones de menores?, se pregunta Chopra.

Los gritos del silencio del capitán Quinn

Teniendo en cuenta que los soldados de Estados Unidos que han denunciado crímenes de este tipo lo han pagado con sus carreras, seguramente las nuevas tropas seguirán dándole la espalda al problema. Como el caso del boina verde -las fuerzas especiales de Estados Unidos- , Dan Quinn, que estando destinado en Kunduz, al norte del país, denunció a sus mandos, en repetidas ocasiones, haber presenciado las violaciones y “los gritos de los niños cada noche”, según declaró a The New York Times, pero éstos le indicaron que “esa actividad es parte de la cultura afgana”. Que lo dejara estar.

Pero el remordimiento pudo más y el capitán de los boinas verdes acabó pegándole una paliza a un comandante de la policía local afgana “que tenía a un niño encadenado en la cama para servirle como esclavo sexual”. Tras el incidente fue inmediatamente devuelto a Estados Unidos donde, poco después, abandonó el ejército y denunció los hechos a los medios de comunicación. Quinn no está sólo, son muchos los soldados que han hablado desde entonces, pero la doctrina al respecto de la coalición internacional en Afganistán no ha cambiado.

Por otro lado, el uso de bacha bazi está tan institucionalizado en provincias como Helmand y Uruzgan que, tal y como informó EL MUNDO en junio de 2016, los talibán los están utilizando para infiltrarse en las comisarías, en los puestos de control y de combate, para asesinar a los policías y robar su equipo, o ayudar a los yihadistas a realizar ataques de precisión. Hoy por hoy, este hecho es el único que quizás acabe con la práctica del abuso de menores entre las tropas de Kabul ya que, si ésta afecta a la seguridad del país, entonces también será un peligro para la OTAN y las tropas norteamericanas.

Desde que los talibán fueron depuestos en 2001, los cuales aplicaban la pena de muerte para todos los hombres acusados de bacha baz -pedófilo en Dari-, muchas ONG, la ONU y organizaciones de la sociedad civil afgana han acusado al Gobierno afgano de permitir esa práctica entre sus tropas. La respuesta de las Administraciones del presidente afgano, Ashraf Ghani, y su antecesor, Hamid Karzai, ha sido aprobar una serie de leyes con duras penas para los bacha baz. El problema es que, en la práctica, apenas se persigue y cuando se hace el perpetrador pronto queda en libertad.

“La ambigüedad legal en el Código Penal afgano permite que los perpetradores escapen y no sean condenados”, explica un informe de la Comisión Independiente por los Derechos Humanos de Afganistán (AIHRC, por sus siglas en inglés), que lleva años denunciando que el gobierno de Kabul no está haciendo nada para acabar con una practica ancestral en la que “los menores violados durante años quedan traumatizados de por vida”, añade el mismo informe.

Origen: El ejército afgano prostituye a menores mientras la OTAN y Estados Unidos hacen la vista gorda | Internacional Home Tags | EL MUNDO

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s