Torturas. Desapariciones. Amenazas. El día a día de un disidente en China

Al Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, le liberaron cuando el cáncer de hígado estaba a punto de acabar con él. Hablamos con otras víctimas del Partido Comunista de China que describen torturas, desapariciones forzadas y la impasibilidad de las autoridades ante enfermos terminales

prision china

La administración de Xi Jinping no lo reconoce. Pero la prematura muerte del que fue su preso político más famoso en el mundo, Liu Xiaobo, es su responsabilidad. Así lo han denunciado en las tres últimas semanas organizaciones humanitarias y allegados del único chino galardonado con el Premio Nobel de la Paz, que fue liberado el 26 de junio cuando un cáncer de hígado estaba a punto de arrancarle la vida. El cofundador de la organización Humanitarian China y amigo del activista fallecido, Fengsuo Zhou, es uno de ellos.

“El régimen comunista suele mantener con vida a los disidentes encarcelados, pero no actuará en su beneficio ante una enfermedad. No hay duda de que fuera hubiese tenido más probabilidades de sobrevivir”, lamenta a PlayGround el activista que participó junto a Liu en las históricas protestas de Tiananmen en 1989.

I.

Para Fengsou hay tres premisas que dejan al descubierto la responsabilidad del gobierno chino. Liu no tuvo acceso a las revisiones médicas a las que dicen que acudió regularmente durante los nueve años de su encarcelamiento. Su estado de salud no era un impedimento para viajar al extranjero en busca de tratamiento. Y nadie tuvo la oportunidad de examinar su cuerpo antes de ser incinerado. De este modo, Liu se llevó a la tumba “las torturas que pudo haber sufrido y las circunstancias en las que había enfermado”.

                                                                                                                                                                     Getty Images

La esposa de Liu, la artista Liu Xia, pasó los últimos siete años bajo arresto domiciliario. Al fallecer su marido reclamó que la dejaran salir del país. Pero desde entonces ha sufrido el ostracismo con más intensidad que nunca, y ahora se encuentra en paradero desconocido. Aunque de acuerdo con el centro de Información sobre Derechos Humanos y Democracia de Hong Kong, el Gobierno la ha enviado “de viaje” a la provincia de Yunnan, lejos de su tierra natal.

¿La razón? “Es la única que le vio mientras estaba hospitalizado, por lo que también es la única que podría probar que el Partido Comunista es responsable de su muerte”, sostiene Fengsuo.

El caso del fallecido Premio Nobel de la Paz comparte similitudes con el de la activista Cao Shunli. En 2013 reclamó a las autoridades que los ciudadanos participaran en una revisión nacional de los derechos humanos. Aquel valiente gesto la llevó a pasar sus días en un centro de detención de Pekín en el que contrajo tuberculosis y una enfermedad hepática, según denunció un grupo de Derechos Humanos en China con sede en Nueva York.

Al negarle tratamiento médico entre rejas su salud terminó deteriorándose. A los seis meses, murió en el hospital antes de que su hermano, Cao Yunli, llegara para despedirse de ella.

“Liu Xia es la única que podría probar que el gobierno chino es el culpable de la muerte de Liu”

II.

Como se ha documentado en múltiples ocasiones, la brutalidad a los disidentes vive arraigada en las entrañas del régimen comunista. La historia del letrado Xie Yang, detenido en la ciudad de Hongjiang el 11 de julio de 2015, es otro flagrante ejemplo de ello. Perdió su libertad durante La campaña 709una represión sin precedentes en el país contra unos 300 abogados de derechos humanos, activistas y asistentes legales que fueron arrestados, interrogados y amenazados por la policía.

Después de más de dos años, solo las autoridades saben dónde está Xie. “Los servicios secretos lo retienen en algún punto de China. Pero no sé dónde. Tengo miedo de que le pase algo. No quieren liberarle porque temen que explique lo qué le hicieron en prisión”, asegura a PlayGround su esposa, Chen Guiqiu.

Las constantes de sus 22 meses de encarcelamiento fueron torturas y amenazas sistemáticas que solo respondían a un objetivo: que se declarara culpable de subversión. Chen describe que fue víctima de un número incontable de palizas, que estuvo privado de sueño, de beber agua, de papel higiénico y de pasta de dientes y que vivió completamente aislado después de que los guardias prohibieran al resto de presos hablar con él. En caso contrario, también sufrirían la crueldad que se escondía entre sus uniformes.

                                                                                                                                                                     Getty Images

Al percatarse de que la violencia no le arrancaba ni una palabra que le inculpara, fueron a por Chen. Ahora recuerda que a base de persecuciones, acosos y amenazas, como “si no colaboras perderás tu trabajo y tu vida”, la presionaron para que convenciera a su marido de que debía confesar. No lo consiguieron. “A sus ojos somos hormigas. Son capaces de cualquier cosa, de quitártelo todo…”, lamenta.

Sin embargo, con los meses la presión de las autoridades se avivó y no le quedó otra opción que huir a EEUU antes de que le arrebataran el atisbo de tenacidad que le quedaba. Al poco tiempo acabaron con la de su marido.

En enero The Guardian publicó una conversación en la que Xie relataba a sus abogados los maltratos vividos. Pero en el juicio, que se celebró repentinamente en mayo, los desmintió. “Si no hubiese rectificado, hubiese sufrido más torturas. Tenía miedo. Solo quería salvar su vida”, explica Chen.

“A sus ojos somos hormigas. Son capaces de cualquier cosa, de quitártelo todo…”

Hoy espera sin saber cuándo ni dónde se reunirá con él. Una condena que también irrumpió en la vida de Li Wenzu, la esposa  del único detenido en La campaña 709 de quien nadie supo nada durante más de dos años: Wang Quanzhang “No sé si está vivo o muerto. No me ha llegado ninguna información, simplemente ha desaparecido de la faz de la tierra. Es aterrador…”, denunció en mayo a la BBC.

La semana pasada, una letrado llamado Chen Youxi se convirtió en la primera persona en dar señales de su existencia durante este lapso al anunciar que había estado con él en una prisión de Tianjin. Mientras la mayoría de los arrestados en la purga fueron liberados, Wang es uno de los cinco que aún permanecen bajo custodia a la espera de juicio.

III.

Las persecuciones a opositores están ancladas en el gigante asiático desde que pasó a regirse bajo el control del Partido Comunista de China en 1949, según recuerda a PlayGround la organización China Human Rights Lawyers Concern Group (CHRLCG), con sede en Hong Kong. A causa de la censura de la administración de Xi se desconocen las cifras de todos los que actualmente permanecen entre rejas. Pero una base de datos del Congreso de EEUU estima que son más de 1.400.

                                                                                                                                                                     Getty Images

CHRLCG denuncia en un informe que las torturas han aumentado en las últimas décadas. Muchas de ellas se han materializado en electroshocks, en quemaduras a base de cigarros, en abusos sexuales y en un incontable número de prácticas que solo pretenden acallar la voz de cualquiera con agallas para desafiar al orden establecido, de acuerdo con el mismo documento.

La campaña 709 evidenció una creciente fiebre de intolerancia a la disidencia. Y la muerte de Liu es la evocación de que la crueldad no se erradicará del país hasta que deje de regirse por un único partido.

Origen: Torturas. Desapariciones. Amenazas. El día a día de un disidente en China

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